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El TSE y la calidad de la democracia

La desconfianza generalizada que tiene la ciudadanía respecto al TSE afecta la legitimidad de la institución electoral y, por tanto, a la calidad de la democracia. En el pasado inmediato, propios y extraños, oficialistas y opositores, no desconfiaban del desempeño de la entidad electoral, la respetaban y valoraban su trabajo.

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo Leaño Román

00:01 / 07 de septiembre de 2014

Una democracia de calidad —decía, Leonardo Morlino— “es sobre todo un régimen ampliamente legitimado y, por tanto, estable, y en el cual los ciudadanos están plenamente satisfechos”. Ciertamente, el excelente desempeño de las instituciones contribuye a la legitimidad y calidad de la democracia. La legitimidad, en su acepción específica, denota confianza y credibilidad de una proporción importante de la población. El presente artículo, en el marco de las elecciones generales a celebrarse en octubre, analiza la relación entre el desarrollo de las actividades del organismo electoral y la calidad de la democracia en Bolivia.

La hipótesis que sostenemos es: la calidad de nuestra democracia se halla debilitada como efecto del deficiente desempeño de la entidad electoral; es decir, las limitaciones del Tribunal Supremo Electoral (TSE) en el cumplimiento de sus funciones deterioran la legitimidad no solo de la institución electoral sino, y esto es lo peor, la calidad de la propia democracia. El deficiente desempeño del organismo electoral se manifiesta en la ineficiente administración del actual proceso electoral.

INEFICIENCIA. La ineficiencia hace referencia al uso irracional de los medios disponibles para llegar a un objetivo. Una acción ineficiente se caracteriza por lograr un objetivo en un tiempo excesivo y con una cantidad mayor de recursos. Con relación a la gestión electoral puede advertirse una serie de acciones ineficientes desarrolladas por el organismo electoral. 

Registro de electores en el extranjero. Los miembros del organismo electoral decidieron ampliar el derecho del voto a una mayor cantidad de países: se aumentó de 4 a 33 países y de 10 a 69 ciudades. Al finalizar la inscripción pudo advertirse que el 98% de las personas registradas en el extranjero se hallan concentradas en seis naciones y el 2% se hallan dispersas en 27 países; el hecho refleja un uso irracional e ineficiente de los recursos. Pero la ineficiencia resulta extrema cuando se constata que en muchas ciudades del exterior, el número de inscritos no cubre la mínima cantidad de miembros del jurado de mesa (4 personas). Toda esta irracionalidad deslegitima al ente electoral.

Una gestión eficiente habría habilitado a seis países para el ejercicio del voto en el extranjero. La experiencia de la ex Corte Nacional Electoral (CNE) en 2009 muestra que con menores recursos se consiguieron mayores logros.

Registro de electores en el ámbito nacional. Este proceso se ha distinguido por la insuficiente cantidad de puntos de registro biométrico, las extensas filas de la ciudadanía para inscribirse, la inexperiencia de los operadores en el manejo de las máquinas, la prolongada demora en el proceso de inscripción, la renuncia de muchos empadronadores y la falta de pago a varios de estos funcionarios. Todo este cúmulo de desa- ciertos obligó al organismo electoral a modificar en varias oportunidades el periodo de inscripción de ciudadanos. Esto evidencia la administración ineficiente del actual proceso electoral y el descrédito del TSE. Nunca antes, ni siquiera cuando esta labor se realizaba de manera manual, el organismo electoral tuvo que afrontar semejante improvisación.

Diseño de circunscripciones uninominales. La conformación de estas circunscripciones reflejaba una exagerada sobrerrepresentación de las zonas rurales y una excedida subrepresentación de las capitales, se crearon 53 circunscripciones uninominales en el área rural y solo diez en las ciudades capitales; esta situación fue denunciada por la oposición política y cívica que, con advertencias de medidas de presión, demandaron la inmediata rectificación. Aunque las circunscripciones uninominales se modificaron, esta labor estrictamente técnica quedó empañada y provocó la deslegitimación del Tribunal Supremo Electoral. En 1997, cuando el organismo electoral llevó a cabo la primera delimitación de las circunscripciones uninominales predominó el criterio técnico y nadie cuestionó los resultados de aquella misión. 

SANCIONES. Flexibilidad en las sanciones. Según los candidatos opositores, el TSE ha mostrado demasiada lentitud para sancionar la infracción al reglamento electoral  cometida por el partido de gobierno (difusión de propaganda electoral del Movimiento Al Socialismo). Igualmente, en criterio de la oposición, el silencio cómplice de las autoridades electorales está permitiendo que el partido oficialista utilice los bienes del Estado en su campaña electoral sin recibir ninguna amonestación.

Para los partidos opositores, esta tolerancia prueba no solo la sumisión del organismo electoral al Poder Ejecutivo, sino la descalificación de la entidad electoral y la devaluación de la democracia. Contrariamente a este hecho, las sanciones de la ex Corte Nacional Electoral (CNE) eran acatadas sin discusión y resultaba inconcebible que los notables (exvocales de la CNE) sean convocados por el Ministerio Público a declarar por “incumplimiento de deberes” y “falsedad ideológica”. Pero la deslegitimación del Tribunal Supremo Electoral se manifiesta en la opinión de las organizaciones opositoras y en la percepción de la ciudadanía.

Opinión de los opositores. La entidad electoral goza de la plena confianza del partido de gobierno mientras que los candidatos de oposición dudan de la imparcialidad del organismo electoral. Al respecto, Jorge Quiroga dijo: “El órgano electoral no actúa con equidad al hacer cumplir sus propias reglas, los miembros del TSE son los árbitros FIFA de Evo Morales”. Samuel Doria Medina señaló: “Seguramente reciben instrucciones de Evo Morales y (Álvaro) García Linera e instruye para que firmen las resoluciones los miembros del Tribunal”.  Fabián Yaksic, candidato uninominal por el MSM, destacó que “el Tribunal Electoral es muy poco profesional en lo que está haciendo y ha cometido chambonadas, lo que ameritó que iniciemos otra demanda”. Así, la desconfianza generalizada afecta la legitimidad de la institución electoral y, por tanto, a la calidad de la democracia. En el pasado inmediato, propios y extraños, oficialistas y opositores, no desconfiaban del desempeño de la entidad electoral, la respetaban y valoraban su trabajo.

Percepciones de la ciudadanía. Hace no mucho, en un medio de comunicación impreso, se publicó el resultado de una encuesta destinada a evaluar confianza ciudadana en el TSE, las apreciaciones de los electores sobre el organismo electoral no son alentadoras, el 90% de las personas encuestadas manifiesta su desconfianza con la entidad electoral. Cuando hay confianza, un error en la gestión electoral puede ser considerado como una falta que puede corregirse; en cambio, cuando existe alta desconfianza los errores generan dudas y sospechas. La elevada confianza en la ex Corte Nacional Electoral no permitía poner en tela de juicio los errores de la institución electoral. El último indicador refleja el poco crédito que tiene la ciudadanía en la entidad responsable de administrar los procesos electorales.

Falta poco tiempo para las elecciones y sobran demasiadas tareas que debe cumplir el organismo electoral. Es enorme la responsabilidad y se espera que el TSE cumpla sus funciones de manera adecuada a fin de lograr legitimidad entre la ciudadanía y brindarnos una democracia de calidad. Aunque empezaron mal, ojalá no terminen peor. Quizá, el haber contado con un organismo electoral eficiente y transparente fue el único logro positivo que nos legaron los partidos tradicionales pero, lamentablemente, en la actualidad carecemos de esa institución y debemos asumir el reto de construirla.

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