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El Silala en el contexto de la demanda marítima

La recuperación de la soberanía sobre las aguas de los acuíferos del Silala es un paso estratégico en vista a una futura negociación por una salida soberana al océano Pacífico, debido a la urgente necesidad en el norte de Chile de agua dulce.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont

00:06 / 04 de abril de 2016

Es conocida la necesidad en que vive el norte chileno por la escasez de agua dulce, al ser una zona desértica. El anuncio de acudir a instancias internacionales en pos de la recuperación del ejercicio de la soberanía de las aguas de los acuíferos del Silala no es un hecho fortuito dicho al calor del 23 de marzo, ni uno improvisado. Sin duda, ese anuncio puede ser sustraído del contexto de la demanda en curso en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) sobre la obligación de Chile a negociar una salida soberana al océano Pacífico para Bolivia.

Como señaló el excanciller Gustavo Fernández: el “resultado neto” del juicio sobre el tema marítimo ya está dado: es negociación de una salida soberana para Bolivia, o negociación de una solución definitiva al tema. Es decir, el fallo de la CIJ demarcará estas dos opciones como las únicas posibles, por lo que hay que prepararse para una negociación. Es acá cuando entra el tema de las aguas del Silala. Recuperar la soberanía sobre estas aguas puede ser un elemento clave para la etapa pos-Haya en que Bolivia y Chile deban sentarse a negociar.

Naturalmente, para ello Bolivia debe “construir una posición de consenso nacional, como política de Estado, sobre el planteamiento que hará Bolivia para tener acceso soberano al Pacífico. ¿Qué elementos tendrá ese planteamiento? Eso implica una estrategia que considere la posición de los otros jugadores: ¿qué intereses tiene Chile y, eventualmente, Perú?”, afirmó Fernández.

Aún no se vislumbra ese planteamiento claro por el lado de Bolivia, por lo que deberá trabajarse en ello. En el caso de los intereses de Chile, un elemento clave, por su carestía en el norte de su territorio, siempre fue el agua. Es ahí donde cobra centralidad la legítima y legal recuperación de las aguas del Silala.

“En la zona norte de Chile no llueve nunca; esa región es un desierto inmenso bautizado por Almagro (...) como ‘el país de la desesperación’; allí los cursos miserables de aguas fluviales, si no se desplazan sobre costosos y pequeños canales, se insumen a poco de llegar a los arenales. (...) El adelanto económico y la existencia misma de sus habitantes depende del suministro normal y progresivo del precioso elemento”, escribió el diplomático Jorge Escobari en Historia diplomática de Bolivia.

Para saldar esta deficiencia, Chile ha buscado en repetidas oportunidades el modo de utilizar las aguas de la cuenca del altiplano. El Silala, un cauce que proviene de acuíferos y por tanto no tiene la categoría de río, ha sido vital para el desarrollo del norte de Chile. Este país no paga a nadie por este recurso.

“De acuerdo con los estudios realizados por el ingeniero hidráulico Antonio Bazoberry, la empresa que tuvo la concesión para usar esas aguas entre 1908 y 1997, inicialmente denominada The Antofagasta and Bolivia Railway, y también la Corporación Nacional del Cobre de Chile (Codelco), reciben desde hace muchísimos años más de 330 litros por segundo de las aguas del Silala y no pagan ni un centavo (Bazoberry: El mito del Silala. 2005: 113).  Asimismo, en un reportaje publicado por Página Siete (2011), el periodista Boris Miranda revela que esas aguas son vendidas actualmente por una empresa del grupo Luksic (Aguas Antofagasta) a la población del lugar y a Codelco, por un valor que supera los 50 millones de dólares al año, a pesar de que los costos de captación del líquido elemento son nulos para esa empresa”, escribió en la Tercera el diplomático Andrés Guzmán en 2013.

Por lo demás, cuando la Bolivia Railway Co. abandonó la administración del ferrocarril transfirió arbitrariamente en favor de Chile la concesión de las aguas del Silala que había obtenido legalmente en 1908, según Escobari Cusicanqui.

La demanda del Silala no puede desligarse del objetivo mayor que es una salida soberana para Bolivia, incluso en una futura negociación se puede considerar el aprovisionamiento de otras aguas en compensación. La idea no es nueva y fue crucial en la negociación que deriva del intercambio de notas de 1950 (documentos que son parte de las pruebas bolivianas de los ofrecimientos unilaterales que Chile hizo a Bolivia de negociar una salida soberana al Pacífico).

La negociación “agua dulce por agua salada” producto de las notas del 50 es una muestra del interés chileno de aceptar negociar una salida al mar a cambio de agua dulce del altiplano boliviano. Además, tal intercambio fue planteado por Chile durante la presidencia de Gabriel González Videla. La negociación no prosperó por una serie de impertinencias por parte de las autoridades chilenas a la prensa, la cual reveló que en determinado momento se habló de las aguas del lago Titicaca, compartidas con Perú.

El interés chileno por este recurso del altiplano boliviano comenzó con la concesión de las aguas del Silala en 1908. No obstante, hay otros proyectos que detalla Escobari Cusicanqui. En 1922 el ingeniero chileno Luis Lagarrigue presentó el proyecto de desviar las aguas del río desaguadero (muy lejos de la frontera con Chile) a través de un canal de 1.000 kilómetros hacia Pampa del Tamarugal en Chile.

En la IV Conferencia Mundial de Energía, el ingeniero chileno Reynaldo Harneker  proyectó usar aguas del lago  Coipasa de Bolivia y reencauzarlas hacia la quebrada de Cuya o Aroma hacia territorio chileno para riego y energía hidroeléctrica.

En 1954, en la V Conferencia Mundial de Energía, los miembros del Comité Nacional Chileno presentaron otro plan, esta vez para tomar posesión de 80 metros cúbicos por segundo de aguas del Desaguadero en su confluencia con el río Mauri, sacarlas de Bolivia y bombearlas por encima de la cordillera Occidental, para luego precipitarlas hacia Chile y usarlas para irrigación y producción de energía eléctrica.

Escobari también resalta el proyecto con el que utilizaría el agua de la negociación “agua dulce por agua salada”. Se trató del proyecto “Buckner” y “Siemmens-Schukert”, consistentes en tomar dos metros cúbicos del agua del Titicaca para realizar plantas hidroeléctricas para usos industriales en Bolivia, sur de Perú y norte de Chile, además de regadío.

Finalmente, está un proyecto que tuvo efecto de hecho: el desvío del cauce del río Lauca, de curso internacional. Este acto más que inamistoso, paradójicamente, se realizó el 14 de abril (1962), Día de la Unión Americana, como nota Escobari. 

Es decir, que con tantos ejemplos del interés chileno por agua dulce para sus territorios del norte, queda claro lo estratégico de la recuperación de la soberanía de las aguas de los acuíferos del Silala, sobre todo pensando en el fin superior de alcanzar un puerto soberano de Bolivia por donde comerciar con el mundo. Cualquier comentario sobre la reivindicación del Silala tachada como “cortina de humo” adolece de falta de una visión histórica en la perspectiva de una futura negociación o delata un desconocimiento de la historia.

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