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Santa Cruz da pautas de una agenda más allá de 2015

A un año del fin del plazo para el cumplimiento de los Objetivos del Milenio (2015), el G77 ve que no se van a poder cumplir tales metas en su totalidad, por lo que en la Declaración de Santa Cruz se ven pautas de lo que será la agenda posterior.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont

00:07 / 22 de junio de 2014

El 2015 vence el plazo para los Objetivos del Milenio. Una lectura de la Declaración de Santa Cruz muestra que el Grupo 77+China no es optimista en que los Objetivos del Milenio vayan a ser cumplidos por todos los países hasta la fecha prevista.

En el artículo 118 del documento de Santa Cruz se muestra y hasta proyecta el no cumplimiento, si no se sigue determinado proceder: “En el marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, se asumió un compromiso respecto de una alianza mundial para el desarrollo (...). No obstante, observamos con preocupación el considerable retraso en la alianza en relación con los Objetivos, que contribuyó a que no se lograran muchos de los objetivos y de las metas. Por consiguiente, pedimos que se cumplan urgentemente todos los compromisos asumidos en el marco de  la alianza mundial para el desarrollo con el fin de corregir los desfases”.

De este modo, se nota que se habría faltado a la alianza mundial comprometida. Por el resto del documento de Santa Cruz, en que se pide a los países desarrollados que cumplan con el compromiso de la Ayuda Oficial para el Desarrollo (AOD), se puede concluir que, sin decirlo directamente, se está culpando a los países desarrollados por el fracaso parcial de los Objetivos del Milenio.

Los Objetivos del Milenio son ocho: erradicar la pobreza extrema y el hambre; la enseñanza educativa primaria; la igualdad de género; reducir dos terceras partes de la mortalidad infantil; reducir tres cuartas partes la mortalidad materna; la lucha contra el sida y la malaria; lograr la sostenibilidad del medio ambiente; y fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

Si bien Bolivia ya cumplió, años atrás, con varias de esas metas, no todos los países del G77 se encuentran en la posibilidad de hacerlo, especialmente en el caso de los países africanos, por lo cual, desde hace varios años, en las declaraciones ese continente tiene un acápite independiente, dentro de los países con características especiales, como los países sin litoral o los insulares.

AGENDAS. En ese sentido, René Orellana, jefe de las delegaciones bolivianas para foros y cumbres sobre desarrollo sostenible y cambio climático, ve que en la cumbre de Santa Cruz y su declaración hay dos agendas en debate: la Agenda de los Objetivos del Milenio y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La primera terminando ya su plazo de vigencia y tomando en cuenta que “aún queda pendiente la erradicación de la pobreza y el hambre, tan duramente golpeadas por la crisis financiera”.

La segunda es una agenda que aún se escribe en papel en el marco de las Naciones Unidas y que espera contribuciones de los países en desarrollo y, en particular, del G77+China. Es llamada por Orellana la Agenda de Cambios Estructurales. Ésta va “más allá del horizonte temporal del 2015” y es parte de una agenda política con la que nace el G77+China y apunta a una serie de objetivos, entre los que destaca la construcción de una nueva arquitectura financiera internacional, la regulación del sistema financiero mundial, el respeto a la soberanía de los Estados en la definición de sus propios modelos y visones de desarrollo y en la conducción de la implementación de los mismos, así como en el control de los recursos naturales, la trasformación del sistema de gobernanza del sistema financiero, la consolidación de un sistema de comercio justo, la eliminación de barreras comerciales y los subsidios de los países desarrollados a su agricultura, la construcción de un sistema de regulación de precios de alimentos, y el desarrollo  y transferencia de tecnología.

Orellana también destaca la necesidad de crear entidades financieras del sur, “libres de la dominación” de las instituciones oficiales de Bretton Woods (conferencia monetaria y financiera de la ONU en 1944, en la que se creó el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional).

Aquí sin duda hay otra “veta notable” en la que están trabajando varias iniciativas regionales en el sur; una muestra es lo avanzado en “la decisión de contar con un banco del sur en el marco de Unasur (Unión de Naciones Suramericanas)”, ejemplifica.

A esto añade que se “evidencia la apertura de una reflexión sobre armonía con la naturaleza, madre tierra y vivir bien, que pasa a ser parte del debate en el grupo, difícilmente sin duda, por el carácter político de la agenda del G77+China, que está marcado más bien por temas vinculados al derecho al desarrollo (respecto al cual el grupo logró una declaración de Naciones Unidas en 1983)”. El jefe de delegación percibe “evidencias importantes” de la inclusión de estos temas.

“Recordemos que el primer principio de la Declaración de la Conferencia de Desarrollo Sostenible de Río 92 es justamente vivir en armonía con la naturaleza; los párrafos contenidos en la declaración de Santa Cruz sobre este tema constituyen sin duda parte de una línea de pensamiento y de diseño de instrumentos internacionales que guían la aplicación de ese primer principio, que tímidamente está empezando a tomar forma en los nuevos documentos de Naciones Unidas”. Sugiere que en esto, para que ya no haya esa lentitud, es “importante que el G77+China tome el liderazgo”.

El bloque “logró introducir” párrafos relativos al desarrollo “holístico, integral en armonía con la Madre Tierra” en la declaración de la Conferencia de Desarrollo Sostenible Río+20 (“El futuro que queremos”), así como el mandato de que el desarrollo “debe darse en el marco de la restauración y regeneración de los ecosistemas”.

“Hay sin duda aquí una veta de trabajo que hay que alentar en los próximos años y que forma parte del debate global en las orientaciones del desarrollo y en los conceptos del desarrollo”, señala anticipando la agenda post 2015.

FUTURO. En general, el temperamento de la Declaración puede también dejar ver el futuro de esta agenda global: “El tono de preocupación que se evidencia en la declaración sobre el intervencionismo y las agresiones a la soberanía de los pueblos y los Estados de los países en desarrollo por parte de potencias internacionales nos dice que el colonialismo y sus nuevas expresiones modernas siguen siendo elementos centrales de la agenda política global, así como lo fueron en los momentos de fundación del G77+China”, opina.

El colonialismo “remozado” de estos tiempos “se viste de acuerdos de libre comercio, de subordinación a sistemas financieros orientados al lucro y la exacción (una de sus expresiones son los ‘fondos buitre’ denunciados por la Presidenta de Argentina), a la constitución de marcos institucionales y normativos favorables al control de empresas transnacionales sobre nuestros recursos”.

Así, como en los 60 y 70, hoy “la denuncia que se hace del intervencionismo militar y el espionaje de parte de potencias del norte cobran sin duda gran vigencia” (la declaración menciona al espionaje realizado por Estados Unidos). Estos “métodos violentos” siguen siendo parte de las relaciones de dominación que “hacen a las prácticas neocoloniales”,  concluye.

Estos aspectos dan las pautas de lo que será la agenda post 2015, de hecho, en la Declaración hay menciones al 2030 como un nuevo plazo. Este tema seguramente será tratado en la Asamblea General de las Naciones Unidas de septiembre y sobre todo la del próximo año.

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