Animal Político

Soldados de la ‘revolución’ en el gabinete preelectoral

Otro consejo de ministros

La Razón / Fabián II Yaksic

00:00 / 05 de febrero de 2012

El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”. Esta frase de Churchill, “prestada” en su discurso por el Presidente sin citar la fuente, para achacar a la oposición que no piensa en las próximas generaciones, sería ideal que realmente la asumiera para sí el Gobierno y el Presidente.

El “nuevo” gabinete, que ya no tiene una representación femenina del 50%, es poco “plurinacional” y bastante “clasemediero”, proveniente en su mayoría de esa “clase a medias”, como alguna vez descalificó el Presidente.

Ningún gabinete de Evo Morales tuvo ni tendrá un peso específico, más aún, cuando se condensa en el discurso y en la práctica el hiperpresidencialismo y culto a la personalidad que caracteriza al régimen masista. “El proceso de cambio es Evo y Evo es el proceso de cambio”, sentenciaba el Vice, lo que hace que la distancia de personalidad entre el Presidente y su gabinete sea abismal, lo que limita que sus colaboradores tengan algún margen de expresarle al Presidente realidades que no sean sólo las que quiera escuchar.

El Presidente necesita “soldados de la revolución”, como gustan llamarse algunos dirigentes del MAS y autoridades gubernamentales. Juan Ramón Quintana es un soldado disciplinado al momento de implementar y ejecutar las instrucciones presidenciales. El Presidente tiene un alto concepto de lo militar, por su disciplina y porque no discute las órdenes. Quintana responde perfectamente a este perfil, no sólo por su formación militar, sino por ser uno de los operadores políticos fanatizados con la imagen y liderazgo de Morales, por lo que su apasionamiento hace que sus impulsos y excesos discursivos dominen su accionar sin margen para la reflexión autocrítica. El Gobierno necesita de iniciativas políticas que remonten la deteriorada imagen no sólo gubernamental, sino ante todo presidencial; las encuestas dan cuenta que el Gobierno terminó el 2011 con un 35% de aprobación. Para ello se refuerza el gabinete político con un Quintana.

Un enroque es el de Carlos Romero, que es una suerte de comodín-bombero por su habilidad retórica y perfil concertador para apagar focos conflictivos. Ocupó las carteras de Desarrollo Rural, Autonomías y Presidencia. El Ministerio de Gobierno está reproduciendo las viejas prácticas partidocráticas de manejar a la Policía en función del interés político del partido de gobierno. La pérdida de institucionalidad en la Policía Boliviana hace que la ciudadanía pierda el respeto a la institución constitucionalmente llamada a ser la “fuerza pública que tiene la misión específica de la defensa de la sociedad y la conservación del orden público, y el cumplimiento de las leyes en todo el territorio boliviano”. Romero la tiene difícil, pues, no sólo deberá cambiar la imagen desacreditada de la Policía, sino transformar un Ministerio que administre responsable y democráticamente la fuerza pública. La inseguridad ciudadana se ha incrementado, entre otros factores, por la torpe utilización política de la Policía, que para que sea más efectiva es preciso que coordine sus acciones con las entidades territoriales autónomas (ETA), para dar pleno cumplimiento al mandato constitucional que establece que la competencia de la seguridad ciudadana debe ser concurrente entre el nivel central del Estado y las ETA.

Constitucionalmente hay funciones que ejercía la Policía y que ahora son competencia exclusiva municipal, como la del “transporte urbano, registro de propiedad automotor, ordenamiento y educación vial, administración y control del tránsito urbano”, y que los gobiernos municipales deben ejercerla plenamente, y lo deben hacer sin tener que enfrentar a comandantes policiales que consideran que están todavía en el viejo Estado centralista corrupto e ineficiente, cuando la ausencia de entidades territoriales autónomas hizo que la Policía asuma funciones eminentemente municipales. Ya es hora de que el Ministerio de Gobierno deje de usar a la Policía como aparato represivo del partido de gobierno y como autoridad cabeza de sector, logre resultados efectivos en materia de seguridad ciudadana y no interfiera políticamente cuando algún alcalde o gobernador no masista requiera la intervención policial para dar cumplimiento a sus funciones constitucionales. La manera como se administran los conflictos, desde el Ministerio de Gobierno, debe radicalmente modificarse para evitar las violaciones a los derechos humanos que siguen en la impunidad, como en los tiempos neoliberales.

La reincorporación de Pablo Groux al Ministerio de Culturas, luego de un año sabático en la Unesco, es el síntoma de que el Gobierno necesita de una mayor efectividad propagandística de sus eventos, pensando en las próximas elecciones. Groux conoce el oficio del espectáculo. La próxima Asamblea de la Organización de Estados Americanos, en Cochabamba, será seguramente su puesta en escena más importante de este año.

Los otros cambios que sustituyen a dirigentes sociales por perfiles técnicos (Justicia), a excepción de Medio Ambiente, pretenden optimizar la ejecución de la millonaria inversión pública presupuestada, ojalá con mayor transparencia, eficiencia, eficacia y con base en una planificación estratégica.

Por otro lado, están los no fusibles del gabinete en funciones desde el 22 de enero del 2006. El cajero Luis Arce, que maneja el gabinete económico con una visión fiscal monetarista y viejo estilo centralista, frente al bajísimo perfil del Ministerio de Planificación reducido al VIPFE (Viceministerio de Inversión Pública y Financiamiento Externo), para tramitar financiamiento externo. Otro “imprescindible” es el ideólogo del “vivir bien” David Choquehuanca, cuya misión fundamental será la de restablecer plenamente las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, lograr una “razonable” declaración de la Asamblea de la OEA a favor de nuestra demanda marítima y resolver favorablemente la denuncia a la Convención de Viena sobre las drogas. Sin estos logros, la “diplomacia de los pueblos” servirá sólo para mantener al país en el bloque de los amigos íntimos del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América).

Este gabinete preelectoral no debe olvidar su obligación constitucional de presentar a la Asamblea Legislativa Plurinacional el Plan General de Desarrollo Económico y Social que no tiene el Gobierno. De lo contrario, ningún ajuste de gabinete le cambiará el rostro a un gobierno que abandonó la planificación del desarrollo, para hacer de la improvisación, de la prueba y el error, una recurrente práctica con consecuencias económicas y políticas irreversibles, como las del ‘gasolinazo’.

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