Animal Político

Seguidor del espiritismo

El polémico exalcalde de La Paz, autoridad en los tempestuosos años de ingobernabilidad del municipio, tras estar dos años en la cárcel y aún llevar procesos judiciales, hoy es decidido militante del espiritismo; aún ello, no deja de ser un animal político: Evo va ganar, y si Álvaro hace la escuela de cuadros, me gustaría apoyarle.

Germán Monroy Chazarreta

Germán Monroy Chazarreta Foto: Iván Bustillos

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano es periodista.

00:00 / 19 de febrero de 2017

En septiembre de 2016, Germán Monroy Chazarreta presentó su libro ¡Dale Chaza!, un texto que escribió, dice, como una reivindicación. “Lo empecé hace dos años, cuando dije: no me gusta la vida que tengo, estoy viviendo prácticamente en la clandestinidad, en la soledad, oculto; voy a tener un acto de dignidad y ese acto va ser escribir un libro”.

Monroy Chazarreta, exalcalde de  La Paz, procesado por hechos de corrupción, no deja de insistir en su inocencia. “Para justificar mi derrocamiento, el 99, me inventaron juicios”. En todo caso, producto de uno de esos procesos fue recluido en la cárcel de San Pedro, por dos años; ahí fue el bajón moral: “Yo caí en la Alcaldía y me metieron a la cárcel, allí me volví adicto a la cocaína, después era alcohólico; con eso más, mi vida estaba destruida; más bien, estaba vencido pero no destruido”.

Militante de izquierda desde joven, Monroy recuerda cómo se inició en la lid política formando el Grupo Tolata (en homenaje a los caídos en la Masacre de Tolata, durante la dictadura de Banzer). Poco antes del golpe de Luis García Meza, ingresa al Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR); tras el golpe de julio del 80, se exilia en México. Vuelve clandestino al año; “la represión era dura”.

Cae preso, sufriendo tortura. De allí es parte del Frente Obrero del MIR, lo que luego fue el MIR Masas, encabezado por Wálter Delgadillo; en esto, fue parte de la división del MIR, alejándose de los jefes históricos Jaime Paz Zamora y Óscar Eid Franco. Tras fracasos en candidaturas de izquierda, ya en el Movimiento Bolivia Libre (MBL) es candidato a alcalde de La Paz por esa tienda política, logrando el 91 ingresar al Concejo Municipal. Ese es el momento de nacimiento del “¡Dale Chaza”!, frase inventada por Pachi Ascarrunz; reelecto concejal el 93 (las elecciones ediles eran cada dos años), ya el 94 se aleja del MBL para ingresar en Conciencia de Patria (Condepa). Concejal por ese partido, junto con Mónica Medina, finalmente el 98 es electo alcalde; pero no deja de remarcar: fue “como producto del periodo de desestabilización política” que vivía la Alcaldía paceña. Su caída vino tras su destitución del cargo.

Hoy día, Monroy se reivindica “espírita”, partidario de la filosofía y religión espiritista. Firme creyente, Monroy no tiene problema en afirmar que él se comunica con el espíritu de San Francisco de Asís, del cual, asegura, recibió muchas enseñanzas.

Marxista de origen político, cuando se le pregunta cómo fue este tránsito del materialismo al espiritismo, tras un silencio, responde: “esa es la pregunta del millón”. Hoy mismo está empeñado en preparar su segundo libro, que tratará precisamente de las relaciones entre marxismo y espiritismo. “Hay un capítulo que yo llamo ‘Buscando el corazón de Marx’, y el último titulará ‘Ni Heguel ni Marx, Allan Kardec, el codificador de la doctrina espírita’”.

En su previsión, Evo Morales repostulará y ganará; pero surgirá otra fuerza de izquierda con la cual el MAS pactará y gobernará. Considera un intelectual de primer nivel a Álvaro García, y si él hace una escuela de cuadros, “yo quisiera colaborarlo”, afirma, porque le gusta enseñar. No deja de reprochar cierto racismo contra Evo: “mucha gente no acepta que un indio sea presidente”. 

Perfil

Nombre: Germán Monroy Chazarreta

Nació: 7 de marzo de 1956

Ocupación: Vendedor de su libro, otros textos en proyecto

Vida

A punto de cumplir 61 años, Monroy se muestra saludable, pese a sus agitada vida: ‘es el espiritismo’, dice, ‘eso enseña, que el espíritu mande al cuerpo’. Cree en la Pachamama, aunque no practica rituales andinos como la ofrenda de una ‘mesa’.

Carnaval de Oruro, una pesada carga de títulos

Juan Mejía Cisneros, es periodista

Uno de los bailes callejeros más impresionantes y ancestrales de Bolivia está a punto de maravillar y dejar patitieso y turulato, una vez más al mundo; me refiero al Carnaval de Oruro, que cada año llega con una pesada carga de títulos y nominaciones. En 1970 fue declarado Oruro como la “Capital del Folklore de Bolivia”, elevado a rango de ley en 1984; en 1994 otro Decreto declara “Patrona del Folklore Boliviano” a la Virgen del Socavón; en 1995 el Estado boliviano reconoce a la fastuosa entrada del sábado de peregrinación como “Patrimonio Cultural, Tradicional, Artístico y Folklórico”.

Pero el más importante reconocimiento a las 18 especialidades que tiene el Carnaval de Oruro, a los más de 50 conjuntos que recorren bailando más de tres kilómetros hasta llegar de rodillas, aunque duela, a los pies de la Mamita del Socavón, a los artesanos bordadores, a las bandas de música, al calvario, a las veladas y ensayos con traguito, a las lindas y sexis morenas, diablesas, caporalas, a los bailarines, en fin, a las mil manifestaciones culturales, fue el de la Unesco que proclama en 2001 al Carnaval de Oruro “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad”.

En 2008 el antruejo carnavalero es inscrito en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, y en 2012, el Parlamento Andino reconoce al Carnaval orureño como “Patrimonio Inmaterial de la Comunidad Andina”.

La pregunta del millón, tanto títulos y, ¿qué hicimos para merecerlo, aparte de las tradiciones que manifestamos año tras año en tiempos de Carnaval? No deseo agraviar al ejército de querendones de Oruro que compensan su actitud con la frase “yo soy un orureños del c…”; pero nos hemos cautivado con el título de patrimonio y nos echamos en cama. 

A nombre del Carnaval, los quirquinchitos son perseguidos para ser convertidos en matracas, hemos talado hermosos sauces  para armar graderías, bebemos alcohol para alegrarnos. Y otros disparos a quemarropa que hiere a muerte a la obra maestra.

Oruro debió ser una de las ciudades más bonitas y turísticas de Latinoamérica, pero algo falló, algo falla, algo va a fallar. Uno de los bailes callejeros más impresionantes y ancestrales está a punto de maravillar y dejar patitieso y turulato, una vez más al mundo.

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