Animal Político

Restaurar la paz entre Israel y Palestina

En un conflicto, la tarea de restaurar la paz es más difícil después de que se instala la violencia; los efectos visibles y no visibles dejados por la  misma permanecen durante un largo tiempo. En esta fase, el énfasis se debe poner en la reconciliación, la resolución y la reconstrucción.

La Razón (Edición Impresa) / Antonio Aramayo Tejada

00:00 / 31 de agosto de 2014

Los antecedentes recientes del conflicto palestino-israelí se remontan a 1947, cuando la resolución 181 de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) dividió el territorio de Palestina —en ese entonces bajo mandato británico— en dos Estados; poco después (1948) se creó el Estado de Israel, sin que desde entonces se pueda materializar un Estado palestino. En 1948 Israel anexó Jerusalén oeste, y Egipto y Jordania ocuparon Gaza y Cisjordania, respectivamente. En 1967, Israel invadió Jerusalén Este, Cisjordania y Gaza, tras vencer en la “Guerra de los Seis Días” a los países árabes.

No fue hasta los acuerdos de Oslo (1993-1994) que la autonomía de los territorios palestinos sería formalmente reconocida, aunque su implementación se vio impedida por la ocupación militar y por el control del territorio impuesto por Israel. El enfrentamiento entre Israel y los diferentes actores palestinos se reinicia en 2000 con el estallido de la Segunda Intifada, propiciada por el fracaso del proceso de paz promovido a principios de los años 90. Desde entonces hasta la actualidad, la región se ha visto permanentemente asediada por la guerra y la violencia.

Conflicto. Según Johan Galtung (sociólogo y matemático noruego, trabaja la sociología de la paz) los conflictos profundamente arraigados, como es el caso de Israel y Palestina, contienen una ansiedad por la violencia que se expresa en cinco momentos: (1) políticamente se decide imponer la voluntad del perpetrador; (2) golpea a los no violentos, los inocentes, los civiles; (3) trae consigo el pánico, la humillación, el terror; (4) la violencia es impredecible en la elección de tiempo, el espacio y/o la víctima; y, (5) el perpetrador tratará de protegerse a sí mismo contra la revancha. Estos cinco puntos son igualmente válidos para los dos tipos de perpetradores: los que están en contra o los que están a favor del Estado, que a su vez son terroristas o terroristas de Estado.

En este contexto, las tres características más importantes para encarar la conflictividad con un enfoque transformador —la empatía, la creatividad y la no violencia— son anuladas, dejando el espacio libre a odios y resentimientos que se van enquistando en la sociedad, naturalizando actitudes violentas, donde las víctimas sueñan con la venganza y los perpetradores sueñan con más victorias.

La violencia no es un medio eficaz ni sostenible para reivindicar necesidades y aspiraciones de las partes en conflicto, porque a la larga sus resultados son de corto plazo, y lo único que genera son distancias y relaciones irreconciliables.

Por estas razones, este conflicto profundamente arraigado resulta muy complejo en la medida en que se pierden los parámetros de la justicia, de las necesidades básicas (sobrevivencia-bienestar, libertad e identidad) y de la misericordia.

Como afirma el experto Beinusz Szmukler, intelectual de origen judío, “la política de Israel es suicida a largo plazo porque promueve el odio de todos los estados que la circundan”. Lo que le sustenta es un militarismo creciente y sofisticado, a través de pactos estratégicos con los Estados Unidos. Pero la historia se encargará de mostrar que estas alianzas —que parecen sólidas y perpetuas— se desmoronan cuando aparecen otros intereses geopolíticos y económicos, que en su momento pueden ser más beneficiosos para los intereses estratégicos del que es hoy fiel aliado o cuando la carga se hace muy pesada.

También está latente la posibilidad de que se aplique a Israel, como ocurrió con Sudáfrica, un boicot económico y político como una forma de expresar el repudio de ciudadanos del mundo por esta afrenta genocida contra Palestina.

Paz. La letalidad y larga data del conflicto han complejizado su gestión; sin embargo, cada vez se suman más voces internas disonantes en ambos pueblos, y también fuera de ellos. En Palestina hay una división muy fuerte entre ciudadanos que apoyan a Hamas y ciudadanos que están con Al-Fatah. En Israel tampoco todos están de acuerdo con la violencia; si bien hay un buen porcentaje que sí lo está, hay otro que no, que tiene la disposición de ir encontrando reconciliación.

En el corazón de las sociedades israelí y palestina hay esfuerzos importantes hoy día, experiencias de diálogo y de reconciliación entre partes heridas. Por ejemplo, en Israel existe una asociación civil constituida por madres israelíes y palestinas que se llama Parent Circule, las cuales desde hace años se están entendiendo y platicando sobre la violencia, sobre lo que fue perder un hijo. Esas mamás se encuentran enlazadas entre ellas por la reconciliación y por comprender el dolor del otro.

En un conflicto, la tarea de restaurar la paz es más difícil lograrla después de que se instala la violencia; los efectos visibles y no visibles dejados por la misma permanecen durante un largo periodo de tiempo. En esta fase, el énfasis se debe poner en la reconciliación, resolución y reconstrucción, procesos que se interrelacionan y complementan.

Tanto la ONU como su Consejo de Seguridad tienen el mandato de garantizar la paz; para ello deberían lograr el cese de hostilidades sin plazos fatales, enviar una fuerza internacional para avalar un acuerdo inicial, reanudar las negociaciones previa conformación de un equipo internacional de mediadores que dialoguen con cada una de las partes, tomando en cuenta tanto a autoridades políticas como a organizaciones sociales y religiosas, entre otras.

En este sentido, los pasos necesarios para restaurar la paz se sustentan en hechos como: buscar que las asimetrías —determinadas por los poderes bélico y económico o por alianzas estratégicas— no sean tan fuertes como lo son actualmente; en el proceso de negociación deberían estar incluidas las dimensiones personal, relacional, estructural y cultural; en acercar a la sociedad civil de ambos pueblos; en valorar en su real dimensión la posibilidad de establecer un proceso ecuménico entre judíos, musulmanes y cristianos. Así mismo, tomando en cuenta la opinión de varios especialistas, se debería analizar y definir la constitución del Estado Palestino con soberanía territorial y política. 

Una resolución pacífica del conflicto es posible. La necesidad de encontrar una salida está en el alma de cada una de las personas que en este momento están sufriendo la guerra, lo que permitiría dar lugar a un verdadero encuentro, que aunque no se dé inmediatamente puede concretarse en el transcurso del tiempo.

Concordando con el sudafricano Desmond Tutu, Premio Nobel de la Paz, es necesario recordar que en estas delicadas circunstancias la bondad prevalece al final: “no existe problema humano irresoluble cuando las personas aúnan sus esfuerzos con el sincero deseo de superarlo. No hay paz imposible cuando la gente tiene la determinación de lograrla”.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia