Animal Político

Traspiés cotidianos del MSM en campaña

El Movimiento Sin Miedo tuvo aciertos y errores en su campaña electoral en 2014; éstos no solo se debieron al partido y su dirección, sino también al ataque de sus opositores, relatan los autores de ‘Una evaluación sin miedo.’

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:06 / 11 de octubre de 2015

En el texto Una evaluación sin miedo, Juan del Granado y Andrés Uzín Pacheco no dejan de apuntar, de modo más o menos crudo, los errores, imprecisiones y limitaciones del Movimiento Sin Miedo (MSM), a la par de los ataques e infamias de que fue objeto sobre todo poco antes de las elecciones nacionales de 2014.

Una paradoja, primero. La democratización interna, un proceso que la mayoría de los partidos no lleva adelante, y que el MSM apuntaló desde el principio, en los hechos más bien le perjudicó: le generó fisuras. Y es que, relatan los autores, la democratización se cruzó con la elección de candidatos a diputados y senadores para las elecciones nacionales de octubre de 2014.

“Para los militantes del MSM, la selección de candidatos comenzó mucho antes que el mismo proceso electoral en la democratización interna, por lo tanto, todos aquellos dirigentes con aspiraciones políticas comenzaron a apuntalar sus futuras candidaturas desde este proceso, desnaturalizándolo, generando más candidatos en potencia que dirigentes...”.

Un detalle poco divulgado es que en el MSM se consideró seriamente la candidatura a la presidencia de la disidente masista, expresidenta de la Cámara de Diputados, Rebeca Delgado. La Evaluación cuenta cómo “la primera quincena de junio” de 2014, el jefe de campaña del MSM, Fabián Yaksic, planteó la candidatura presidencial de Delgado; la justificación fue que “iba a ser un reposicionamiento claro en la izquierda; se trataba de una mujer joven, que remozaría de inmediato el liderazgo apelando a la equidad de género; (y que) tenía trayectoria política corta, pero conocida y no contaminada con el pasado ‘neoliberal’ con lo que el gobierno (del MAS) seguía estigmatizando a los opositores”.

Contra lo que se puede creer, Juan del Granado —dice el documento— aceptó la propuesta y llamó a una reunión de la Dirección Nacional del MSM (representantes de los nueve departamentos más El Alto) para considerarla, pidiendo allí su aprobación. “Solo los representantes de Oruro estuvieron de acuerdo, quedando en absoluta minoría Juan y Fabián Yaksic, ante la aplastante mayoría de una conducción colegiada que veía con desconfianza otra candidatura que no fuese la de Juan”.

Asimismo, reconoce que su estrategia electoral en lo fundamental fue urbana y no prestó atención al área rural, esto pese a que tenía militancia y adherentes en varios municipios pequeños.

La campaña en el área rural se la dejó para un segundo momento, que nunca llegó; este descuido, se afirma, “le restó importante votación en el altiplano paceño y orureño (pero también en Cochabamba y Chuquisaca), donde había raigambre campesina emesemista, labrada desde varios liderazgos municipales rurales y asentada en un inicial pero evidente proceso de diferenciación de base del MAS, como respuesta a la manipulación campesina e indígena, a la corrupción de los dirigentes sindicales y a la imposición gubernamental de las candidaturas”.

A no dudarlo, sin victimizarlo, el MSM también fue objeto de lo que el documento llama “la conspiración masista”: el hecho de que varios candidatos suyos públicamente se alejaban del partido, alegando innumerables razones, y siempre anunciando su adhesión al MAS.

Para Del Granado y Uzín, se trató de una “ofensiva interna cuidadosamente planificada por el MAS”, encabezada por el exmasista, luego emesemista y ahora otra vez masista Abel Mamani, a quien le fue negada una candidatura, dice el documento, “por sus negativos antecedentes personales”.

“Se inició al mando de Mamani una persistente arremetida para lograr publicitadas disidencias en la estructura interna del MSM. Ni siquiera en El Alto tuvo incidencia numérica la renuncia de Mamani y su grupo, pero la reiterada aparición pública de detractores, tanto reales como inventados, generó desazón interna y sobre todo dio la imagen al electorado de un partido que se desmembraba y se desbandaba”. Los autores critican que ante estos hechos la reacción del MSM fue débil, y que la campaña cesó solo “cuando el núcleo dirigencial de Santa Cruz la denunció públicamente, pero el daño a la imagen del MSM ya se había producido”.

En la Evaluación sin miedo, Del Granado y Uzín también reconocen que las publicitadas “articulaciones”, 50 en total, que el MSM tuvo con organizaciones y grupos sociales, en realidad no aportaron nada, porque eran agrupaciones sin “acumulación social”; mediante estos grupos precisamente se buscaba organizar el denominado “tercio descontento o decepcionado”, pero no se logró el efecto deseado, apunta el texto, principalmente por la sobreestimación del “tercio descontento”, “su dispersión, su equivocada caracterización y la no cohesión de ese tercio, que no tenía ni organización ni liderazgos claros y, por lo tanto, las articulaciones no eran su expresión; en el mejor de los casos eran voluntades aisladas e individuales, que además no fueron ‘atendidas’ por la estructura partidaria”.

El texto también evalúa la campaña del MSM, y una de sus conclusiones al respecto es que ésta “no pudo traducir su propuesta y programa alternativos en consignas y mensajes para la adhesión y movilización electoral”. Partió del distanciamiento tanto del MAS como de la derecha, con la consigna “que se vayan los que están y no vuelvan los que estuvieron”; sin reforzar esta idea, empezó con el mensaje polarizante “sin miedo y con miedo” (hay ciudadanos con miedo y hay ciudadanos sin miedo, por ejemplo); dejó de lado la primera consigna de izquierda alternativa con “sin miedo por todo un país”, y la retomó “tarde”, dicen los autores, con “ni este gobierno estancado ni la vuelta al pasado”.

El problema de dichos mensajes de campaña, apuntan los críticos, es que “en su cambio, parecía reflejar los vaivenes entre la ‘izquierda’ y la ‘derecha’ que el MSM transmitió con motivo de su política de alianzas”.

Con respecto al acercamiento a los indígenas, es conocido el rechazo “cordial” que a principios de 2014 Fernando Vargas, el líder del TIPNIS, hizo a una propuesta de alianza “que le formuló personalmente Juan”. 

Lázaro Tacoó, dirigente indígena que en parte fue testigo de dicho acercamiento, cuenta que si bien con Juan del Granado y su partido se tenía especial simpatía, por el recibimiento que tuvieron en La Paz las dos últimas marchas indígenas en defensa del TIPNIS, la unidad no prosperó porque el MSM mantenía la lógica partidaria de ser en todo caso él la cabeza: Juan del Granado apuntaba a la cabeza, y daba a entender que los indígenas debían ir luego, señala. Si bien los indígenas respetaban el hecho de los partidos de ser “dueños” de su personería jurídica, no se aceptaba el acompañamiento con el candidato originario al frente, lamenta.

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