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Reloj al revés, descolonización al revés

Estamos ante la inautenticidad del liderazgo “indígena”. El liderazgo del “proceso de cambio” es producto del marketing electoral, de un astuto oportunismo ante la emergencia indígena, el desmoronamiento del viejo sistema de partidos y el ocultamiento del proyecto socialista bolchevique en el discurso del “socialismo comunitario”.

La Razón (Edición Impresa) / Víctor Hugo Cárdenas

00:01 / 20 de julio de 2014

La modificación de las manecillas del reloj del edificio del parlamento nacional es el último acto de la serie de desaciertos de la descolonización gubernamental. Las justificaciones gubernamentales solo agravan esta tragicomedia. ¿Qué sentido tiene decir, como lo hace el senador Eugenio Rojas, que el reloj (invertido) supera la “dependencia de los países del sur”, que “el reloj es descolonizador” y que es muestra de un “nuevo concepto de libertad”?

¿Por qué el canciller David Choquehuanca promueve una lucha histórica contra las manecillas del reloj mientras descuida sus responsabilidades en la conducción de las relaciones internacionales? ¿Quién dirige la reivindicación marítima? ¿Nadie dice al Presidente que un crecimiento del 5% no es suficiente para presumir ser parte de los países del BRICS (grupo conformado por Brasil, Rusia, India y Sudáfrica)? ¿Quién advierte al Presidente que si excluimos el gas de nuestros ingresos, la economía tendría un déficit del 12%? Varios ministros hablan con Brasil sobre el gas, el tráfico de la droga boliviana y peruana, menos el Canciller. ¿Cuándo habrá una reunión oficial entre nuestros mandatarios? ¿El reparto del reloj con el Litoral despojado significa que Bolivia aspira a la devolución de todo el Litoral o solo se quería fastidiar al Gobierno chileno? Silencio sospechoso y alarmante mientras se medita en los avatares de los “Guerreros del arcoíris” (denominación que da el Canciller a los indígenas collas) y el cambio de sentido de las manecillas del reloj.

INCOMPRENSIÓN. ¿Por qué esta frustrada descolonización?  En primer lugar, está la incomprensión de la lucha anticolonial. Mientras los líderes del movimiento katarista criticábamos teórica y prácticamente al Estado colonial desde el enfoque del colonialismo interno, la economía plural, y propusimos la democracia intercultural, los actuales gobernantes se entretenían con las ideas de la izquierda colonial. Los líderes del “proceso de cambio”, cocaleros, colonizadores (hoy interculturales), cooperativistas mineros, entre otros, eran buenos alumnos del bombardeo del sindicalismo marxista, socialista, anticapitalista y adversarios de los yuracarés, yukis, moxeños, tacanas y chimanes de tierras bajas, cuyos territorios ocuparon. La represión del TIPNIS (Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure) continuó dicha ocupación.

Esa incomprensión de la descolonización ha provocado la reducción del “proceso de cambio” a meros cambios simbólicos. Continúa la Bolivia exportadora de materias primas, se multiplica la corrupción y la burocracia estatal, la debacle de la educación y de la salud, las discriminaciones y racismos campantes. Se institucionalizó la mentalidad rentista y estatista, se “democratizó” la producción de la cocaína, única industrialización exitosa; se aumentó de forma escandalosa los ajusticiamientos por mano propia y se institucionalizó el sometimiento de los órganos Judicial, Legislativo y Electoral al Órgano Ejecutivo.

Por eso, hoy las acciones descolonizadoras se redujeron a eventos de folklorización. Hubo un matrimonio colectivo, de parejas indígenas, a quienes se les impuso la máscara de la cultura aymara, con un padrino soltero, sin experiencia de la vida matrimonial, alejado de las prácticas culturales indígenas, con una casa como carnada de la convocatoria y con sacerdotes inauténticos. Luego, se ordenó a los funcionarios públicos del Viceministerio de Cultura el uso obligatorio de vestimenta indígena. Ingresó una veintena de cadetes indígenas al Colegio Militar, pero con el currículo tradicional intacto. Se enterró el capitalismo en la Isla del Sol, mientras desde el Chapare el Gobierno impulsó la mayor expansión capitalista.

INDÍGENA. Esta mentalidad colonialista configuró una política de instrumentalización de lo indígena: incluir derechos sociales en la actual Constitución Política del Estado, pero sin crear las instituciones para aplicarlos ni darles el dinero. Los gobernantes actuales no tuvieron, hasta 2005, un discurso de defensa de los intereses indígenas ni de defensa de los derechos ambientales de la Madre Tierra. Su pensamiento político fue y es el autoritarismo sindical, marxista, antiimperialista y socialista.

La defensa de la Madre Tierra convive con el envenenamiento de los ríos y las tierras de Chapare con úrea, ácido sulfúrico, arsénico y otros precursores químicos. Dicen promover la defensa de nuestros recursos naturales junto a una acelerada deforestación y saqueo de nuestros minerales sin pagar impuestos ni tener los mínimos cuidados ambientales. 

Esta descolonización es pura impostura  reducida a insultar a la Coca-Cola por ser bebida imperialista, pero consumirla ávidamente en sus eventos políticos, a propalar la fabricación de condones de coca, a denunciar a los pollos de granja por su prohomosexualidad.

Su convicción democrática se reduce a una política de instrumentalización de la democracia, de sus principios, valores y procedimientos en favor de un proyecto de poder autoritario. El sindicato del Alba (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) decidió: entrar por el voto popular y luego desmontar el Estado de Derecho para implantar la reelección indefinida (Venezuela, Nicaragua, Ecuador y, el año venidero, Bolivia), predicar respeto por las normas y la Constitución pero una vez en el poder, imponer el dominio del Ejecutivo sobre el Legislativo, Judicial y Electoral y, finalmente, postular el respeto a los derechos humanos pero desde el poder, desatar una persecución política a través de la judicialización de la política.

Estamos, pues, ante la inautenticidad del liderazgo “indígena”. El liderazgo del “proceso de cambio” es producto del marketing electoral, de un astuto oportunismo ante la emergencia indígena, el desmoronamiento del viejo sistema de partidos y el ocultamiento del proyecto socialista bolchevique en el discurso del “socialismo comunitario”, es decir, según los gobernantes, el entronque entre el socialismo obrero y el comunitarismo indígena.

Esa inautenticidad indígena motivó la frustrada obligación del Tribunal Electoral a exigir a los candidatos a hablar por lo menos una lengua indígena, cuando nuestros mandatarios no lo hacen. Sigue suspendida la exigencia constitucional de que todos los funcionarios públicos hablen una lengua indígena además del castellano.

Finalmente, la impostura del liderazgo social. Los mismos líderes de los movimientos denominados “guerra del agua y del gas” denunciaron que los actuales gobernantes veraneaban en el exterior  mientras aquí se derramaba sangre y se perdían vidas  para que, años después, lo aproveche la impostura de los denominados “líderes del proceso de cambio”. El reloj al revés mide una descolonización al revés.

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