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Trump es un agente chino

Trump es un agente chino. La única otra explicación es que es ignorante e inculto—que nun-ca ha estudiado los problemas, ni ha conectado los puntos entre ellos—, al que los grandes industriales del carbón y el petróleo manipularon fácilmente para ser su cuate.

La Razón (Edición Impresa) / Thomas L. Friedman es periodista, tres veces ganador del premio Pulitzer. The New York Times

00:00 / 09 de abril de 2017

La gran nota que todos están persiguiendo es si el presidente Donald Trump es un títere ruso. Todo eso es una pantalla de humo. Trump es, de hecho, una marioneta china. Evidentemente, está determinado a hacer que China vuelva a ser grande. Solo hay que examinar los hechos.

Trump tomó posesión del cargo, prometiendo arreglar nuestro desequilibrio comercial con China, ¿y qué es lo primero que hace? Se deshizo de un acuerdo de libre comercio, diseñado por Estados Unidos, con otros 11 países del Pacífico; un pacto cuyos integrantes representan 40 por ciento del PIB mundial.

El Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, su sigla en inglés) estaba basado, en gran medida, en los intereses económicos estadounidenses que beneficiaban a nuestras tecnologías en crecimiento más rápido y nuestras agroindustrias, y tenía más estándares laborales, ambientales y de derechos humanos que cualquier tratado comercial que haya habido. Y excluía a China. Era nuestro bebé, que le daba forma al comercio en Asia.

Imaginen si Trump negociara ahora con China, no solo como el presidente estadounidense, sino, también, como la cabeza de un bloque comercial de 12 países, basado en nuestros valores e intereses. A eso, también se le llama v-e-n-t-a-j-a, y Trump, simplemente, lo desechó … porque lo había prometido en la campaña, sin, yo podría apostarlo, haber leído el TPP. ¡Pero qué tipo! Todavía puedo oír el choque de copas de champán en Pekín.

Ahora, más países asiáticos están alineándose con la asociación de comercio regional de China —Asociación Regional Económica Integral— que no tiene ningún estándar serio ambiental, de propiedad intelectual, tráfico de personas, o laborales, como los del TPP. Un estudio del Instituto Peterson dice que el TPP “incrementaría en 131.000 millones de dólares el ingreso anual real en Estados Unidos” para 2030, sin cambiar los niveles totales del empleo en el país. Adiós a eso.

Sin embargo, Trump llevó su campaña de Hacer Grande a China a un nuevo nivel el martes (28 de marzo) al rechazar la ciencia sobre el cambio climático y dar al traste con todos los planes de la época de Obama para reducir nuestra dependencia de las plantas térmicas a carbón. Trump también quiere debilitar los requerimientos de millaje existentes para los vehículos hechos en Estados Unidos. Estúpido.

Está bien, señor Presidente, vamos a suponer por un momento que el cambio climático es un timo. ¿Cree usted en las matemáticas? Hay 7.500 millones de personas en el planeta, y habrá 8.500 millones para 2030, según la oficina de población en Naciones Unidas —y la mayoría querrá manejar coches como nosotros, comer proteínas como nosotros y vivir en casas como nosotros. Y si lo hacen, vamos a comernos, quemar, ahumar y ahogar al planeta —y arrasar con nuestras pesquerías, arrecifes de coral, ríos y bosques— a un ritmo que nunca antes habíamos visto. Las grandes ciudades de la India y China ya no pueden respirar; espere a que haya otros mil millones de personas.

Eso significa que la energía limpia, el agua limpia, el aire limpio, el transporte limpio y los edificios eficientes en energía tendrán que ser el siguiente gran sector mundial, haya o no cambio climático. La demanda será enorme.

¿Y, China, qué está haciendo? Su nuevo plan quinquenal es una carrera hacia los coches eléctricos, las baterías, la energía nuclear, la eólica, la solar y la eficiencia energética —y un sistema de tope y trueque para el carbón. ¿El plan de Trump? Más carbón y petróleo. ¿Qué pasa? ¿Cómo puede Estados Unidos ser grande si no dominamos a la siguiente gran industria mundial, la de la energía limpia?

En Estados Unidos, el Estado que lidera las innovaciones en energía limpia es California, que también tiene los estándares más elevados en emisiones de vehículos y los códigos de eficiencia de los edificios más estrictos. El resultado: California sola tiene muchísimos más empleos en energía avanzada que la cantidad de mineros carboneros en Estados Unidos, y la remuneración es mejor y el trabajo más saludable. En enero de 2016, CNNMoney reportó que “la fuerza de trabajo en la industria solar es más grande que la de la construcción petrolífera y del gas, y casi tres veces el tamaño de toda la fuerza de trabajo de la minería del carbón”, en el ámbito nacional.

“Más de la mitad de los vehículos eléctricos que se venden en Estados Unidos se venden en California”, comentó Hal Harvey, el director general de Energy Innovation. “Si hay dos jurisdicciones empecinadas en la transformación, son China y California. Ya se han vendido 200 millones de vehículos eléctricos en China. Se llaman bicicletas eléctricas, que cuestan alrededor de 400 dólares; son silenciosas, no contribuyen a los congestionamientos, ni a la contaminación, y son asequibles”.

A China le encanta esto: está duplicando la apuesta en la energía limpia —porque tiene que hacerlo y quiere rebasarnos en tecnología— y nosotros aumentamos la apuesta en el carbón, despilfarrando nuestra delantera en la tecnología.

Si a usted le gustó comprarle su petróleo a Arabia Saudita, le encantará comprarle sus coches eléctricos, paneles solares, programas informáticos para la eficiencia y las baterías a China.

Finalmente, Trump quiere recortar los presupuestos del Departamento de Estado y de los programas de ayuda al extranjero, y dificultarle más a las personas poder inmigrar a Estados Unidos, en particular a los musulmanes. Esto abre el camino para que China expanda su influencia por todo el mundo en desarrollo, y les envía la señal a los estudiantes de matemáticas y ciencias más inteligentes del mundo a que inicien sus empresas emergentes en otros países, menos en Estados Unidos.

NBC News reportó la semana pasada que las solicitudes de estudiantes extranjeros, notablemente de China, la India y Oriente Próximo, “bajaron este año en casi 40 por ciento en las escuelas que respondieron la encuesta reciente que levantó la Asociación Estadounidense de Secretarios Colegiados y Funcionarios de Admisiones”.

Así es que ustedes me dicen que Trump no es un agente chino. La única otra explicación es que es ignorante e inculto —que nunca ha estudiado los problemas, ni ha conectado los puntos entre ellos—, así es que los grandes industriales del carbón y el petróleo lo manipularon fácilmente para ser su cuate, alguien que solo tuiteó sus puntos centrales para ganar votos por aquí y por allá —sin haber pensado para nada en la gran estrategia. ¿Seguros que eso no podría ser cierto?

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