Animal Político

Sólo hubo dos alianzas programáticas en los últimos 31 años

La Unidad Democrática y Popular (UDP) y el Pacto por la Democracia de ADN y MNR reúnen características de acuerdo programático; el resto fueron pactos débiles fundados en la negociación por cupos de poder.

La Razón / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:06 / 24 de noviembre de 2013

En el actual contexto prematuramente electoralizado, las oposiciones al oficialismo buscan alianzas con diferentes tipos de agrupaciones y personalidades; mientras tanto, el Movimiento Al Socialismo (MAS) parece sentirse suficientemente fuerte para encarar solo la elección de 2014.

Ante este desigual panorama, es pertinente hacer un repaso de lo que fue la alianza política en los últimos 31 años de democracia boliviana. Destacan dos pactos programáticos: el de la Unión Democrática Popular (UDP) del 82 al 85 y el Pacto por la Democracia de 1985 a 1989. El resto de agregaciones tuvo un carácter o coyuntural o de cuoteo.

Para el analista Romano Paz, el único pacto según un programa político fue el de la UDP. “En esa etapa se vio una alianza programática, es decir de un grupo de partidos de la izquierda democrática unidos para llegar a la presidencia que inauguró no sólo la democracia moderna, sino su forma consensual”.

La UDP fue una alianza conformada por partidos de la izquierda. Tras ganar las elecciones de 1979 y 1980 con mayoría relativa, no pudo llegar a la presidencia en el Congreso de entonces, pues los dos procesos democráticos fueron interrumpidos indirectamente por los infructuosos pactos congresales y luego de manera directa por dos golpes de Estado que cortaron el proceso democrático: las asonadas de Natusch Busch y de García Meza.

Luego, tras el desgaste del gobierno de facto de García Meza, se valida la elección pasada y se da la silla presidencial al líder de la UDP, Hernán Siles Zuazo.

Este pacto tenía el reto de instaurar una democracia moderna hasta entonces inexistente en el país. Estaba formado por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), de Jaime Paz Zamora; Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierda (MNR-I), de Hernán Siles Zuazo; el Partido Revolucionario de la Izquierda Nacionalista (PRIN), de Juan Lechín Oquendo y Lidia Gueiler; y el Partido Comunista de Bolivia (PCB), de Óscar Salas. Su periodo constitucional también se interrumpió pues Siles entregó el poder a causa de la hiperinflación y la fractura de la alianza en el Congreso, llamando a elecciones en 1985, comicios que ganó el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Es acá que el analista cruceño Reymi Ferreira, contradiciendo a Paz, ve la única alianza programática de la historia de la democracia boliviana: el Pacto por la Democracia entre el MNR y Acción Democrática Nacionalista (ADN).

“La alianza más importante fue el Pacto por la Democracia porque fue el que generó un nuevo ciclo político, el del neoliberalismo. Sin hacer un juicio valorativo” —prosigue el académico— este acuerdo “garantizó” que se apliquen las “medidas neoliberales” y construyó un “orden político” que duró 20 años; aunque haya sido “regresivo y contrario” a los intereses de Bolivia, fue un modelo que generó “estabilidad política”. El resto de las alianzas de la era democrática fueron “un simple remedo” de ésta y terminaron en meros “cuoteos”, no tuvieron ningún fin “programático ni ideológico”. “La alianza entre MNR y ADN, el 85, era programática e ideológica. Impusieron un modelo de estado, en cambio, las posteriores eran repartijas de poder”, concluye.

En efecto, para poder hacer efectivo el Decreto 21060, con el que se terminaba el capitalismo de Estado y se inauguraba el neoliberalismo, la administración de Víctor Paz Estenssoro debía pactar la gobernabilidad con el partido de Banzer.

Luego siguieron diferentes pactos que, a diferencia de los que hoy buscan las fuerzas opositoras al MAS, en su mayoría eran posteriores a los comicios. Ahora se busca alianzas posiblemente porque desde la nueva Constitución se estableció la segunda vuelta, lo que demanda tener pactos previos para hacer frente a la hegemonía del partido de gobierno.

Siguiendo la primera lógica, se instituyó la democracia pactada. Tras las elecciones de 1989, se tuvo que los dos primeros fueron el MNR y ADN. El MIR quedó tercero, pero se hizo con las silla presidencial a través de un pacto con ADN.

La alianza se llamó el Acuerdo Patriótico y se basó en el reparto del poder: en la gestión de Paz Zamora se dieron ministerios a ADN a cambio de sus votos en el Congreso. Para la elección de 1993, esta coalición se mantuvo y Paz Zamora no se postuló, en cambio sí lo hizo Banzer, quien perdió y el pacto se fue debilitando hasta desaparecer para las elecciones de 1997, cuando cada uno tomó su camino.

Un ejemplo muy acorde al juicio de Ferreira, que decía que el resto de las alianzas sólo fueron de cuoteo, es la megacoalición (de carácter postelectoral) formada por Banzer en 1997. Estuvo compuesta por ADN, MIR, Conciencia de Patria, Nueva Fuerza Republicana (NFR), Unidad Cívica Solidaridad, Falange Socialista de Bolivia y el Partido Demócrata Cristiano, más el apoyo de Lechín.

Este ensayo de asociación fue el ejemplo exacto de una alianza no programática, pues sus componentes se pasaron los cinco años condicionando su apoyo por cuotas de poder. La siguiente elección, en 2002, se repitió la costumbre post-votación y en 2005 se abrió una nueva fase, según Paz y Ferreira, pues irrumpió el MAS, ganando una elección con más del 50% de apoyo, es decir sin alianzas posteriores en el Congreso.

“El 2003 (refiriéndose a la crisis de octubre de ese año) no sólo acabó con Goni, sino con la democracia pactada”, apunta Ferreira.

Para 2005, el sistema tradicional de partidos quedaba endeble y sin legitimidad. La solución: hacer una coalición preelectoral de varios partidos, eso debieron pensar Tuto Quiroga y quienes se cobijaron a su alrededor para crear Poder Democrático Social (Podemos). Este ejercicio se repitió de manera calcada para los comicios de 2009 bajo el nombre de Convergencia Nacional (CN), que no era sino Podemos con algunos nombres más o menos...

Exmiembros de estas coaliciones, como el senador Germán Antelo u Óscar Ortiz, dijeron repetidas veces a este suplemento que están conscientes de los errores que se cometieron en la formación de Podemos y CN, siendo el mayor de ellos su origen coyuntural, por lo cual en la actualidad trabajan para realizar alianzas programáticas e ideológicas para el largo plazo; sólo el tiempo dirá si lo logran.

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