Animal Político

República Plurinacional Autonómica y Productiva

El asambleísta responde a una discusión abierta en este suplemento y plantea que se debe recuperar el sentido histórico que tienen algunas cualidades fundamentales que hacen a una sólida república democrática, como el imperio de la ley y el pleno respeto de los derechos humanos. 

La Razón (Edición Impresa) / Fabián II Yaksic Feraudy

00:03 / 05 de enero de 2014

Desde el presidente Evo Morales, alguno de sus ministros y respetables intelectuales se han dado a la tarea de interpretar a su modo lo que el Movimiento Sin Miedo (MSM) quiso significar al hablar de República Plurinacional.

Desde el oficialismo, el Presidente y su Ministro de Gobierno han descalificado la propuesta hablando que se trataría de un “anhelado retorno al gonismo”, mostrando un triste extravío conceptual y analítico que denota que en realidad el sectarismo y la exacerbación discursiva del anticolonialismo nos ha llevado a tener al frente a un gobierno al que le persiguen los fantasmas del pasado neoliberal y partidocrático. Estas reacciones gubernamentales a toda iniciativa de la izquierda democrática muestran que el Decreto Supremo 048, que determina el cambio de nombre de “República de Bolivia” a “Estado Plurinacional de Bolivia”, no había sido inocente y encierra una visión culturalista antidemocrática, que debilita la institucionalidad que conlleva una república verazmente democrática.

Dicho decreto, en sus considerando, señala que “…con la aprobación de la CPE (Constitución Política del Estado), se inicia el cambio del Estado colonial y neoliberal a un Estado Unitario Plurinacional Descentralizado y con Autonomías”. La dicotomía a la que el Gobierno ha reducido este proceso, entre Estado Colonial y Estado Plurinacional, no permite visualizar las verdaderas contradicciones de una práctica partidocrática neoliberal del pasado con las fracturas antidemocráticas que caracteriza al segundo gobierno de Morales. Tanto la partidocracia neoliberal de ayer como la partidocracia populista de hoy han destruido los cimientos que caracterizan a una república democrática.

Desde la intelectualidad se habla de un “falso dilema” o una “fórmula ingeniosa” para navegar entre dos aguas: la oposición democrática y el llamado “proceso de cambio”.

Al menos se ha provocado algo de debate político del que lamentablemente carece el país, pues venimos sufriendo lo que Marcelo Quiroga Santa Cruz calificaba, al referirse al proceso movimientista de la década del 52: “…Desde abril de mil novecientos cincuenta y dos, un estridente y tedioso monólogo oficial ha impedido la libre discusión de las ideas y suplantado todo razonamiento sereno” (Quiroga: La Victoria de abril sobre la nación). En este año electoral se hace imperiosa la necesidad de romper el monólogo oficialista impulsando espacios de deliberación democrática. Esperamos que para ello el Presidente  pierda el miedo al debate plural y democrático.

Creo necesario introducir en el debate político-electoral de este 2014 que apenas comienza, los aspectos que considero fundamentales y que requieren una toma de posición a la hora de proyectar alternativas al régimen masista.

El primer aspecto tiene que ver con la tendencia autoritaria que se traduce hoy en un régimen transformado en una tiranía que adopta formas aparentes de un estado de derecho, como diría Luis Tapia. Esta tendencia autoritaria podría condensarse hacia adelante si no restablecemos plenamente los principios básicos que hacen a una república, que no es solo la reposición del nombre de la República de Bolivia —que si logramos ser gobierno por supuesto que lo haremos—, sino recuperar el sentido histórico que tienen al menos las siguientes cualidades fundamentales que hacen a una sólida república democrática: 1) El imperio de la ley; 2) La verdadera igualdad ciudadana de gobernantes y gobernados al momento de someternos a la ley; 3) Pleno respeto y vigencia de los derechos humanos; 4) La efectiva independencia y separación de los diversos órganos del Estado, especialmente de la administración de la Justicia; 5) Respeto a la periodicidad y alternabilidad en el ejercicio de cargos de elección popular.

Lamentablemente, la partidocracia neoliberal de antes de 2006 solo ha cumplido parcialmente el último requisito, por lo que decir que hablar de la República es volver al pasado es darles demasiado crédito a gobiernos de partidos tradicionales que nos expropiaron la palabra y redujeron las libertades democráticas a prácticas partidocráticas sustentadas en pactos de complicidad entre élites partidarias.

En la Bolivia de hoy y para garantizar el bienestar y una vida digna para todos los bolivianos, la República debe tener además la cualidad de ser plurinacional autonómica y productiva.

Plurinacional porque sencillamente no es posible volver a miradas monoculturales que caracterizaron a la partidocracia neoliberal del pasado inmediato. Se trata más bien de reconocer la vitalidad de nacionalidades indígena originarias que se traducen en una plurinacionalidad que no solamente debe ser reflejada en políticas públicas, sino también en diseño institucional. Lo plurinacional no es un ideario inventado por el MAS (Movimiento Al Socialismo), sino apropiado simbólicamente por éste; es más bien una conquista de los pueblos y naciones indígena originarias, que es fundamental consolidarla en el marco de una dinámica intercultural.

Nuestra república hoy no puede seguir siendo centralista, cuando la Constitución Política del Estado establece una base suficiente para implementar las autonomías en las diversas unidades territoriales. Lamentablemente estamos con freno de mano en el proceso de implementación de las autonomías. Las trabas legislativas y reglamentarias impuestas desde el Gobierno del MAS y la subordinación de las propias entidades territoriales, que en su mayoría están en manos del partido de gobierno oficialista, han provocado una práctica paralización del proceso autonómico en el país. Por otro lado, son escasas las iniciativas adoptadas por otras entidades autónomas que no están conducidas por gobernadores o alcaldes alineados al MAS.

Finalmente, no es posible establecer condiciones de sustentabilidad al crecimiento económico asentado solo en el rentismo que genera la exportación de materias primas, si no superamos el extractivismo monoproductor y monoexportador de éstas, y sin diversificar nuestra economía generando polos de desarrollo industrial en una sinergia entre la inversión pública y el tejido productivo de la micro, pequeña, mediana y gran empresa. Solamente superando el conocido, burocrático y corrupto estatismo improductivo y la privatización neoliberal del pasado podremos generar condiciones de un desarrollo y crecimiento económico sustentable que genere empleo permanente para nuestra comunidad.

No se trata de un mero “juego de palabras”, como afirma algún sociólogo. Se trata de una armoniosa combinación equilibrada de una república que debe adquirir el carácter de una interculturalidad plurinacional, ser autonómica y generar riqueza duradera produciendo al menos lo que comemos, lo que vestimos y sentando las bases productivas para diversificar nuestras exportaciones en base a la industrialización de nuestras materias primas.

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