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Revivir a Conade es un error histórico

El autor hace una revisión histórica sobre los contextos de la entidad creada en 1980 y cuestiona a la actual.

Revivir a Conade es un error histórico.

Revivir a Conade es un error histórico.

La Razón (Edición Impresa) / José Pimentel

21:20 / 24 de enero de 2018

Estamos frente a dos hechos históricos totalmente diferentes. En 1980, cuando se crea el Comité Nacional de Defensa de la Democracia (Conade), la Central Obrera Boliviana (COB), el núcleo central de toda la sociedad boliviana y los partidos políticos, en su generalidad, acordaron defender el proceso democrático, aunque no todos esos actores tenían una misma visión de caminar hacia una democracia popular y participativa. Por eso, cuando se produce el golpe de Estado (17 de julio de 1980), sectores como el MNR-Histórico y ADN de Hugo Banzer se adhirieron al golpe. Fue en ese escenario, la resistencia se circunscribió a las fuerzas organizadas en torno a la Central Obrera Boliviana que representaba a todo el pueblo en la medida en que la COB es una institución policlasista.

Hoy, cuando tenemos un ascenso de la democracia y en momentos en que los poderes del Estado han cambiado en cuanto su composición clasista, resulta una aberración el planteamiento de una defensa de la democracia cuando debería valorarse la participación y profundización del actual proceso democrático en el país.

Este es un contexto histórico que permite establecer objetivamente la existencia de un error: la constitución o revivir a una institución que tenía otro sentido en 1980.

Ese año, si bien la política de Estados Unidos había cambiado de la doctrina de seguridad nacional a la promoción de unas democracias controladas, todavía persistían las dictaduras militares en Argentina, Brasil, Chile y Paraguay. Ahí Bolivia aparecía como pionera en la apertura de un espacio democrático con la presidencia de Lydia Gueiler, y Estados Unidos y los países europeos aplicaron medidas para aislar al gobierno que se instaló por efecto de un golpe de Estado en 1980. En la actualidad, todos los países latinoamericanos viven bajo el sistema democrático y podemos decir que en el país los sectores populares han avanzado en cuanto a su participación política en un Estado, que muchas veces ha sido excluyente de los sectores populares. Este es el gran avance de la democracia en Bolivia, pues son los sectores populares los protagonistas en todos los niveles.

En la década de los 80, el discurso de la democracia se sustentaba en la exigencia de respeto a los derechos humanos, la demanda de una mayor participación y la lucha por una nueva Constitución que absolviera los intereses del pueblo en su conjunto, muchas leyes, como los códigos Banzer, que conculcaban las libertades y restringían las acciones políticas de los ciudadanos. En la actualidad, se pretende construir un discurso contra este sistema, con medidas de carácter sectorial y grupal, como es el caso de los intereses de choferes y médicos, de profesionales, etcétera. Son sectores que no logran configurar un discurso realmente democrático.

En 1980 vivíamos en un país marginal y fue desde ese año que se activó un proceso hiperinflacionario que para inicios de 1982 llegó al 400%, por efecto del derroche y endeudamiento que protagonizaron las dictaduras militares. Para cuando comenzó el gobierno de la UDP se desató una inflación que llegó al 20.000%. Hoy, la situación económica es realmente alentadora, pues tenemos índices de inflación muy bajos y una economía con bastantes reservas monetarias, con indicadores que han superado los elevados índices de pobreza. Los informes más recientes señalan que dos millones de bolivianos han pasado a formar parte de la clase media y esto genera una tendencia para que las diferencias sociales se acorten. Esto también es un triunfo de la democracia.

Ahora bien, la COB, que era el referente de todos los sectores, ha sufrido un desgajamiento, pues ya no forman parte de ella varias organizaciones de profesionales, y los campesinos y otros sectores como los interculturales han buscado un derrotero político al margen de la COB. Esta institución ha perdido fuerza y debería reflexionar para convertirse en el bastión de la sociedad civil.

Dicho esto, no se percibe una proyección política para este Conade.

  • José Pimentel es presidente de la Comibol y exdirigente minero

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