Animal Político

Solidaridad con Grecia

Syriza no puede permitir que se reduzcan las pensiones y se ponga fin a la contratación colectiva. Se trata de dos pilares de la socialdemocracia europea. Al defenderlos, Syriza está defendiendo lo que hay de más luminoso en el patrimonio político, social y cultural de la Europa    del último medio siglo.

La Razón (Edición Impresa) / Boaventura de Sousa Santos

00:00 / 31 de mayo de 2015

Escribo desde Atenas, donde me encuentro por invitación del Instituto Nicos Poulantzas para discutir los problemas y desafíos que enfrentan los países del sur de Europa y los posibles aprendizajes que se pueden obtener de experiencias innovadoras, tanto en Europa como en otras regiones del mundo. Coincidimos en que lo que pase en los próximos días o semanas con las negociaciones de Grecia ante las instituciones europeas y el FMI (Fondo Monetario Internacional) será decisivo, no solo para el pueblo griego, sino para todos los pueblos del sur de Europa y para Europa en su conjunto.

¿Qué está en juego? Defender la dignidad y el mínimo bienestar de un pueblo víctima de una enorme injusticia histórica y de políticas de austeridad (además, mal calibradas) que propagan muerte y devastación social (visibles en las calles y en las casas), sin siquiera alcanzar ninguno de los objetivos con los que buscaron legitimarse. No sorprende que el primer punto del programa de Salónica de Syriza sea el alivio inmediato de la grave crisis humanitaria.

Con un compromiso militante que hace mucho desapareció de los grises políticos europeos, la viceministra para la Solidaridad Social, Theano Fotiou, me habló del modo en que está siendo organizado el rescate de los que cayeron en la pobreza extrema (programas de alimentación, electricidad y tratamiento médico gratuitos), no dejando de destacar la cooperación, de algún modo sorprendente, que han tenido dos bancos griegos para gestionar los sistemas de pago.

Más allá de las políticas de emergencia, el programa de Syriza, tal como el de Podemos en España, es un programa socialdemócrata moderado. Ésta es la gran ironía de Europa: los socialdemócratas de ayer son los liberales de hoy; los revolucionarios de ayer son los socialdemócratas de hoy. Las principales líneas rojas que Syriza no puede permitir que se crucen se refieren a la reducción de las pensiones y al fin de la contratación colectiva. Se trata de los dos pilares principales de la socialdemocracia europea. Al defenderlos, Syriza está defendiendo lo que hay de más luminoso en el patrimonio político, social y cultural de la Europa del último medio siglo. Es una defensa valiente en el proceso de negociación más asimétrico y desigual de la historia europea (y tal vez mundial) reciente. Una defensa que no será solitaria solamente si cuenta con la solidaridad activa de los ciudadanos europeos para quienes el pantano de la renuncia no es opción.

¿Qué es lo que viene? Acostumbro decir que los sociólogos son buenos para prever el pasado. Pero no es difícil distinguir, en las señales disponibles, más razones para el pesimismo que para el optimismo.

Sorprendentemente, una de las señales más perturbadoras para los griegos es el programa económico recientemente presentado por el Partido Socialista (PS) portugués. La radicalidad conservadora de algunas propuestas, sobre todo en el ámbito de las relaciones laborales y de las pensiones (más conservadoras que las del partido socialista español y muy semejantes a las del nuevo partido conservador español, Ciudadanos), lleva a considerar que dicho programa fue elaborado con inside knowledge, esto es, con conocimiento previo y privilegiado de las decisiones, por ahora secretas, que los “grandes decisores” europeos ya tomaron con relación a Grecia y a los países del sur de Europa.

Tanto en el dominio de las pensiones (erosión de las condiciones de sustentabilidad para justificar futuras reducciones) como en el de las relaciones laborales (erosión fatal de la contratación colectiva), el PS portugués se propone una política que viola las dos líneas rojas principales de Syriza y que, aplicada entre nosotros, pondrá fin a la mitigada socialdemocracia que conquistamos en los últimos 40 años. ¿Es un preanuncio de que Syriza va a ser sacrificado para servir de vacuna contra lo que puede ocurrir en España, en Irlanda, en Portugal e incluso en Italia? No lo sabemos, pero es legítimo tener una sospecha y una certeza.

La sospecha es que los “grandes decisores” buscan alcanzar el corazón de Syriza, haciendo que una parte de sus seguidores (sobre todo los que no dependen de ayuda humanitaria) lo abandonen, eventualmente con la promesa engañosa de que sin Syriza podrán obtener más benevolencia europea que con él.  La certeza es que, con la derrota de Syriza, los partidos socialistas que en su tiempo optaron por la tercera vía, sabrán muy pronto que esta vía es en realidad un callejón sin salida.

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