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Repostulación y democracia

¿Es verdad que la permanencia de la misma persona en el poder lleva inevitablemente a una dictadura? La evidencia histórica es bastante clara. No existe una correlación entre la longevidad política de un líder elegido democráticamente y la degeneración del Estado hacia una dictadura.

La Razón (Edición Impresa) / Diego Von Vacano

00:02 / 25 de octubre de 2015

Mario Vargas Llosa, en La fiesta del chivo, nos advierte que las dictaduras corrompen a un pueblo hasta el punto de transformarlo en una nación de zombies. Recuerda a Rafael Trujillo quien, en sus 31 años de gobierno, hizo de la República Dominicana un club privado donde su palabra era ley. La lección que imparte la gran novela del escritor peruano es que la permanencia en el poder de una sola persona y por demasiado tiempo destruye la democracia y el espíritu cívico de un país.

En Bolivia, Evo Morales y su partido, el Movimiento Al Socialismo (MAS), se encuentran en pos de la repostulación, lo que significaría un tercer mandato para una misma persona en el poder. Existe mucha oposición y crítica contra este objetivo del partido oficialista, puesto que se teme que el resultado final de ese proceso pueda culminar en un Estado como el de Trujillo. Pero, haciendo comparaciones con otros estados democráticos, ¿es verdad que la permanencia de la misma persona en el poder lleva inevitablemente a una dictadura?

La evidencia histórica es bastante clara. No existe una correlación entre la longevidad política de un líder elegido democráticamente y la degeneración del Estado hacia una dictadura. Si observamos casos recientes de democracias importantes encontramos que han existido muchos líderes que han permanecido en el poder por mucho tiempo sin que ello signifique la disolución de las instituciones básicas de una democracia. Empero, también podemos comprobar que, por lo menos en América Latina, la corrupción aumenta en estados con poca alternancia de partidos o líderes políticos.

En Europa se dieron muchos casos de estadistas democráticos que disfrutaron del poder por mucho más de una década. El caso más interesante en la historia reciente es el de la República Federal de Alemania. Específicamente, la canciller Angela Merkel asumió el poder en noviembre de 2005, y   la revista alemana Der Spiegel del 1 de agosto de este año anunció que Merkel está dispuesta a repostularse como candidata del partido conservador Unión Demócrata Cristiana en 2017. Si tiene éxito, Merkel estaría en el poder hasta 2021, un total de 16 años. La República de Alemania es considerada hoy como uno de los líderes de la democracia mundial. Su Constitución no tiene límite de mandatos aunque requiere la aprobación del Bundestag cada cuatro años. En teoría, Merkel podría seguir como canciller (Bundeskanzlerin) indefinidamente si recibe un voto de confianza de la Dieta Federal cada vez que lo necesite. Este sistema ha funcionado desde el establecimiento de la Ley Fundamental para la República Federal de Alemania, básicamente su Constitución desde 1949. El primer canciller moderno, Konrad Adenauer, estuvo al mando del Estado por 14 años; Helmut Schmidt por 12, y Helmut Kohl, del partido de Merkel, por 16 años. La permanencia de una sola persona como Jefe del Estado no ha sido tema de debate, aunque se trate del país de Adolf Hitler, canciller y Führer de Alemania por 12 años.

Otras grandes democracias europeas, como el Reino Unido y Francia, han tenido también líderes que han durado mucho tiempo. Margaret Thatcher, conservadora al igual que Merkel, estuvo en el poder entre 1979 y 1990, un total de 11 años. En Francia, el socialista Francois Mitterrand permaneció como jefe del Estado por 14 años, mientras que el derechista Jacques Chirac duró 12. En las Américas existen casos parecidos. Canadá fue conducido por Pierre Trudeau, de tendencia centro-izquierda, durante 15 años. El primer ministro, Stephen Harper, del partido Conservador, fue candidato en las elecciones del 19 de octubre de este año; de haber ganado, Harper pudo haber permanecido como primer ministro de Canadá por 14 años, pero el lunes 19 el triunfo fue de Justin Trudeau, del Partido Liberal. Con todo, en promedio, estos líderes europeos y norteamericanos permanecieron en el poder casi 14 años cada uno.

¿Qué nos dicen estos datos? Que la democracia es compatible con mandatos sin límites o con límites muy amplios. Si es que se siguen los reglamentos de la constitución respectiva, una sola persona puede permanecer en el poder por más o menos 15 años. Esa es la conclusión después de observar diferentes regímenes democráticos, como el de Alemania, basados en un o una Canciller; el presidencial, como el francés; o aquéllos con sistemas parlamentarios como los de Inglaterra y Canadá. En todos estos casos vemos que las instituciones democráticas persisten a pesar de la longevidad política de ciertos líderes al mando del Estado.

Lo ideal para un país como Bolivia sería que la Constitución permitiera la reelección tres veces, con mandatos de cinco años cada uno. La repostulación misma no tiene nada de antidemocrático en el plano teórico. El problema principal es el que presenta Vargas Llosa en su novela. Es muy  probable que el tema real de esa obra haya sido Alberto Fujimori. Vargas Llosa hace una crítica velada a Fujimori, insinuando que el exlíder de Cambio 90 se transformó paulatinamente en un cuasi-dictador. Fujimori fue muy popular y fue reelecto en 1995 después de cambiar la Constitución para ese efecto; lo fue nuevamente en 2000 y ambas elecciones fueron ampliamente aceptadas con la oposición, concediendo su derrota. Solo más tarde, en el tercer mandato, evidencia de corrupción feroz hizo caer al Gobierno en medio de protestas públicas sobre el escándalo. La autoridad fue trasladada al presidente del Congreso, Valentín Paniagua (de la oposición), por un periodo provisional. Se debe subrayar que dicho Congreso fue elegido durante el mismo proceso electoral en el que el partido de Fujimori, a pesar de ganar la presidencia, no obtuvo la mayoría en el Congreso. La corrupción, no la oposición, derrocó a Fujimori.

En forma similar, el enemigo principal de Evo Morales es la creciente corrupción dentro de las filas del MAS, al cual se han sumado muchas personas que no tenían simpatías ideológicas con ese partido. Mientras Bolivia no tenga partidos de oposición serios, el sistema democrático no será completo o equilibrado. Líderes como Rubén Costas o Samuel Doria Medina no tienen la visión ni los programas ideológicos o prácticos para poder competir realmente con Morales. Bajo tal sistema, el Proceso de Cambio del MAS mantiene su vigencia y da autoridad a la demanda por una repostulación. Este camino además evitaría la opción de Simón Bolívar en su Constitución de 1826: un presidente vitalicio.

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