Animal Político

Reposición del bloque de poder cruceño

Se constata la falacia de la afirmación en 2014 de Álvaro García Linera ante la ‘victoria’ electoral en Santa Cruz, aquello de la ‘irradiación territorial de hegemonía’. No solo que no existe tal irradiación, sino que, al contrario, hay un reposicionamiento político-electoral-territorial del bloque de poder cruceño.

La Razón (Edición Impresa) / Helena Argirakis Jordán

00:02 / 12 de abril de 2015

Para poner en una balanza qué estuvo y qué está en juego en la elección del Gobernador y de la Asamblea Legislativa Departamental de Santa Cruz, hay que partir de una breve recapitulación de la evolución y trayectoria histórica del voto por Gobernador en el departamento. También habrá que incluir un somero análisis del contexto histórico de los principales hechos políticos que han marcado el devenir de la correlación de fuerzas, tanto en lo local como en lo nacional y que han configurado los escenarios políticos en la región. Por tanto, metodológicamente, habrá que combinar los eventos de la coyuntura subnacional 2015 con la evolución de la estructura histórica del pasado reciente para dar sentido, significación y proyección política a los resultados de las elecciones departamentales del 29 de  marzo de 2015.

Repasando los últimos diez años de la evolución del voto por Prefecto, primero, y Gobernador, después, evidenciamos el debut en 2005 de la primera alianza oficialista local alrededor de la figura de Rubén Costas con la sigla APB (Autonomía para Bolivia), que cosechó 47,88% del electorado, significando 299.730 votantes. Recordemos que en 2005, la polarización política —como mecanismo de relacionamiento del campo político que marcaría la primera década del siglo XXI— estaba aún en proceso de articulación, conformación de bloques políticos pluriinstitucionales y en la agregación de demandas generales, en torno a las agendas divergentes del Estado Plurinacional frente a la autonomía departamental.

Luego de ser promulgada la nueva Constitución Política del Estado, en enero de 2009, y de lleno en la etapa de polarización política antagónica entre el Bloque Indiano Originario Campesino Obrero Popular Vecinal (BIOCOPV) y el Bloque Cívico Regional Partidario (BCRP), el bloque de poder cruceño participa en las elecciones a Gobernador en 2010 (en el contexto del nuevo Estado con autonomías) con la sigla VERDES, agregando 54% del electorado departamental, lo que significa 515.309 votantes reales.

Vale la pena recalcar —como detalle de contexto histórico— que entre 2008 y 2010, el bloque de poder cruceño ingresa en una grave crisis orgánica, provocando la derrota política y militar a nivel de su proyecto (y proyección) político nacional, resultando en la desinserción de éstos del campo político nacional y la posterior reclusión en el espacio regional y subnacional, como territorio de sobrevivencia, resistencia y reciclaje.

DEMÓCRATAS. A la postre, en 2015, el oficialismo cruceño nuevamente muta de sigla hacia el MDS (Movimiento Demócrata Social) y consigue aglutinar en la elección departamental al 60,05% de la preferencia electoral, congregando 604.028 votos.

En cuanto a la trayectoria electoral del MAS en Santa Cruz —primero para elegir prefecto y gobernador después— para 2005 nos muestra un posicionamiento en el tercer lugar (atrás de la alianza A3-MNR que obtuvo 27,95%) con el 24,17%, representando 151.306 votos. Para 2010, el MAS obtuvo un nítido segundo lugar con el 37% de la preferencia electoral, duplicando su apoyo electoral, pues consiguió 374.306 votos; para 2015, decrece al 31,11%, bajando el apoyo electoral a 312.944 votos. (Ver el cuadro adjunto)

Más allá del análisis coyuntural y de las explicaciones sobre la selección y actuación de las y los candidatos, detalles de la campaña y demás variables corto-placistas, vale la pena preguntarse: ¿Cómo y por qué pudo el bloque de poder cruceño no solo mantener un sostenido crecimiento electoral, llegando a duplicar el apoyo para sí, recuperar (además) enclaves territoriales que habían estado en manos del MAS tras la elección subnacional de 2010 (como las provincias Guarayos y Florida), simultáneamente, y a pesar de la victoria del MAS en 2014 (61,36%) y su consolidación el mismo año como primera fuerza política en Santa Cruz, amarrando 49,01% del electorado cruceño?

Pese a que la prensa busca generalizar el resultado de la elección departamental para hablar de una victoria de “la oposición” (volver absolutas o exportables las correlaciones de fuerzas departamentales y municipales hacia el campo político nacional, donde el MAS mantiene un nítida mayoría absoluta, apostando construir oposición nacional al MAS desde las regiones y desde las principales ciudades capitales), considero que los resultados subnacionales tienen más que ver con las consecuencias de ciertos procesos, acciones, conductas, pugnas de influencia y giros al interior del MAS, que con alguna estrategia premeditada, racional y coordinada de las oposiciones desde las regiones.

Para contextualizar lo anterior, debemos mencionar una serie de clivajes e inflexiones políticas, económicas y territoriales que afectaron al bloque de poder cruceño entre 2008 y 2010, a manera de retratar el devenir de la correlación de fuerzas local.

Partimos afirmando el ejercicio ininterrumpido de más de 65 años de hegemonía del bloque de poder cruceño, asentado sobre una base material de poder alrededor de su clase dominante empresarial y su estructura gremial corporativa, además del aparato ideológico de la cruceñidad enquistado en el Comité Cívico Pro Santa Cruz, que alberga las directrices de la élite política.

HEGEMONÍA. Sin embargo, a pesar de lo anterior, dicha hegemonía se vio acumulativamente afectada/fracturada por algunos clivajes políticos que se dieron a través de hechos electorales, como ser, por un lado, los resultados y efectos posteriores del Referéndum Revocatorio de agosto de 2008 y la promulgación del nuevo texto constitucional en enero de 2009. Por otro lado, dicha hegemonía absoluta también se vio quebrantada por tres hechos: la toma de instituciones o el golpe de fuerza de septiembre de 2008, la masacre en Porvenir (Pando) en este mismo año, y el caso de terrorismo contra el Estado de Eduardo Rózsa Flores en abril de 2009.

A los hechos electorales y de fuerza enumerados, se suman otros que podemos caracterizar de político-institucionales  —la cumbre política en Cochabamba luego de la toma de instituciones y el momento en el que el Congreso nacional devino en Constituyente ante la premura de cerrar el ciclo constituyente abierto en 2006— que ahondan la fractura en la hegemonía orgánica del bloque de poder cruceño. Dichos clivajes políticos (que significaron el fin del proyecto político nacional y la agenda de la autonomía departamental) sumados a ciertos clivajes económicos, como las nacionalizaciones y la recuperación de las empresas estratégicas del Estado, el rescate de la capacidad de regulación, fiscalización y control del Estado, además de la invitación (en sentido literal y simbólico) del Gobierno a los empresarios cruceños “a hacer negocios y no política”, profundizó las fisuras, fracturas, disidencias y contradicciones al interior del bloque de poder cruceño, llegando inclusive a hablarse de una derrota política militar por los efectos y consecuencias de todo lo anterior.

Sin embargo, dos de las claves centrales para comprender la evolución de los resultados electorales subnacionales, en contraste con la mencionada derrota política militar, tienen que ver con que a pesar de la incertidumbre al interior de la clase dominante cruceña (provocada por  las nacionalizaciones y la recuperación de la capacidad de regulación, fiscalización y control por parte del Estado) el modelo posneoliberal implementado por el gobierno del MAS no solo que no afectó la base material del poder del bloque político cruceño, sino que, al contrario, lo reforzó, expandió y reprodujo al extremo de que muchos empresarios cruceños no militantes ni simpatizantes del proceso de cambio ni del masismo declaran satisfechos que están haciendo “más plata que nunca”. Por tanto, la derrota política militar no implicó una derrota en la base material de poder, por lo que a pesar de lo primero, el bloque de poder cruceño pudo seguir haciendo negocios y paralelamente reproducir hegemonía (política y cultural) irónicamente a través de sucesivos pactos con el gobierno del MAS.

Por otro lado, a pesar de que la derrota política militar significó una constatación en Santa Cruz de que el MAS efectivamente construía hegemonía y era la única sigla u organización política en el campo político nacional, el bloque de poder cruceño hizo las adaptaciones necesarias para cohabitar con la presencia monopólica del MAS en lo nacional, pero manteniendo la hegemonía local intacta, a través del fortalecimiento de un subsistema político regional-departamental con sus propios sistemas de creencias, sentidos, significaciones, historia, códigos, narrativas, reglas y actores. En otras palabras, a pesar de la mayoría absoluta del MAS en lo nacional, el bloque de poder cruceño articuló el territorio regional-departamental como un enclave político o espacio de sobrevivencia, resistencia, reciclaje y (a la vez) de botín, con la ayuda y anuencia del gobierno del MAS, con quienes aun hasta hoy no disputan la hegemonía local.

ADAPTACIÓN. Ésta no es una historia nueva o reciente para el bloque de poder cruceño, que hizo exactamente lo mismo ante la victoria de la Revolución Nacional en 1952, postulando la posición de adaptarse o morir. La consigna de adaptarse o morir entraña el característico pragmatismo económico de la clase dominante, pero combinado con el conservadurismo político de siempre de la élite política, que ha resultado a la postre en leves variaciones cosméticas en formas políticas, pero que en los hechos no ha afectado a la estructura de poder oligárquica.

La diferencia histórica fundamental puede encontrarse en que desde el Estado Plurinacional se habrá fomentado la formación de otras o nuevas oligarquías de composición originario-campesino-popular. Pero a la luz de los pactos entre el gobierno del MAS y los empresarios cruceños, las nuevas clases económicas emergentes no inciden en la balanza de las correlaciones de fuerzas ni llegan a constituir un nuevo sujeto económico que acompañe al sujeto político que se encuentra dibujado en la Constitución de este Estado Plurinacional. Al contrario, el sujeto político (indígena originario campesino) de la CPE se encuentra huérfano en términos de construcción de sujeto económico, mientras que el gobierno del MAS prosiga reproduciendo el modelo económico moderno extractivista de desarrollo industrial y no gire significativamente hacia el Vivir Bien, que más que un debate de contradicciones sobre quién o qué clase ostenta la titularidad sobre los medios y modos de producción (propiedad privada versus propiedad colectiva/burguesía versus proletariado, capitalismo versus socialismo) implica la deconstrucción y superación histórica-civilizatoria, cultural de la hegemonía (mundial) imperante.     Mientras tanto, en la administración de la coyuntura, los acontecimientos políticos favorecen a las antiguas estructuras de poder, permitiendo el reposicionamiento político electoral del bloque de poder cruceño, luego de la mentada derrota política militar de 2008 a 2010.

PRAGMATISMO. Básicamente, el gobierno del MAS está cosechando lo que sembró (o lo que no sembró) al querer competir en pragmatismo con las derechas cruceñas: al acercarse, coquetear, invitar y hacer alianzas con personajes de motivaciones cuestionables (la alianza con dirigentes de la Unión Juvenil Cruceñista en 2009, las candidaturas para diputaciones de Gabriel Dabdoub, Carlos Subirana y Romy Paz, el acercamiento a Jessica Echeverría, son algunos ejemplos que vienen a la memoria) da señales de contradicciones entre lo que dice y lo que hace el MAS, reduciendo al proceso de cambio a una simple maquinaria electoral de reproducción de gobierno, devaluando al sujeto político que dio cuerpo al mencionado proceso y, sobre todo, jugando a favor de las derechas cruceñas.

Pongámoslo en otras palabras y tratemos de entender las lógicas detrás de las acciones: ¿Por qué habría una o un cruceño votar por el MAS, que incorpora candidatos invitados de las derechas, siendo que en el universo político de las derechas existe todo el despliegue variopinto de las combinaciones conservadoras posibles, expresadas a través de todas las demás siglas y organizaciones políticas que compiten, mientras que las opciones y representaciones de la “izquierda” ni siquiera quedan como espacio en pugna, sino que directamente desaparecen? El pragmatismo del MAS en el acercamiento/invitación del Gobierno a los empresarios cruceños para hacer negocios y no política, y su giro hacia el centro-derechas desde las elecciones nacionales de 2014, están cobrando factura; por lo que se constata fehacientemente la falacia de la afirmación del fin de año 2014 del vicepresidente Álvaro García Linera ante la “victoria” electoral en Santa Cruz, cuando lanzaba su tesis de la “irradiación territorial de hegemonía”, como fundamento de expansión del MAS hacia Santa Cruz. No solo que no existe tal irradiación territorial de hegemonía en el caso cruceño, sino que, al contrario, como ya se mencionó líneas arriba, frente a los resultados de las elecciones subnacionales, hay un reposicionamiento político-electoral- territorial del bloque de poder cruceño, cuya hegemonía ha mutado en forma, pero no ha variado en fondo.

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