Animal Político

TIPNIS y la trinchera mediática

Percepción distorsionada por el odio

La Razón / Manuel Canelas

20:34 / 16 de julio de 2012

Cuando en una discusión con algún amigo éste recurre a la frase hecha de “no estás siendo objetivo, y piensa: por ende, yo lo soy”. O aparece un cabreo repentino que advierte: “no quiero hablar contigo de este tema”. O, por último, se hace algún tipo de alusión personal malintencionada, empieza a carecer de sentido continuar con el intercambio. Entiendo que todas estas expresiones ocultan, en realidad, cierta conciencia de la fragilidad de los argumentos propios y procuran zanjar el tema rápidamente no sin querer dejar, torpemente, puesta la bandera de que el que corta lo hace porque tiene razón —¡ay! los hombres cargados de razón, que diría Ferlosio— y no tiene tiempo que perder.

No suele gustar a casi nadie que le señalen ciertas incoherencias entre discurso —encendidísimo— y práctica —algo complicada de ver— y en algunos casos la molestia llega a que te eliminen del Facebook sin previo aviso: silenciosa y contemporánea manera de mostrar un enfado irreconciliable, con lo bonito que es conversar.

Si estamos de acuerdo en que los discursos políticos son prácticas de sentido, que el enmarcamiento es una labor fundamental para entender las cosas según qué dirección y que son los medios de comunicación —y persuasión, que suele añadir V. Navarro— los que tienen una enorme capacidad de determinar qué está fuera (o dentro) de campo, habría que preguntarnos qué y cómo nos han contado los últimos días estos actores, indisimulados protagonistas del conflicto del TIPNIS (Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure).

La cobertura del enfrentamiento entre policías y marchistas de los días pasados ha sido bastante elocuente al revelar la posición política de ciertos medios. En el relato de los hechos del jueves 5 llama la atención que la marcha organizada por Mujeres Creando —y las acciones que llevaron a cabo— pase casi desapercibida como elemento clave para entender qué sucedió ese día; en algunos casos, dicha acción ocupa un lugar testimonial en las notas periodísticas y casi podríamos pensar que sucedió otro día.

Digresión: Aviso para navegantes afectos a las tergiversaciones, apuntar esto no quiere decir que celebre que se gasifique a nadie ni que piense que el Gobierno no hace cosas mal. Pero si uno lee las notas de algunos medios y tiene al odio visceral al Gobierno como medida de sus anteojos, por supuesto que no se percata que falta un elemento fundamental en el relato y se queda con que, sin que se explique bien por qué, los policías decidieron reprimir con fuerza, y por sorpresa, a los marchistas. Ahí se ponen en circulación los caros adjetivos: dictadura, tiranía, fascismo, etc., que se tienen en el bolsillo incluso antes de que suceda el hecho que uno sanciona; estos adjetivos se tienen guardados pero calientes junto a un viejo odio irracional a lo que representa Evo, y lo hacen responsable de los males que suceden hasta en Nicaragua. Acaso no es una pregunta legítima para María Galindo cuestionar el porqué decide intentar romper el cerco justo por una calle muy próxima al campamento, niños incluidos.

Son bastante conocidos los repertorios de acción colectiva de Mujeres Creando y cuesta creer que hayan sido amables peticiones de poder pasar. Una hipótesis: la construcción de un escenario de legitimidad alternativa por parte del Gobierno, que tiene como hito reciente la firma de acuerdo con 45 corregidores y que no ha podido ser replicada por los marchistas, y que Erbol trata de cuestionar cada día con una versión diferente: que si no todos son corregidores; que todos son del Conisur; que, bueno, que sí son corregidores, pero que vinieron borrachos; que, bueno, que sí son nomás corregidores del TIPNIS pero que se arrepienten... Esto ha llevado a los organizadores de la marcha y a ciertos sectores que los apoyan a radicalizar las protestas para provocar hechos de violencia de un nivel importante que despierten la solidaridad ciudadana y la repulsa contra el Gobierno, para de esta manera forzar el diálogo. Y en ese esfuerzo, los daños físicos no sólo están contemplados, sino que son parte de los objetivos que se buscan y, lamentablemente, los niños no están excluidos de la ecuación. “Chaparina 2”, que gritaba Amalia Pando, era más la expresión de un deseo, esperemos no consciente, que una descripción de la realidad.

Un apunte sobre María Galindo: resulta llamativo escucharla hablar de autoritarismo, verticalismo, hacer críticas al liderazgo del caudillo y cosas similares cuando cualquiera, mínimamente enterado, sabe que Mujeres Creando hace tiempo no es ya un colectivo, sino la marca registrada de la señora Galindo, que su práctica militante no tiene nada que ver con la horizontalidad que tanto reclama y su afán de protagonismo tiene como plataforma el trabajo de muchas otras personas anónimas, muchas de las cuales ya se han cansado y han buscado otros rumbos. Es una pena ver cómo la mezcla de odio que siente por Evo y su gusto por los focos, consume lentamente tantas cosas buenas que, como colectivo, lograron en el pasado. En ese sentido, ella es capaz de guardar silencio cuando Fernando Vargas, líder de la marcha, utiliza “maricón” como insulto contra el viceministro Jorge Pérez o poner sordina a las críticas cuando el mismo Vargas, durante el matrimonio que se ofició hace una semana entre una pareja de marchistas, habla del rol que Dios le ha dado a la mujer, ese rol, históricamente naturalizado, contra el que Mujeres Creando tanto, y tan bien, ha peleado…

Los anteojos anti-Evo, que no le reconocen nada: ni la buena gestión económica, ni la ruptura del techo de cristal simbólico, ni habernos situado en el mapa; en realidad no sirven para ver las demandas de la marcha, ni la carretera, ni para leer la letra pequeña del “vivir bien”; esos lentes tienen como único panorama una imagen del Presidente defenestrado. La gente que los usa encantados, que de hecho los tenía guardados desde 2005 —y que los viene limpiando con ilusión cada día desde entonces— y ahora, coyuntura obliga, los pinta de verde, no me interesa en lo más mínimo; me preocupan los otros, los que viendo bien el país que tenemos —con sus logros relativos, sus fracasos a medias y la importancia del proceso actual— ahora piensen, sin sentarse a dudar un momento, en comprarlos.

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