Animal Político

La Revolución del 9 de abril de 1952

El historiador Luis Antezana Ergueta publica el libro ‘La Revolución del 9 de abril de 1952’. El texto desarrollado en esta página corresponde al prólogo del libro, escrito por Cárdenas del Castillo.

La Razón (Edición Impresa) / Eric L. Cárdenas del Castillo abogado, sociólogo, licenciado en Ciencias Políticas

00:00 / 23 de abril de 2017

La Revolución Nacional ha sido ciertamente un hito en el desarrollo político de nuestro país, y después de agosto de 1825 en que se firma el Acta de la Independencia del Alto Perú (hoy Bolivia) es, sin duda, la segunda revolución en cuanto a la concepción de lo que es una revolución, es decir un proceso de “cambio de estructuras”. La de 1825 cambió la situación de un Estado colonial dependiente de la Corona española a una República independiente, y la de 1952 —la Revolución Nacional— de un Estado feudal incipiente a un Estado moderno autosostenido —con limitaciones estructurales—, de tal manera que una ha sido la Bolivia pre Revolución Nacional y otra la posrevolución.

Han transcurrido más de 60 años desde el 9 de abril de 1952, cuando el pueblo en armas se levantó y en tres días de combate derrotó a las fuerzas militares del último gobierno de la “rosca”, es decir de los intereses de un reducido grupo de individuos y empresas, tal es así que la historia se suele determinar por periodos de la era de la plata, la era del estaño, etc. Siempre en función de la explotación de recursos naturales no renovables, precisamente para superar ese cuadro, la Revolución Nacional hizo importantes esfuerzos para diversificar la economía del país, volcando energías y recursos a otros rubros en especial la agroindustria. Fruto de esa política es Santa Cruz, como centro de la producción de diversos productos agrícolas exportables.

Las medidas revolucionarias del proceso de abril han sido de tal manera profundas que, pese a los intentos “restauradores” de noviembre de 1964, siguen vigentes y han cambiado las estructuras de Bolivia: la nacionalización de las minas, que transfirió la propiedad de las grandes empresas mineras a la nación, quitándoles el poder económico y por supuesto político a los “barones del estaño”; el voto universal, que incorporó a la población indígena a la ciudadanía plena, con todos los derechos y obligaciones del ciudadano libre; la Reforma Agraria, con la que se dotó las tierras en propiedad absoluta a los campesinos que la trabajaban; la Reforma Educativa, que abrió el proceso del conocimiento a millones de individuos —en especial los campesinos indígenas— que estaban marginados de la educación formal y otras medidas que han cambiado el país.

Han sido numerosos los historiadores e investigadores nacionales y extranjeros —más estos últimos— que, transcurridos los años necesarios de perspectiva histórica, han reconocido los logros de la Revolución Nacional boliviana, considerada entre las revoluciones más importantes del siglo XX en el mundo.

Entre los más destacados estudiosos de la Revolución Nacional está el autor de este libro, que con mucho honor prologamos, el historiador Luis Antezana Ergueta que, entre los numerosos escritos publicados como libros y folletos, nos entrega ahora éste sobre el “9 de abril”, y es que el proceso de la Revolución Nacional en su etapa de plenitud tuvo en el día del 9 de abril el momento inicial de la revolución, y decimos etapa de plenitud porque entre 1943-1946, en el gobierno MNR-Radepa, presidido por el mayor Gualberto Villarroel, se dieron los primeros momentos de cambio.

Antezana Ergueta hace en este libro un análisis de los antecedentes teóricos de la Revolución en los escritos de Cuadros Quiroga, Paz Estenssoro, Guevara Arze, Montenegro, la Tesis de Pulacayo y otros. Los gobiernos de Melgarejo, el Liberalismo, la Guerra del Chaco, el MNR y Villarroel, el exilio en Buenos Aires, la Guerra Civil de 1949, las elecciones de 1951 y el “mamertazo”, etc., para entrar en detalles de la preparación y el hecho mismo del 9 de abril de 1952, dándole a este trabajo el carácter de una investigación profunda y por supuesto de gran valor bibliográfico sobre el tema. Ya antes Antezana entregó nueve tomos de su Historia secreta del MNR, que es uno de los aportes más completos sobre el proceso de abril.

El 9 de abril de 1952, como sostiene Antezana, no fue un hecho casual o espontáneo, como afirman algunos interesados en desconocer y adulterar los acontecimientos históricos, sino que fue largamente preparado por los revolucionarios del MNR desde la caída de Villarroel. La sañuda persecución de los dirigentes movimientistas dio lugar al crecimiento geométrico de los dirigentes movimientistas, a que los sectores fabriles, mineros y la clase media se volcaran a las filas del MNR y luego participaran en la lucha armada los días 9, 10 y 11 de abril, derrotando a 11 unidades militares bien pertrechadas en las calles de las ciudades de La Paz y Oruro. El autor nos relata con detalle la participación de las unidades militares (grandes y pequeñas), así como su derrota, los personajes que dirigieron las acciones del pueblo tornado en milicia popular, sus vacilaciones y coraje.

El autor, a quien con propiedad podemos denominar el “cronista de la revolución”, pone a consideración de los lectores, una vez más, la investigación de un hecho histórico que se debe seguir revisando, por la trascendencia que ha tenido y tiene aún hoy, a más de 60 años, pese a los intentos de olvido y desconocimiento de la reacción conservadora al proceso y de los populistas seudosocialistas de la mal llamada izquierda. Ambas tendencias extremistas se unieron para derrocar y asesinar a Villarroel, a derrocar al MNR e interrumpir el proceso de la Revolución Nacional el 4 de noviembre de 1964, en contubernio vergonzoso que ya la historia se ha encargado de censurarla.

El pueblo en armas, en sus sectores populares y de clase media, fueron los heroicos luchadores en las jornadas de abril y será siempre el guardián incorruptible de la defensa de los intereses de la patria y sus hijos más necesitados.

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