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‘Referéndum Evo-Álvaro’, una prueba también para la izquierda fuera del MAS

Reapareció Juan del Granado, lo hizo (junto con Andrés Uzín Pache- co) con una ‘evaluación sinmiedo’ de la derrota del Movimiento Sin Miedo en las elecciones nacionales de 2015. Enhorabuena por la reflexión. 

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:07 / 11 de octubre de 2015

Hace un par de semanas, la Fundación Friedrich Ebert (FES) presentó el texto (título del borrador) Elecciones nacionales y subnacionales 2014-2015. Una evaluación sin miedo. Evaluación y perspectiva de la izquierda democrática, que fue concluido en julio de 2015; sus autores son Juan del Granado y Andrés Uzín Pacheco.

Se trata de una detallada reflexión de las razones y circunstancias de la derrota del Movimiento Sin Miedo (MSM) en las elecciones nacionales de octubre de 2014 y de la perspectiva que hoy tiene la autodenominada “izquierda democrática” en la nueva escaramuza que está proponiendo el Gobierno con el referéndum de reforma constitucional de febrero de 2016, consulta mediante la cual en los hechos la ciudadanía decidirá si permite que el presidente Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García repostulen nuevamente.

En esta autocrítica, entre otras cosas, los autores concluyen en que el referéndum por la repostulación también será una oportunidad a la vez que prueba para, lo que llaman, los “liderazgos emergentes” y “liderazgos consolidados”, aquellos más o menos contrarios al MAS que ganaron en las elecciones subnacionales de 2015. Los liderazgos emergentes, señalan Del Granado y Uzín, son los alcaldes Soledad Chapetón de El Alto, José María Leyes de Cochabamba, Rodrigo Paz de Tarija y Gaty Ribeiro de Cobija; además de los gobernadores Félix Patzi de La Paz y Adrián Oliva de Tarija; siendo los liderazgos consolidados el gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas, y el alcalde paceño Luis Revilla.

Una vez que “la reconfiguración política del escenario nacional no es entendible sin ellos” (tal la importancia que se les asigna), es a estos liderazgos que les corresponderá —dicen los críticos sinmiedo— “retomar la iniciativa política en el escenario nacional”.

DEPENDENCIA. Luego de remarcar la “absoluta dependencia” del Movimiento Al Socialismo (MAS) de la figura de Evo Morales (es impensable la dimensión que alcanzaría la crisis si faltase como candidato, aseguran), Del Granado y Uzín ven urgente que dichos nuevos liderazgos se opongan al prorroguismo del MAS proponiendo, o al menos “mostrando”, una alternativa real a dicho continuismo.

Pero esa es la conclusión-recomendación de coyuntura que está al final del documento. Casi como queriendo alumbrar la senda que se sugiere seguir, en las páginas centrales se expone la referida “crítica sinmiedo” al MSM. Hay puntos clave en la evaluación que vale la pena seguir de cerca para conocer y valorar el alcance y profundidad de la reflexión.

La teoría de los tres tercios. Para los autores, hasta antes de las elecciones de 2014, el electorado se había alineado en tres grandes tercios: uno, que se puede llamar de voto duro o militante del MAS; dos, el apoyo más o menos cautivo a la derecha, y, tres, lo que Del Granado y Uzín denominan el “tercio decepcionado” del proceso de cambio. El gasolinazo de 2010 y Chaparina especialmente, entre otros grandes errores del gobierno masista, daban pie a pensar en la realidad de dicha división del país.

Y, claro, el MSM podía apostar a una estrategia “ganadora”, de reales posibilidades de triunfo, si lograba ponerse a la cabeza de dicho tercio decepcionado.

Uno de los más importantes disidentes del MAS, Alejandro Almaraz, ratifica: “Era pertinente interpretar al MSM y a la candidatura de Juan del Granado como la de mayores posibilidades para atraer el voto de ese tercio escindido del Gobierno”.

Pero, destaca, el error vino luego: el fracaso electoral del MSM más bien se debe a la política de alianzas que llevó adelante. “Específicamente la alianza con la derecha dura, tradicional (Rubén Costas), que impulsó abiertamente Juan del Granado; eso echó por tierra una propuesta inicialmente correcta”.

“El MSM era una alternativa, por lo menos tenía muy buenas posibilidades de actuar como tal, pero jugó mal sus cartas; no tuvo acciones coherentes con la estrategia de capitalizar el tercio descontento”, apunta el disidente.

No fue consecuentemente “opción” de ese descontento; lo único que el MSM logró con dicho error fue que buena parte del voto descontento se “reabsorba” hacia el MAS, porque definitivamente, enfatiza Almaraz, no era un voto que podía irse hacia la derecha.

Para el exdiputado por el MAS Rafael Puente, en cambio, especialmente lo del tercio decepcionado “no era realista”, porque el resultado mostró que “las cosas iban por otro lado, pero sobre todo demostró que Juan del Granado no era la opción”.

Y no lo era, afirma, porque toda la propaganda que hizo era “excesiva e insoportablemente personalista”, una propaganda para la presidencia del país en la que, por ejemplo, se recuerda que “Juan cuando era niño en el kínder era el dulce de las horas cívicas... francamente es insoportable, en lugar de hacer hincapié en una propuesta política y de recuperación del proceso de cambio que se había empezado a perder”.

JUANISMO. Una propuesta personalista, “yo diría más aún: juanista”. Esta es la base, según Puente, de un fracaso que en verdad nadie esperaba: cierto, pocos se hacían la ilusión de que Juan iba a ganar sobradamente a Evo, “pero nunca tampoco se pensó que iba a llegar al extremo de perder la sigla por falta de votos”.

El personalismo del partido en torno a Juan se evidenciaba hasta en el nombre del partido, comenta Puente: “Movimiento Sin Miedo” de “Juan Sin Miedo”. “La única ideología consistente que tiene el MSM es el juanismo, es un poco exagerado porque no es la única que tiene, de acuerdo, pero públicamente han aparecido así”, recuerda.

Ahora, en la base de la idea del tercio decepcionado estaba la llamada “declinación” del liderazgo de Evo Morales, que la ciudadanía estaba ya “haciendo carne” de errores y traiciones del MAS, de sus “fracturas”, que para el MSM se resumían en cinco: autoritarismo, corrupción, despilfarro, desinstitucionalización y antiindigenismo. Pero son los propios críticos sinmiedo que luego reconocen esto como un error: en verdad, pese a todo lo que haya o no haya hecho el presidente Morales, él y el MAS embanderaban nomás la “titularidad” del proceso de cambio, la “titularidad de la tendencia histórica”, por lo menos eso mostraron las elecciones de octubre de 2014.

Almaraz difiere: si bien hay una persistencia de apoyo a Morales, también es un dato de la realidad, afirma, “un desgaste substancial”, que no se vio en su plenitud en las elecciones nacionales porque hubo, dice, “un fraude que probablemente superó el 5%” y que fue encubierto por el TSE (Tribunal Supremo Electoral) de entonces. Un “desgaste que se ha manifestado más claramente en las elecciones subnacionales y en el referéndum de los estatutos (20 de septiembre de 2015)”; el de Evo y el MAS “es un liderazgo en declinación con grave desgaste”, sentencia Almaraz.

En cambio, para Puente, aunque “esa cadena de errores e incongruencias de parte del Gobierno es indudable, a la hora de convertirse en respuesta electoral, lo que faltó fue una alternativa”, la que precisamente no fue el MSM.

Pero hay algo más de fondo también, un hecho, se puede decir, político-cultural: “Si algo ha ocurrido en todos estos años es que la población en su mayoría tiene la tendencia a disculparle a Evo de todos los errores cometidos”; esto explica la alta votación por el MAS en las nacionales y las por lo general bajas votaciones en las subnacionales; todo, sin negar la importancia de dichos errores e incongruencias, insiste.

Otro de los pecados del MSM, detalla la “Evaluación sinmiedo”, es sin duda la suerte de “encierro geográfico” del partido en La Paz y, quizás, Oruro, su no proyección hacia el ámbito nacional. Así lo reconocen Del Granado y Uzín: “el referente paceño del MSM no había dado paso a un perfil de verdadero partido nacional (...) fuera de La Paz y con la sola excepción de Oruro, la estructura organizacional del MSM era notoriamente débil y sin una verdadera incidencia política regional”.

PROCESO. Para Almaraz, al respecto, el partido sinmiedo estaba “en camino” de esa proyección nacional. La concentración regional en La Paz, en la gestión municipal de la capital, podría calificarse como una primera etapa de su proceso de expansión nacional, afirma.

Puente, por el contrario, ve esto más bien como la “maldición del MSM”. El partido no tuvo el tiempo de convertirse en una propuesta nacional porque nació, se construyó y triunfó (en la gestión municipal) en La Paz, concentrándose todo aquí; en el resto del país no tenía ni cuadros ni espacios de gestión donde mostrara algo diferente; era “una suerte de maldición inicial que el MSM arrastraba desde su fundación y que nunca más desapareció”.

La antes citada personalización extrema del partido en la persona de Juan, “que tuvo éxito a la hora de una gestión municipal concentrada en él y en su persona, es la misma razón por la cual fuera de La Paz, donde no era Juan el que estaba en juego, la cosa no tenía mayor perspectiva”, concluye Puente.

Aún con su derrota electoral, el tema de fondo que plantea el MSM es la posibilidad de la izquierda alternativa al MAS, todo aquel arco que se reivindicaba o se reivindica como quienes deben llevar adelante la “reconducción” del proceso.

Según Almaraz, “no solamente que es posible (dicha alternativa de izquierda), sino que ya existe, y así se lo puede advertir en las elecciones subnacionales”. Una izquierda que hubiese sido mayor si no había la práctica “proscripción que supuso la anulación de varias candidaturas: Rebeca Delgado en Cochabamba, Eduardo Maldonado en Potosí; es una realidad ya dada, y con la fuerte tendencia a que crezca”.

En cuanto a los “líderes emergentes y consolidados”, en los que el MSM pone buena parte de sus esperanzas, para Almaraz, son “un factor de renovación en gran medida realizada, pero no son la única fuente”, pues siempre hay que tener en cuenta, dice, que la “política formal” siempre ha sido débil, frente al ámbito de “política real, más ligada a la dinámica de la sociedad civil, las organizaciones populares, que son la matriz del propio actual proceso de cambio y del MAS”. Y también, en este ámbito, dice, hay un “impulso de renovación que se puede observar en muchos sectores de la sociedad”. Rafael Puente en cambio piensa que no deja de haber un deseo más que una realidad en aquello de los liderazgos alternativos al MAS.

Liderazgos emergentes y consolidados, eso “no deja de ser algo totalmente local y sin mayores perspectivas”. El alcalde cochabambino Leyes, por ejemplo, dice, expresa sobre todo el enojo de la gente con el anterior alcalde, antes que su valor político por sí mismo; con el gobernador Patzi pasa igual, sentencia.

Ahora, recuerda el exdiputado, todos compiten con Evo en algo también estructural: Una importante parte de la población ve en Evo un sentimiento de recuperación de la dignidad indígena. “Y a la hora de las grandes decisiones, las elecciones nacionales, la gente como que dice: ‘pueden decirle a Evo lo que quieran, pero igual es un hermano nuestro, un indígena como yo o como mis papás, y por tanto seguimos votando por él antes que por cualquier otro’”.

Y Evo, a diferencia de Patzi o Felipe Quispe o cualquier indígena, tiene una ventaja sustancial: es un “aymara nacional”: “él es aymara de nacimiento, pero no aymarista, incluso muchos le acusan de que no habla aymara, y eso que para algunos es defecto, lo convierte nomás en un ‘aymara nacional’, mientras que Patzi, por ejemplo, es un aymara muy del altiplano, igual que Felipe Quispe, muy aymaras, si vale”. 

Aunque ya se está en la conjetura, Puente prevé un panorama muy complejo en caso de que ganara el No en febrero: “si el referéndum resultara negativo, ahí sí, a falta de otros, podría ser que jueguen un papel estos líderes (emergentes y consolidados de que habla el MSM) que hoy por hoy son locales, pero todo sería con unas perspectivas de multiempate poco menos que catastrófico”.

Lo bueno del MSM aún debe proyectarse: Juan del Granado, excandidato a la presidencia por el MSM.

Más allá de la derrota electoral de 2014 y la pérdida de personería jurídica del MSM, no se debe dejar de lado todo un esfuerzo colectivo de construcción democrática. El bagaje teórico y político del MSM, sus valores éticos, el reconocido esfuerzo de institucionalización partidaria y su indudable aporte a una nueva forma de hacer gestión pública, deben proyectarse...

El referéndum será una ‘prueba de fuego’: Alejandro Almaraz, disidente del MAS.

El referéndum será una “prueba de fuego”; pero ya hubo el ensayo en los referéndums por los estatutos departamentales; no será lo central, pero la consulta va a“poner a prueba a los referentes (liderazgos) que están emergiendo. Los objetivos del proceso de cambio se mantienen vigentes, y es que es muy difícil sustituirlos porque provienen de la propia realidad irresuelta.

La estabilidad es un factor a favor del MAS: Rafael Puente, exdiputado por el MAS.

Otro factor para que el MAS sea fuerte electoralmente es la estabilidad económica. Nunca se la tuvo mejor: una de las monedas más sólidas en la región; “el Gobierno estará fallando, incumpliendo, traicionando ideales, pero en la práctica me permite vivir tranquilo, sin sobresaltos financieros”, dice la gente; eso influye en una especie de perdón de las inconductas.

Reapareció Juan del Granado, lo hizo (junto con Andrés Uzín Pache- co) con una ‘evaluación sinmiedo’ de la derrota del Movimiento Sin Miedo en las elecciones nacionales de 2015. Enhorabuena por la reflexión. 

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