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Tensa gestión en los gobiernos subnacionales

El balance general configura un escenario de sobrepolitización de la gestión pública en todos los casos. El gran peligro en buena parte de las administraciones es la presión social de los gremios organizados, la ineficiencia de los equipos técnicos y el riesgo de escasa transparencia en la gestión.

La Razón (Edición Impresa) / Dino Palacios Dávalos

00:02 / 21 de junio de 2015

Estamos en medio de la implantación de una estrategia envolvente versión 2.0? La primera versión, y la anoto simplemente para recordar,  fue la que “saneó” la imagen del Tribunal Constitucional Plurinacional declarando inconstitucionales algunos artículos de la Ley 031, de Descentralización y Autonomías, especialmente los referidos a la suspensión de autoridades, para luego dar paso a la sentencia constitucional por la cual la postulación para las elecciones de 2014 —la tercera en las carreras políticas de Evo Morales y de Álvaro García— sería en realidad la segunda en el Estado vigente desde 2009, a juicio del Tribunal Constitucional y contraria a la disposición transitoria primera de la Constitución.

La segunda versión de la estrategia envolvente estaría encaminada —si existe claro está— hacia la aprobación de la modificación de la Constitución; donde tanto las formas de hacerlo, así como el pretexto enarbolado: la modificación del régimen judicial, son cosas secundarias. Lo relevante sería en última instancia la modificación correspondiente a la reelección presidencial, factor que, escribimos antes, es fundamental para ciertos intereses y determinó incluso el curso de las elecciones subnacionales. Esta segunda versión de la estrategia envolvente tendría en la renuncia de los tribunos del Órgano Electoral solo una parte del simulacro orientado a despistar a los incautos.

OFICIALISMO. El balance de resultados en las elecciones subnacionales muestra que 225 municipios son controlados por el MAS (Movimiento Al Socialismo), de los 339 que son en total. Municipios, sin embargo, caracterizados  en una gran parte por ser rurales y de reducida población, concentrando cerca de un tercio del total de la población nacional y de los recursos públicos destinados a municipios. Y en materia de gobernaciones, finalmente controla seis de las nueve, de las cuales la de Chuquisaca y la del Beni aún están con enormes dudas, por el cuestionado  papel desempeñado por el árbitro.

Sobre los escenarios. En ese contexto las autoridades de los gobiernos subnacionales han asumido funciones y el panorama en el cual se desenvuelven presenta al menos tres escenarios de gestión.

El primer escenario corresponde a los alcaldes y gobernadores oficialistas. Ellos tienen un desafío poderoso al frente: la eficiencia, eficacia y la transparencia; es decir, tienen al frente la necesidad de una gestión de calidad. El gran enemigo que se avecina es la presión de las denominadas organizaciones sociales, las acciones movilizadas de gremios varios y el clientelismo y chantajes de dirigencias corruptas. Finalmente, como la cereza en la torta, el salto al estrellato o su hundimiento dependiendo de si el supremo (Presidente) los protege o los hunde. 

El segundo escenario corresponde a aquellas autoridades que tienen su cabeza en vilo. Detrás de ellos se alza una gran interrogante y tiene que ver  con si consiguen los “avemarías” del supremo y si logran cobijarse bajo su ala. Ya sea a través de un pacto común de no agresión, de un “viva y deje vivir”, solo mirarse feo y sacarse la lengua de vez en cuando. O de una relación amable y muy educada; de bajo perfil sin afectación mutua, con guiños y toqueteos por debajo la mesa.

Finalmente, el tercer escenario corresponde a aquellas autoridades  cuyas cabezas tienen precio y para las cuales simplemente presenciamos el conteo regresivo a la espera de la hora de la decapitación. Esto  debiera entenderse fundamentalmente por el riesgo que pueden engendrar a través de sus desempeños durante la gestión, para los resultados de las próximas elecciones de 2019. Algunos son potenciales candidatos a la presidencia y, por lo tanto, no conviene su crecimiento y empoderamiento. En este escenario, hay dos subgrupos: los altamente peligrosos y los administrables. Con los primeros no hay dubitación o al menos no debería haberla, solo habrá que esperar el momento preciso. Con los segundos, habrá que ver si puede cooptárselos o someterlos a chantajes inmovilizantes.

CAPITALES. Si concretizamos los escenarios  anteriormente descritos podemos identificar a un grupo de gobernadores y alcaldes —con relación a estos últimos me refiero especialmente a las nueve ciudades capitales y El Alto— cuyo destino se encuentra en un horizonte de trabajo que se enmarca en media gestión, es decir, menos a dos años. Las amenazas ya han sido expresadas y el “fantasma” del referendo revocatorio está circulando en las calles.

El delito en al menos siete casos en las ciudades: ser autoridades de oposición al partido del Gobierno central. El pretexto para sacarlos no importa, pero cualquier fallo, error o procedimiento inadecuado podría ser fatal para su destino. Sus posibilidades de gestión están asociadas a grandes obras, por los tiempos, recordemos, no pueden concentrarse en las pequeñas. Pero además deben ser acciones de gran impacto social, hay que lograr enamorar a la población para que en su caso los ratifique frente a un revocatorio. En ese grupo me atrevo a inscribir a dos subgrupos: los alcaldes de Cobija, El Alto, Oruro y Trinidad. Y en el otro subgrupo José María Leyes, alcalde de Cochabamba, y Luis Revilla, de La Paz; que por el apoyo de la población no recorrerían el camino de los referendos revocatorios. Para descabezar esos gobiernos autónomos se tendría que buscar otro camino.

Otro grupo de autoridades se encuentra en un espacio de conciliación y negociación con quienes dirigen el país desde la plaza Murillo. Su horizonte temporal de gestión es de cinco años, es decir la gestión completa. Sin embargo, el alcance de sus acciones en todos los sentidos es limitado       —me refiero a la gestión de servicios, el desarrollo de la autonomía, los proyectos de inversión, las iniciativas innovadoras, etcétera— por el “acuerdo” implícito o explícito obtenido con el nivel central. Por lo tanto, gritarán pero no muy fuerte, protestarán pero no mucho;  sino solo lo estrictamente necesario para beneficio mutuo. Realizarán obras, algunas de ellas de “manera coordinada” con el nivel central, con quienes de vez en cuando se harán sacar fotos en las inauguraciones, ni muy cerca ni muy lejos. Protestarán en los medios, pero solo en el marco de lo necesario.

En este grupo estarían ubicados Félix Patzi, gobernador de La Paz; Adrián Oliva, gobernador de Tarija, y Rubén Costas, gobernador de Santa Cruz. Los acompañan Percy Fernández y Rodrigo Paz, alcaldes de Santa Cruz y Tarija, respectivamente.

El último grupo lo constituirían los gobernadores de Chuquisaca, Potosí, Cochabamba, Beni, Pando y Oruro, y los alcaldes de Sucre y Potosí. Se trata de la bancada oficialista de los gobiernos subnacionales que constituyen un importante bastión del Gobierno nacional en sus acciones. Su gran problema es la debilidad de sus aparatos, ineficiencia de sus técnicos y en algunos casos el peligro de la administración no transparente de los recursos. Es un bloque que actuará subordinado al nivel central y que terminará como su extensión.

El balance general configura un escenario de sobrepolitización de la gestión en todos los casos. Las agendas tendrán como base al pronóstico de horizontes de mediano y corto plazo con enfoques monooculares y  restringidos, es decir, de corto alcance. El gran peligro en buena parte de las administraciones es la presión social de los gremios organizados, la ineficiencia de los equipos técnicos y el riesgo de escasa transparencia en la gestión.

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