Animal Político

Rol político de la Iglesia para acercar a los pueblos

El acercamiento entre Cuba y Estados Unidos viene de una larga gestión hecha por el Vaticano y  que es culminada con la mediación del papa Francisco.

La Razón (Edición Impresa) / Juan Carlos Núñez

00:00 / 28 de diciembre de 2014

Hemos sido testigos de un hecho histórico para nuestra América con el anuncio del restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Un hecho que marca un hito en la geopolítica: el cierre de los efectos de la Guerra Fría que ha tenido al pueblo cubano sumido en un cerco económico y tecnológico que se constata en la situación actual, pese a los esfuerzos y solidaridad que siempre ha demostrado este pueblo con el mundo.

Le queda al presidente Obama una batalla en el Congreso norteamericano, pues los sectores más conservadores y reaccionarios siguen en la política de la mano dura y la consideración de América Latina como su “patio trasero”. Lo que se espera es que exista una adecuada lectura del momento que vivimos en el mundo que está demandando un nuevo ordenamiento internacional. Ojalá sea por la vía pacífica, más aún en un continente que empieza a impulsar su desarrollo con crecimiento económico constante y con la expectativa de que sea sostenible en el tiempo.

IDEOLOGÍA. Es interesante que este hecho sea también la conclusión de una mirada ideologizada de la relación del imperio con sus áreas de influencia, discurso que seguimos escuchando como si el escenario de la Guerra Fría no hubiese pasado. Esto se observa especialmente donde existen gobiernos considerados progresistas —pero que en sus actos son más populistas, de la lógica del “blanco o negro”, de considerar al rival como enemigo— que han tenido como referencia a la patria cubana como modelo de resistencia y acción antiimperialista y que hoy abre su economía y su política al fortalecimiento de una democracia y defensa de las libertades y derechos, que permita una institucionalidad del Estado en bien de su población.

El acercamiento tuvo protagonistas que de manera silenciosa y con capacidad diplomática, digna de las referencias internacionales que hay de ella, se ha transformado en un puente de diálogo y concertación; me refiero al rol que tuvo que cumplir el Santo Padre, Francisco, un papa que con su carisma personal, que bien ha sido reflejado en las distintas opiniones de líderes internacionales, permite un acercamiento en temas de conflictividad mundial que podrían llevar a confrontaciones e inclusive a guerras internacionales con las consecuencias que esto trae.

Este rol que en el tiempo ha desarrollado la diplomacia del Vaticano resalta nuevamente en el resultado positivo del restablecimiento de relaciones entre Cuba y EEUU después de más de 50 años de rompimiento. Son muy buenas lecciones para entidades que están creadas para estos fines, como Naciones Unidas, que está muy echada a menos, con burócratas y tecnócratas que no responden a los nuevos retos, y si hablamos del rol que cumple en nuestro país, en especial en derechos humanos, hay mucho que criticar.

Pero sigamos con el rol que ha cumplido el papa Francisco, que es una continuidad de esfuerzos realizados por la diplomacia vaticana a través de anteriores papas, como Juan Pablo II o Benedicto XVI, quienes en sus pontificados han visitado Cuba, han dialogado con los líderes de estos países. Parece que el logro del papa Francisco es la conclusión de un proceso que lleva años de diálogos y gestiones diplomáticas.

CONTACTOS. Partiendo del principio de “resolver cuestiones humanitarias de común interés”, ha permitido los contactos tanto con delegaciones de Estados Unidos como de Cuba, un tema que ha asumido de manera personal y directa el papa Francisco y su secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, experto en la problemática latinoamericana.

Por lo visto, estos esfuerzos del Vaticano, buscando construir lazos y pilares para la paz mundial y la reconciliación entre naciones, culturas y pueblos, se transforma en una de las agendas principales del papa Francisco. Se comenta que también de manera silenciosa y positiva está trabajando en Venezuela, buscando puentes de encuentro entre oposición y oficialismo, o en Oriente con el encuentro entre israelíes y palestinos, así como con la lucha contra el yihadismo en el mundo o el acercamiento que se busca con China.

Del resultado de restablecimiento de relaciones se pueden rescatar varios testimonios del carisma del Santo Padre, como por ejemplo del propio presidente Obama, que ha declarado refiriéndose al Pontífice: “La suya es una voz que el mundo debe escuchar”; en su visita en marzo de este año, Obama refirió una frase muy interesante: “Él nos desafía. El Papa nos pone ante los ojos el peligro de acostumbrarnos a la desigualdad. Y su autoridad moral hace que sus palabras cuenten. Con una sola frase, él puede focalizar la atención del planeta”.

Con estas aseveraciones podemos indicar que estamos ante un pastor de la Iglesia Católica capaz de influir en los líderes más importantes del mundo, que es un valor importantísimo ético y moral cuando se acaban los discursos ideológicos, técnicos, populistas o revolucionarios que, finalmente, vayan a buscar este tipo de mediaciones que lleven a superar situaciones que a veces parecen no tener salidas.

Este espacio ético-moral que la Iglesia ha construido debe ser respetado por todos y todas, creyentes o no, porque permite contribuir a la pacificación, a recordarnos la realidad de la humanidad, las situaciones de injusticia en que vivimos y los mensajes de esperanza que nos permiten enriquecernos como humanidad.

Más allá de las consideraciones confesionales que conlleva un líder religioso como el papa Francisco, está claro que hace política como parte de su tarea pastoral y está intrínseco este rol en la tarea evangelizadora de la Iglesia. No tendría sentido predicar en un ámbito fuera de la realidad.

Interesante enseñanza para quienes pregonan que la Iglesia debe estar en los confesionarios y debe dejar de hacer política. Estas afirmaciones lo único que hacen es mostrar la mirada miope de algunos líderes y autoridades. Algunas expresiones vertidas en nuestro país critican el rol de la Iglesia y de sus pastores cuando se expresan sobre problemas estructurales que debieran ser resueltos bajo la lógica del bien común, pero esto incomoda a algunos que hoy están sentados en la silla del poder.

Qué mejor ejemplo que el del papa Francisco por ser un referente de la alta política, de la referencia ética para creyentes o no creyentes, ésa es la dimensión de la labor que busca desarrollar la Iglesia. Lo otro, quedarse en los confesionarios o simplemente en las acciones benéficas, sería perder su esencia y la humanidad acabaría eliminándose por sí misma.

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