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Ramiro Prudencio: Charaña fue la más importante negociación con Chile

Ramiro Prudencio Lizón fue funcionario de la Cancillería por más de 30 años; fue testigo de primera mano, como Secretario de la Embajada de Bolivia en Chile, cuando se realizó la Negociación de Charaña, entre 1975  y 1978.

Ramiro Prudencio.

Ramiro Prudencio. Foto: Ignacio Prudencio.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:02 / 05 de abril de 2015

En febrero se cumplieron 40 años del “Abrazo de Charaña” (8 de febrero de 1975), entre los presidentes de facto de entonces, Hugo Banzer de Bolivia y Augusto Pinochet de Chile. Con ese encuentro empezó la denominada “Negociación de Charaña”, que duró casi tres años, hasta 1978. El diplomático e historiador Ramiro Prudencio Lizón por entonces fue Primer Secretario en la Embajada de Bolivia en Chile y como tal siguió de cerca el tema; de hecho en 2011, Plural publicó su Historia de la negociación de Charaña. Escribí esta historia —dice Prudencio Lizón allí— “no solo para recordar una notable gestión efectuada para reintegrarnos al océano Pacífico, sino porque ella se constituye en una prueba fundamental de que con una negociación directa, seria, franca y leal, Bolivia puede alcanzar el mar con plena soberanía”.

— ¿Por qué dice que la negociación de Charaña fue la más importante del siglo XX?

— Porque las anteriores, como la del año 20, se frustraron muy rápidamente. En 1920, vino acá como ministro plenipotenciario Emilio Bello Codecido, y el 10 de febrero suscribió un acta, que pudo haber sido un tratado; Bolivia no quiso, no se quería molestar al Perú. El problema era de Tacna y Arica. Chile quería que Tacna y Arica fuesen divididas en tres, Perú no quería, quería de uno solo para sí; tenía derechos jurídicos, pero el territorio estaba en manos de Chile ya por 40 años. Chile proponía: Tacna para Perú, Arica para Chile y un corredor de unos 30 kilómetros de ancho para Bolivia.

— O sea, el corredor que se trató en Charaña en 1975 ya era una opción desde mucho antes…

— Los chilenos ya tenían esa idea, pero esa época el corredor iba a ser de 30 kilómetros, no de 8 en la costa como se propuso el 75. Con todo, se firmó esa acta reservada, pero pocos meses después vino la revolución del partido republicano en Bolivia, y éste rechazó de plano esa acta, porque tenía una relación muy estrecha con Perú. Luego, la nueva negociación fue la del 50, cuando el embajador Alberto Ostria Gutiérrez llegó a convencer a Chile que reconozca que existe un problema entre ambos países y que hay que solucionar. Y la nota de Ignacio Walker, el canciller chileno de entonces, lo dice: ‘efectivamente toda la tradición chilena, los cancilleres, han reconocido la existencia del problema y por eso Chile está dispuesto a tratarlo’. No se dice dónde va a ser la zona (de cesión territorial a Bolivia), pero se dice, ‘sin compensaciones territoriales’; es lo que Ostria más insistió; lo que a mi juicio fue un error...

— ¿Pero se seguía con la idea del corredor?

— Luego vino el gobierno de (Salvador) Allende, que continúa esa política. Bolivia manda a un nuevo  cónsul general para negociar con el gobierno de Allende. Y su gobierno se abrió completamente; se decidió lo mismo, un corredor al norte de Arica. La cuestión de la compensación se la pospuso para después. Se habló de 10 kilómetros de ancho en la costa, hasta que vino el golpe de Banzer acá y parecía que todo se había enfriado, lo que no es cierto.

— Pero la relación ahora iba a ser entre dos regímenes de facto.

— Vino el gobierno de Pinochet y parecía que iba a ser más fría la cosa, pero había una relación, se podría decir, militar; y precisamente fue el gobierno de Brasil (presidido por el también militar Ernesto Geisel) el que reunió a Banzer y Pinochet en Brasilia. Pinochet estaba dispuesto a solucionar el problema marítimo, tuvo ese compromiso, y a raíz de esto es que hubo la reunión en Charaña.

— Después del abrazo, ¿cómo evolucionó la negociación?

— ¿Qué cosa se iba a negociar? Entonces, Chile dijo, ‘qué es lo que ustedes quieren; ustedes propongan’, y así fue Bolivia la que propuso, en un memorándum del 26 de agosto: un corredor al norte de Arica, pero también un enclave al sur del territorio de Tacna y Arica, para que Perú no pudiera intervenir (fuera del territorio que antes fue suyo); que nos entreguen el tren Arica-La Paz y autonomía (boliviana) en el puerto de Arica. El 19 de diciembre del 75 Chile contestó: aceptaba el corredor al norte de Arica, además que lo delimitaba, 8 kilómetros en la Costa, en la parte alta era mucho más ancha; segundo, el ferrocarril Arica-La Paz (que pasaría a ser potestad de Bolivia); tercero, el aeropuerto de Chacalluca, que quedaba dentro del corredor; pero no aceptaba el enclave.

— Pero no planteaba el canje…

— Ahí vino el problema. Chile quería demostrar a su pueblo que estaba haciendo una gran negociación, que iba a sacar buena ventaja; pidió una compensación territorial, pero no solamente por el corredor, sino por el mar territorial del corredor, que se consideraba 200 millas, aunque Chile no reconocía esto, decía que tiene 12 millas de mar territorial, y el resto es zona económica exclusiva. El gran problema fue eso. Al día siguiente, en la prensa boliviana salió un mapa que decía: ‘Bolivia va a recibir este corredor y va a tener que entregar este territorio’; molestó mucho.

— ¿Cómo reaccionó Bolivia?

— Lo primero que hizo nuestro embajador fue negociar eso (la pretendida compensación territorial) ; ‘esto va a crear problemas muy serios’, decía. Además, (la propuesta chilena) tenía otras dos condiciones: que se desmilitarice el corredor y el uso total de las aguas del río Lauca (que Chile había desviado en 1962). Rápidamente nuestro embajador arregló: en vez de desmilitarizar, el día en que Bolivia reciba el corredor, iba a indicar que es un país pacífico y que no tiene la intención de tener grandes tropas en la zona; en cuanto al mar territorial se decidió que sea el derecho internacional el que decida, o sea, la Convención del Mar, 12 o 3 millas. Eso duró varios meses, hasta que el propio canciller chileno comprendió que esto de 12 o 3 millas creaba grandes problemas en Bolivia; hasta que, en una declaración pública dijo que Chile no va a pedir nada de mar territorial.

— ¿Y la situación en Bolivia sobre el canje territorial?

— El presidente Banzer en un principio aceptó el canje, pero después empezó a averiguar en los cuarteles, en la opinión pública, en sus oficiales y militares, y vio que nadie en Bolivia quería una compensación territorial, porque todo el mundo se basaba en la nota del año 50, cuando Chile se había comprometido a solucionar el problema sin pedir una compensación territorial.

— ¿Cuánto ayudó o perjudicó que hayan sido dos militares?

— El momento era el adecuado; eran dos gobiernos de militares dispuestos a negociar. Menospreciaban a los civiles, ‘éstos no han hecho nada’, decían; era más rápido porque no había ni siquiera parlamentos; la idea era dejar todo ‘cocinado’, para cuando haya parlamento, y no que haya parlamentarios que desde un principio ataquen lo hecho.

— Pero luego se fueron debilitando, el 78 Banzer dejó el poder.

— Aquí sí, allá no, allí el gobierno fue aumentando su poder. Banzer se fue debilitando, rompió con el MNR, con Mario Gutiérrez de Falange; ambos se fueron y se quedó con un grupo de empresarios y oficiales. Como vio que era débil, y vio que había una gran oposición en la prensa contra la compensación, fue reculando. Bolivia quería convencer a Pinochet que deje de lado el tema de la compensación. Otro punto más: después de un año de que Chile entregó la propuesta a Bolivia, vino la propuesta de Perú; porque Chile consultó a Perú: ‘estamos negociando con Bolivia, y es necesario que ustedes opinen sobre el asunto’. Y ¿qué dijo el Perú?; indicó: ‘aceptamos que exista ese corredor, pero en la zona donde la carretera entre Tacna y Arica lo cruza, se determine que desde ahí hasta la costa sea una zona trinacional; quería que el puerto de Arica se internacionalice, pero sí aceptaba que Bolivia tenga puerto y que el mar territorial sea boliviano. Esto era complicar enormemente las cosas, Chile rechazó esa posición. El 77, los tres presidentes de entonces (Banzer, Pinochet y Francisco Morales Bermúdez) fueron a Washington por el asunto de la entrega del Canal de Panamá. Ahí Banzer propuso a Pinochet y Morales Bermúdez, que cada presidente nombre un representante personal y que se junten y estudien el problema y levanten esta situación. Los tres aceptaron; tres semanas después se juntaron los cancilleres y emitieron un comunicado conjunto: ‘vamos a elegir representantes especiales que van a buscar la solución del problema’. Chile y Perú nombraron; pero Bolivia no y rompió relaciones.

— ¿Cuál fue el argumento boliviano para romper relaciones?

— Que el asunto del canje territorial se iba a mantener, y que eso Bolivia no podía aceptarlo.

— Hubo críticas también a la negociación. Una de ellas fue la de Wálter Guevara, que decía que todo había sido para relanzar el gobierno de Banzer.

— Wálter Guevara estaba muy molesto con Banzer. Lo había nombrado embajador, luego lo había sacado; y escribió un libro, Radiografía de una negociación y de mala fe, porque ahí cita el Acta de Charaña; y dice que ‘aquí el punto principal es que se restablecen relaciones, pero no pone el argumento fundamental: por qué se restablecen, porque Chile se compromete a negociar... Ataca, pero al final del libro dice que se debe mantener la negociación.

— Otra crítica fue la de Marcelo Quiroga Santa Cruz (en su libro Hablemos de los que mueren, Plural 2012); decía, por ejemplo, que el lugar del corredor en la costa era inútil, una “zona carente de interés económico”, sin puerto y, además, con Arica tan cerca igual  se usará este último puerto.

— Hay que ver cómo es el asunto del puerto. Evidentemente, años atrás, los puertos tenían que ser naturales, estar ya las condiciones; pero ahora es diferente. Ahora bien, estoy de acuerdo que habiendo un puerto al lado podría haber competencia. Pero no. Lo que pasa es que si hay dos puertos se convierte en un megapuerto, administrado por una misma entidad, porque cada vez la carga de Bolivia es más grande, se va especificando qué carga pasaría por acá y qué por allá, clasificando los almacenes y todo, como son los puertos grandes; nosotros siempre pensamos con la mentalidad de un puerto pequeño, no; ya sería un megapuerto, como Chile quería construir en Mejillones; acá los dos puertos se unirían.

— Quiroga también observa esto de la zona desmilitarizada.

— Bastaba esa declaración de Bolivia de que no es un país agresivo, pacífico y que nunca va a tener tropas importantes en la zona.

— Se refería a que iba a ser una zona donde en los hechos no se iba a ejercer soberanía plena, donde se “anula toda capacidad defensiva boliviana”…

— Fuerza armada iba a haber, pero para qué se necesitarían muchas tropas; además Chile comprendió que esa exigencia era nomás una exageración.

— Ahora, Quiroga afirma que Chile iba a demandar territorio con riqueza minera (“frente a la zona chilena Iquique-Pisagua, en lo que constituye la cabecera de los grandes salares —Coipasa—, zona de excepcional riqueza minera”), todo a cambio de una zona poco útil económicamente.

— Bolivia es la que iba a determinar. Ahora lo que pasa es que el país no sabe cómo es su territorio; no conocemos si tiene o no tiene y Chile sí sabe cuál es la riqueza boliviana en la frontera.

— Se hablaba cerca de los salares.

— Algo de eso había. Pero creo que lo que más hubiera insistido, y lo dijo (el canciller de Chile, Patricio) Carvajal: era el Silala, quería por la zona del Silala; decía: ‘esa zona nosotros la utilizamos y ustedes no’.

Datos

Nombre: Ramiro Prudencio Lizón

Profesión: Diplomático e historiador

Cargo: Fue Asesor General de la Cancillería y Director de la Academia Diplomática Boliviana

Perfil

Prudencio Lizón fue catedrático de Historia de la Cultura, Historia Económica de Bolivia e Historia Diplomática de Bolivia en la UMSA; profesor de Relaciones Públicas y de Políticas de Desarrollo en el Colegio Militar de Ejército, entre otras cátedras.

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