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Reconfiguración de los organismos regionales está en proceso

Los organismos regionales de carácter comercial y político se encuentran en una fase de reconfiguración. Así se ha creado un mosaico de diferentes y diversas organizaciones que pugnan por ser los que coloreen el mapa de la integración americana. 

Info organizaciones Sudamérica.

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La Razón / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:05 / 16 de junio de 2013

Con la lenta agonía de la Comunidad Andina (CAN) a consecuencia de la firma de tratados de Libre Comercio de Colombia (noviembre de 2006) y Perú (junio de 2006) con Estados Unidos, los organismos regionales se encuentran en una etapa de reconfiguración.

Así, aparecen siglas relativamente nuevas como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), creada en 2004; la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que data de 2008; la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), de 2010; y la Alianza del Pacífico, que entra en vigencia en 2012. A esto hay que sumar el no tan nuevo Mercado Común del Sur (Mercosur), que nació en 1991.

Adicionalmente, se habló de la necesidad de crear un organismo paralelo a la ya veterana Organización de los Estados Americanos (OEA); la Celac, en efecto, es el intento inicial que se originó en 2010. “Estamos ante una situación de reorganización integral de los sistemas de integración, de cooperación y de comercio en América Latina”, dice el economista Horst Grebe.

Explica que se trata de una reconfiguración “integral” porque ya no están vigentes “plenamente” las iniciativas que empezaron en América Latina en los años 60 traducidas en los 80 con la creación de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi) o los organismos subregionales de América Central, la CAN, el Mercosur y otras comunidades de tipo comercial, “a las cuales comenzó a hacerles competencia” Estados Unidos con el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), “desactivado” en la Cumbre de Mar del Plata, cuando la declaración final puso en evidencia las contradicciones regionales sobre su implementación.

En esta reconfiguración es notoria la exclusión de Estados Unidos y Canadá en el caso concreto de la Celac, como nota el diplomático y politólogo Carlos Antonio Carrasco: Estados Unidos, a pesar de seguir siendo “el primer socio comercial” de la región, tiene “una influencia política disminuida” con la creación de organizaciones zonales que lo excluyen al igual que a Canadá. En la “arena internacional”, la independencia de criterio “se ha acentuado” y las relaciones extracontinentales se “han acrecentado”, incluyendo vinculaciones con “países ‘parias’ como Siria e Irán”.

Grebe hace el símil de la situación con un mosaico de organizaciones de diferente índole y características. La Alianza del Pacífico (Colombia, Perú, Chile México y Costa Rica) es “lo que ha quedado del ALCA”, pues se caracteriza en que sus miembros tienen un TLC con los Estados Unidos. Su visión es de apertura al libre comercio. Esta concepción se contrapone a la del Mercosur ampliado, que plantea una integración comercial, pero en un nivel subregional.

Luego está Unasur, que es “el mecanismo político” de los 12 países de América del Sur, de los cuales nueve son de habla castellana, uno de portuguesa y los otros son Guyana y Surinam. La Celac está conformada por todos las naciones latinoamericanas, sin Estados Unidos ni Canadá, “quiere ser como la OEA”.

La arquitectura organizacional compleja es separada por Grebe en dos: los organismos que vienen de la forma comercial de la integración (ALCA) y las iniciativas nuevas empujadas por “el nuevo nacionalismo” alentado por Hugo Chávez, el “mismo Brasil”, Argentina o Bolivia (Unasur, Celac y Alba).

Esta reconfiguración también es descrita por el analista Hugo Moldiz, aunque él le pone un tinte más político aún al afirmar que América Latina es “un escenario de disputa” entre propuestas emancipatorias versus el “sistema de dominación imperial”. En esta pugna, el Alba es “un motor pequeño que funciona como un mecanismo de integración” creado por ocho países (Antigua y Barbuda, Bolivia, Cuba, Dominica, Ecuador, Nicaragua, San Vicente y las Granadinas y Venezuela). “Con el Alba que se derrotó al ALCA”, dice.

Por otro lado, está Unasur, que es “un foro político”, y la Celac, que es “un híbrido” entre foro político y un “espacio de posible construcción de integración”. Coloca a la Alianza del Pacífico al otro lado del río: “es la derrota del ALCA”. El tiempo dirá qué organismos perdurarán o no, aunque en esta reconfiguración lo que más puede interesar en el mediano plazo es ver si la puesta en funcionamiento de la Celac es capaz de reemplazar a la OEA.

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