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Ramón Torres: Radicalizar las revoluciones, pero en democracia

Ramón Torres Galarza, embajador itinerante de Ecuador para Temas Estratégicos, explica los procesos progresistas de Latinoamérica y la existencia del programa de investigación académica ‘Las Revoluciones en Democracia, las Democracias en Revolución’.

Ramón Torres.

Ramón Torres. Foto: Alejandra Rocabado.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:03 / 07 de junio de 2015

El embajador itinerante de Ecuador para Temas Estratégicos, Ramón Torres, hace una lectura de los procesos progresistas latinoamericanos y explica el programa de investigación “Revoluciones en Democracia, Democracias en Revolución” que se articula en Bolivia, Ecuador, Argentina, Venezuela, Brasil y Uruguay.

— ¿Puede explicar la naturaleza de su cargo?

— Cuando concluí mis funciones como Embajador del Ecuador en Venezuela, el presidente Rafael Correa tuvo el interés de designarme Embajador Itinerante del Ecuador para temas Estratégicos. Es la primera vez que el servicio exterior ecuatoriano crea esta función. Está pensada para que en temas estratégicos la embajada itinerante cumpla misiones de solidaridad, paz, hermandad y cultura entre los pueblos. Dentro de esas funciones nos interesa el tema de lograr caracterizar las tendencias, analizar los procesos latinoamericanos, ver cuáles son los elementos de identidad común, cuáles los logros que nuestros procesos democráticos están alcanzando.

— ¿El programa “Revoluciones en Democracias y Democracias en Revolución” es parte de ello?

— Ahí propuse la creación de un programa regional latinoamericano sobre docencia e investigación que este momento se ejecuta en Ecuador, Bolivia, Venezuela, Argentina, Brasil y Uruguay. En esos países hemos involucrado una red de universidades y centros de investigación. En el programa están los organismos regionales de investigación de docencia más importantes de América Latina como el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y otros. Nos hemos autoconvocado y coincidido en la necesidad de desarrollar investigaciones que den cuenta de los logros que nuestros gobiernos progresistas y revolucionarios en América Latina están desarrollando. Este objetivo de investigación y de docencia tiene como propósito fundamental pensar con cabeza propia nuestros procesos, enfrentar matrices ideológicas, políticas, académicas y culturales que se levantan para desconocer, denigrar y acusar a nuestros procesos.

— ¿Puede explicar el concepto que da nombre al programa?

— Nos interesa poner en convergencia, ya no en dualidad negativa la democracia con la revolución. Por eso, la hipótesis de este programa es que nuestros procesos son democracias en revolución, son revoluciones en democracia, porque obviamente las transformaciones económicas políticas sociales, culturales, multiculturales que se dan en América Latina tienen que ver con procesos de transformación revolucionarios que juegan en el marco de las democracias. Todos provenimos del hecho electoral, es decir que dependemos de la voluntad electoral de nuestros mandantes, que a través del hecho constitucional o a través del hecho electoral establecen un mandato que ha sido acogido por los liderazgos democráticos latinoamericanos en relación con una transformación profunda de la democracia, con una resignificación de la democracia, de esa vieja democracia de las élites que representaba solo las formas, no los contenidos, que era excluyente. En ese sentido, estamos reinventando la democracia desde hechos revolucionarios democráticos. Pero a su vez, esta vieja democracia debe reconocer la capacidad histórica que las revoluciones contemporáneas tienen para definir la posibilidad de existir y resignificar para ampliar la cantidad y calidad de la democracia, para generar factores de inclusión económica, política. Somos procesos revolucionarios, de revolución en democracia, porque coexistimos en disputa con otras ideologías, otros sectores, otros sujetos.

— Hay críticas desde la izquierda. El Programa habla de una “sociedad con mercado y no de mercado”. ¿Cómo no enredarse y no entrar en contradicción? ¿Hasta dónde se debe coexistir con el mercado?

— América Latina está caracterizada por una diversidad que constituye su origen. De su diversidad geológica y biodiversidad surge la diversidad cultural. Surge una civilización que concibe las formas de relación entre los seres humanos y la naturaleza de un modo distinto. Mas sucede que en la conquista se nos impone una forma ajena de organización del Estado que niega esa diversidad. Se nos impuso un modo de vida no propio, sino ajeno. Eso nos hace ver cómo hoy estos procesos tienen que coexistir en disputa con esa diversidad, con formas de pensamientos e intereses distintos. Pero si somos revolucionarios contemporáneos debemos siempre crear nuevas hegemonías, debemos constituir hegemonías plurales que representen el interés de todos, inclusive de esa alteridad, porque somos gobiernos democráticos. En ese sentido nuestros gobiernos contemporáneamente ya no representan solamente a las izquierdas, sino a la totalidad, a la pluralidad. Pero para eso necesitamos gobernar esa diversidad, es decir, encontrar la causa común. Para ello requerimos una capacidad de gestión de lo público. Un gobierno no puede representar solo un interés. Evidentemente, la conducción revolucionaria requiere una correlación de fuerzas y una organización política y social que vaya radicalizando esos procesos; pero si lo hacemos en democracia, necesariamente tenemos que equilibrar, confrontar, negociar, dialogar, que son las palabras fundamentales de estos liderazgos de las democracias en revolución.

— ¿Incluso en coexistencia con el capital?

— Creo que coexistimos en disputa con el capital y el capitalismo. Estamos generando alternativas distintas al capitalismo, estamos generando factores de producción de distribución de consumo distintos al capitalismo. La utopía posible, la necesaria, la fundamental de la humanidad, sin duda es el socialismo, pero esa utopía posible requiere ciclos, procesos, momentos en la historia, decantación de condiciones objetivas y subjetivas que no pueden ser pensadas solamente desde el Estado.

El Estado tiene un rol de transformación profunda en nuestros gobiernos, pero su correlato son nuestros pueblos, que son quienes hacen las revoluciones y las democracias. Entonces, el gran reto, los grandes avances son la construcción de un sujeto nuevo en la historia que torne irreversibles estos procesos.

— Los gobiernos progresistas ya tienen varios lustros gobernando...

— Si juzgamos con memoria corta, tenemos apenas 10, 15 años; si juzgamos desde la historia larga, es la primera vez que estamos generando cambios tan profundos. Sin duda, estas experiencias decantarán históricamente en los próximos 50 años, por eso son experiencias en transición. No podemos afirmar que vivimos el socialismo, no debemos afirmar que vivimos el socialismo, lo que sí organizamos son procesos de transición que necesitarán de factores objetivos y subjetivos para generar la correlación de fuerzas que haga la diferencia: es decir, la transformación del Estado y del poder en América Latina. Nuestro horizonte de utopía es un poder que alcance para todos nuestros pueblos.

Las nuevas revoluciones surgen e insurgen con el protagonismo de los muchos, los pobres, que son los que nos gobiernan y son los que determinarán hacia dónde van nuestras revoluciones. Yo he vivido por el socialismo, pero una cosa es lo que siento y otra distinta la que nuestros pueblos y gobiernos puedan hacer para decantar las condiciones necesarias.

— Un tema que toca el Programa es la interacción entre sociedad y medio ambiente en relación a la explotación de los recursos naturales. Bolivia y Ecuador vivieron fricciones. ¿Es posible un equilibrio?

— Al igual que en la política, si provenimos de una diversidad de origen, son tan importantes los recursos de biodiversidad, como la diversidad cultural. Otra característica que marca nuestros procesos tiene que ver con lo que estas revoluciones en democracia —y principalmente Ecuador, Bolivia y Venezuela— han logrado a partir de la extracción de recursos y de la recuperación soberana de nuestros recursos. Lo que nuestras democracias en revolución han hecho es que el Estado recupere la administración de sus recursos estratégicos y, desde ahí, se ha representado, en la gestión de esos recursos, al pueblo a través de la redistribución de las rentas. Si queremos ampliar al Estado en cantidad y calidad, mejorar su cobertura de servicios educativos de salud, ¿con qué recursos lo hacemos que no sean de aquellos provenientes de la actividad extractiva? Existen compañeros que vienen de las izquierdas y hoy nos acusan de extractivistas. Establecen una contradicción falsa entre extractivismo y desarrollismo en oposición a conservacionismo. Nosotros debemos lograr una exploración y explotación racional, sustentable y sostenible de nuestros recursos naturales, que tengan que ver con objetivos de conservación y desarrollo, pero también con objetivos fundamentales de respeto a esas formas de vida y tierras indígenas que evidentemente entran en un momento de contradicción y de disputa de sentidos, donde el Estado debe normar y equilibrar los intereses de la parte (y los)  de la totalidad.Esa falsa contradicción entre extractivismo y conservacionismo no es una simplificación puramente ideológica, es una complejidad que requiere una mirada profunda y una resolución desde el interés común.

— ¿Cómo va la relación bilateral?

— Las relaciones viven el mejor momento de su historia, hemos alcanzado resultados muy importantes, tenemos procesos de comunicación y diálogo político. Tenemos una comisión mixta que funciona permanentemente, los encuentros de nuestros presidentes son permanentes, pero también hemos logrado tejer un nivel de cooperación entre distintas instancias de gobierno al relacionarnos en cooperación y diálogo político con otros niveles del Estado de Bolivia. Por ejemplo, hemos tenido una importante reunión con la presidenta de la Cámara de Diputados y hemos establecido el interés de cooperación en temas legislativos. Pero no nos hemos quedado en la relación con el Estado: hemos alcanzado un nivel de cooperación y diálogo —a través de la gestión de Ricardo Ulcuango (Embajador de Ecuador en Bolivia)— con otros niveles de gobierno, con los departamentales. Tenemos también relación con movimientos sociales. Hemos tejido una forma de diplomacia de los pueblos, de diplomacia ciudadana. Somos diplomáticos de poncho, ya no de corbata. Así, reconozco en el canciller David Choquehuanca un aporte fundamental en esta otra forma de relaciones desde una política exterior desde los pueblos.

— ¿Cuál es su opinión, no sobre el juicio en La Haya, sino sobre la reivindicación marítima boliviana?

— El Ecuador cree firmemente en que Bolivia tiene que encontrar la satisfacción a una injusticia histórica que tiene que ver con la salida soberana al mar. Ecuador apoya firmemente. El presidente Correa, el canciller Ricardo Patiño, nuestra política exterior, apoyan firmemente que la solución a esa injusticia histórica debe ser reivindicada. Ecuador considera que Chile y Bolivia, bilateralmente, deben encontrar los canales y los modos más adecuados para satisfacer ese interés y ese derecho en la historia de Bolivia. Lo que creo y planteo de manera frontal es que el resto de América Latina debe converger positivamente con ese tipo de iniciativas para que superemos falsas contradicciones que pueden limitar objetivos mucho más importantes, como una integración económica y política. Esas falsas contradicciones pueden ser usadas desde intereses que nos desintegran en vez de integrarnos. En ese sentido, la paz, el diálogo la soberanía, la satisfacción de una injusticia histórica son los factores que Bolivia y Chile deben analizar. Debemos converger solidariamente, América Latina y el mundo, para la salida al mar por parte de Bolivia.

Perfil

Nombre: Ramón Torres Galarza

Nació: 1960

Profesión: Diplomático. Abogado

Cargo: Embajador Itinerante de Ecuador

Vida

El diplomático Ramón Torres Galarza fue asesor presidencial de Rafael Correa, presidente pro témpore de la Confederación Andina de Naciones, embajador extraordinario de Ecuador en Venezuela. Actualmente es Embajador Itinerante de Ecuador para Temas Estratégicos. Tiene una amplia producción de libros y experiencia docente así como numerosos posgrados, como  un Doctorado en Jurisprudencia.

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