Animal Político

Respuesta a Gudynas sobre el ‘colonialismo simpático’

Resulta que conceptos descriptivos y unidimensionales como ‘extractivismo’ y ‘neoextractivismo’ son menos útiles que la dialéctica marxista para el pensamiento crítico y la acción política.

La Razón (Edición Impresa) / Centro para el Desarrollo

00:00 / 25 de octubre de 2015

En el artículo publicado en Animal Político el domingo 27 de septiembre, Romper con un colonialismo simpático, Eduardo Gudynas acusa a David Harvey de ser parte de un “colonialismo simpático”. De acuerdo con Gudynas, la presencia de Harvey en América Latina y la “moda” de su marco teórico marxista brindan apoyo ideológico a algunos gobiernos de la región. En este artículo, el Centro Nacional de Estrategia para el Desarrollo al Territorio (Cenedet), equipo de investigación liderado por David Harvey en Ecuador, responde a Gudynas, enfatizando la utilidad de la obra de Harvey para el pensamiento crítico y las luchas anticapitalistas en América Latina, frente a la superficialidad del análisis de Gudynas respecto al “extractivismo”.

Uno de los aportes fundamentales del pensamiento de Harvey es el concepto de acumulación por desposesión, el cual ha sido sumamente útil para movimientos sociales que denuncian el despojo al que han sido sometidos los pueblos de toda América Latina. Nos parece inquietante que este concepto sea el enfoque de la crítica que hace Gudynas contra Harvey.

¿Acaso la postura de Gudynas responde a la sensación de que él mismo ya no está tan “de moda”, y por eso ataca una teoría que sirve más a los movimientos opuestos al llamado “extractivismo”? En su artículo argumenta que algunos gobiernos de América Latina critican el “capitalismo global” para así encubrir la reproducción que ellos mismos hacen de las relaciones sociales del capital al interior de los territorios nacionales. Pero su propia crítica a Harvey por lo que él juzga como un “colonialismo simpático” reproduce, en el ámbito del pensamiento académico, la misma tendencia de culpar a fuerzas externas para evitar un cambio interno, rechazando así una teoría poderosa por su origen en el “norte” para encubrir las debilidades de su propio marco teórico.

Sin especular más sobre sus motivos, es necesario aclarar unos errores básicos de Gudynas en su presentación de la teoría de acumulación por despojo. Gudynas se refiere a ésta como una simple reproducción de la teoría de Carlos Marx de acumulación primitiva —de la separación entre el campesinado y la tierra como base de las relaciones sociales del capital. Es cierto que Harvey toma inspiración de Marx a este respecto, pero su argumento es que estos procesos de despojo son mucho más amplios de lo que Marx indicaba, y que no son procesos simplemente del pasado sino que continúan vigentes en el capitalismo contemporáneo.

De acuerdo con Harvey, existe una relación dialéctica (concepto que aparentemente queda fuera de la comprensión de Gudynas) entre la reproducción ampliada del capital  —a través de la producción y acumulación de la plusvalía en la explotación de la fuerza de trabajo— y la acumulación por desposesión, basada en el robo directo de los valores de uso y su transformación en valores de cambio a través de procesos de mercantilización.

En el contexto de las crisis del capital (dinámica que Gudynas tampoco comprende), cuando la reproducción ampliada se frena y el crecimiento económico se vuelve negativo, los procesos de acumulación por desposesión asumen más importancia para el capital. Según Harvey, la intensificación de la acumulación por despojo en la fase del neoliberalismo ha sido una expresión de la crisis de reproducción ampliada en el ámbito global, puesta en marcha desde los años 70.

Para Gudynas, este enfoque en el nivel global es una gran debilidad del pensamiento de Harvey para pensar las realidades concretas de América Latina. Parece que él (Gudynas) no comprende la importancia de examinar la relación entre las escalas geográficas —lo cual es fundamental para generar una crítica de las dinámicas del capitalismo, que opera simultáneamente en las dimensiones de lo local y lo global. En esto radica precisamente la utilidad del concepto de acumulación por desposesión: nos permite articular, por ejemplo, el despojo violento de una comunidad indígena en la Amazonía ecuatoriana con la sobreacumulación de capital en China, en lugar de simplemente denunciar el hecho como consecuencia del “extractivismo” en abstracto.

Resulta que conceptos descriptivos y unidimensionales como “extractivismo” y “neoextractivismo” son menos útiles que la dialéctica marxista para el pensamiento crítico y la acción política. Es por eso —y no debido a un supuesto “colonialismo mental”— que los intelectuales y movimientos sociales de América Latina están utilizando los conceptos de Harvey en lugar de las ideas de Gudynas.

Al respecto, es importante notar que el mismo concepto de “extractivismo” de Gudynas está basado en las teorías de “enfermedad holandesa” y la “maldición de los recursos” —teorías que no solamente son “del norte” sino también de la economía neoclásica, es decir, del pensamiento burgués. Este es un problema mucho más grave que su génesis geográfica, cuando estamos refiriéndonos a un concepto que tiene pretensiones de ser una herramienta útil en las luchas subalternas.

Gudynas presenta la acumulación por despojo como si fuera la única cosa que se hubiera pasado por la cabeza de Harvey en toda su larga vida. Al contrario, este concepto está construido sobre la base de una obra teórica inmensa que nos ofrece una estructura compleja y coherente para pensar la relación entre la acumulación del capital y la producción y destrucción del espacio social. Otros ejemplos de la aplicación de su marco teórico en América Latina incluyen: el capitalismo rentista, los megaproyectos infraestructurales, las utopías espaciales, el empresarialismo urbano, el ecosistema del capital, y la reivindicación de formas de propiedad que priorizan el valor de uso sobre el valor de cambio. (Gudynas dice que el concepto de valor de uso no tiene aplicación en América Latina, sin embargo los pueblos indígenas despojados de sus tierras y de la posibilidad de reproducir sus vidas podrían ofrecerle otra perspectiva.)

Invitamos a los lectores a revisar los documentos de trabajo que hemos realizado en nuestro centro de investigación, que parten de lecturas heterodoxas del marxismo y combinan ideas de pensadores de América Latina y otras latitudes dentro de espacios de diálogo no restringidos a la academia —como fuera la reciente Convención de Verano [reunión de “académicos, artistas radicales y activistas nacionales e internacionales” en Quito, Ecuador, del 3 al 8 de agosto, que abordaron “las dimensiones del déficit democrático que enfrenta el mundo”. Web del Cenedet].

Nuestro trabajo muestra por qué la obra de Harvey es una herramienta crítica mucho más potente que el marco de Gudynas para pensar el capitalismo actualmente existente. Al respecto, hay que enfatizar que la obra de Gudynas es incluso cómplice en las fantasías de un capitalismo simpático, basado en el ecoturismo y en “otros saberes”, con lo cual pretende defender los “derechos de la naturaleza” sin confrontar las relaciones sociales del capital en sí.

Frente a este empobrecimiento del pensamiento crítico, proponemos un marxismo heterodoxo, antipático a visiones simplistas que plantean alternativas falsas a la realidad del capital. Contra el capitalismo simpático y el colonialismo burgués de Gudynas, empezamos desde la llamada que hizo Marx a “una crítica despiadada de todo lo existente”.

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