Animal Político

¿Técnico o político?

Lo económico y político del estado

La Razón / Mario Espinoza Osorio

00:00 / 05 de febrero de 2012

Era el año 1984 y Bolivia se debatía entre la pobreza y la miseria producto de la hiperinflación a la que nos había conducido el gobierno de la Unidad Democrática y Popular (UDP) con sus medidas políticas. Una de ellas, la más polémica, fue la llamada “desdolarización” de la economía.

En la mente y acción del entonces ministro de Finanzas, Ernesto Araníbar, militante del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), había que dar una señal antiimperialista al país y decidió convertir por decreto todos los ahorros de los bolivianos, que estaban en dólares, en pesos bolivianos. Los que tenían dólares en el banco recibieron pesos bolivianos; los deudores en dólares pagaron en pesos bolivianos. La hiperinflación hizo el resto. Es decir, ahorros de toda la vida de, por ejemplo 10.000 dólares, al cabo de unos meses se convirtieron en 20 ó 30, según el momento, y los “vivos” de siempre pagaron sus deudas millonarias en dólares con apenas unos pesos.

La medida fue indudablemente política, y la responsabilidad no fue sólo del ministro Araníbar. Había en el gabinete de Hernán Siles Zuazo gente que ostentaba doctorados en economía, pero su ideología pudo más que el sentido común, lo que nos llevó a los bolivianos al desastre.

Los ministros que vinieron luego con el gobierno del Víctor Paz Estenssoro aparentemente asumieron decisiones netamente técnicas. Los críticos del “noventismo” dirán, sin embargo, que las medidas del Decreto Supremo 21060 fueron tan políticas como las medidas “sesentistas” del gobierno udepista, sólo que apoyadas en el liberalismo económico, que no deja de tener un componente ideológico.

Por eso, cuando los actuales gobernantes y los movimientos sociales nos dicen que no se puede dejar a los técnicos la conducción del modelo del “cambio” y que aquélla debe ser guiada por la voluntad política, uno no deja de preguntarse qué significa ser político y qué es ser técnico. ¿Se puede ser técnico y político a la vez, o son características excluyentes? Las preguntas valen a partir de la polémica instaurada tras la posesión del nuevo gabinete de Evo Morales.

Teóricamente, el político es aquel que mantiene una visión con grandes objetivos estratégicos y tiene la “virtud” de mantener una visión amplia del proyecto que impulsa. Pero la teoría se desvanece cuando el político asume esa visión como mesiánica o simplemente comienza a usar la política como un instrumento para el uso del poder por el poder, lo que lo convierte en un politiquero.

Mientras tanto, y acudiendo también a los conceptos, el técnico es alguien con conocimientos sobre un área científica desde la cual interpreta el mundo que lo rodea. Pero, como ser humano, el técnico posee una gama de virtudes y miserias, elementos que pueden hacerlo actuar al margen de sus conocimientos o también tener la inquietud política que le obligue a dejar de lado su ciencia y subordinarla al campo político.

La pregunta que queda abierta es cómo se puede ser político y técnico a la vez. Porque para que el político logre su cometido depende en gran medida de los técnicos, mientras que el técnico debe subordinarse, mediante órdenes del Presidente, a servir a intereses netamente políticos.

Uno de los conceptos más interesantes que se escuchó en un apasionado debate en el Congreso Nacional, precisamente en torno a este tema, fue el de Zenón Barrientos Mamani, campesino, ministro de Asuntos Campesinos de Siles Zuazo. “Nosotros (los políticos) —decía— hacemos la revolución con voluntad política. Le entregamos tierras y agua al campesino, y luego vienen los técnicos para enseñarle el modo de hacer producir la tierra con maquinaria y sistemas de riego. Pero sin decisiones políticas —aseguraba— los técnicos no tienen razón de ser. (Extracto de una interpelación, archivo de Plano Medio)

Lo político y lo técnico explicado con dos vacas (Para entender mejor el concepto).

Feudalismo: Tienes dos vacas. El político se lleva parte de la leche que produce el técnico.

Socialismo puro: Tienes dos vacas. El político se las lleva y las pone en una granja con el resto de vacas. Los técnicos deben cuidar de las vacas y facilitar toda la leche que se necesite.

Socialismo burocrático: Tienes dos vacas. El político se las lleva y las pone en una granja con el resto. Las vacas son cuidadas por técnicos polleros.

Fascismo: Tienes dos vacas. El político se lleva ambas, el técnico alquila una de ellas y tú vendes la leche.

Dictadura: Tienes dos vacas. El político se las lleva y el técnico fabrica las armas para fusilarte.

Democracia pura: Tienes dos vacas. El político le da el poder a tus vecinos que deciden qué hacer con la leche. El técnico se limita al voto.

Democracia representativa: Tienes dos vacas. El político le da poder a tus vecinos que eligen al técnico para decirte qué hacer con la leche.

Burocracia: Tienes dos vacas. El político regula a los técnicos para que decidan con qué puedes alimentarlas y cuándo puedes usar la leche. Luego te paga, pero no por la leche, se lleva las dos vacas, mata a una, ordeña a la otra y vierte la leche por una alcantarilla; entonces el gobierno te conmina a llenar unos formularios exigiendo responsabilidades por las vacas.

Neoliberal: Tienes dos vacas. El técnico hace que vendas una y compres un toro. El político se ufana de tu “progreso”.

Surrealismo: Tienes dos jirafas. El político te conmina a que tomes clases de armónica con el técnico electricista.

Gobierno del Cambio: Tienes dos vacas. El político hace un censo para determinar si la vaca es aymara o quechua. El técnico dice: “sí, señor”.

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