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‘La UMSA tendrá un rector con posición política’

El rector electo de la Universidad Mayor de San Andrés, Waldo Albarracín, habla del rol político de la universidad, de la democracia interna y de la autonomía. Dice que será un rector con criterio político, pero no partidario.

Waldo Albarracín Sánchez.

Waldo Albarracín Sánchez. Foto: Miguel Carrasco.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:06 / 01 de diciembre de 2013

Waldo Albarracín es el nuevo rector de la Universidad Mayor de San Andrés. El anterior Comité Electoral universitario trató de inhabilitarlo para la elección utilizando una norma de 1997, que el ex Defensor del Pueblo argumentaba que no era aplicable desde que se aprobó la nueva Constitución Política del Estado (CPE). Finalmente quedó descubierta la intención del comité al declararse procedente el amparo que el candidato presentó al Tribunal de Justicia Departamental. Hoy Albarracín es el rector electo con una votación que este medio calificó de “histórica” por la distancia respecto a su contendor: 61,05% de la votación contra el 34,99% del segundo.

Aquél es abogado y presidió la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia durante las crisis de 2003, lo que la valió visibilidad mediática. Mantiene una postura crítica con el Gobierno, sobre todo a partir del conflicto de la carretera por el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS). Asegura que la UMSA tendrá un rector con posición política, entendida ésta en su buen sentido.

— Su cargo en la Defensoría del Pueblo le demandó neutralidad política, ¿desde el rectorado tendrá una posición política?

— La universidad no puede dejar de tener una posición política, claro que debe tener. El rector va a tener un criterio político, pero no uno partidario. Cuando hablo, lo hago a nombre de los estudiantes y docentes, por lo que hay que ser responsable, uno no se puede aprovechar del cargo para meter de “contrabando” la tendencia partidaria. Por otro lado, en este momento no pertenezco a ningún partido. En ese sentido, en mi expresión pública tendré que reflejar el criterio institucional, el que puede tener una posición política, pero nunca una partidaria.

— En su gestión, ¿cómo será la postura de la UMSA respecto a  la administración de Evo Morales?

— La universidad no tiene por qué ser ni pro ni antigubernamental. Sólo es contestataria cuando advierte que desde el poder se atenta contra la autonomía, los derechos humanos, el patrimonio nacional, ahí hay que asumir una actitud crítica, pero no es que sea crítica per se, sino que depende de los actos de los poderosos, son los actos los que van a determinar una actitud contestataria de la universidad.

— La democracia universitaria es víctima de vicios como la prebenda, ¿cómo evalúa su presente?

— La democracia universitaria a partir de la recuperación de la autonomía se ha mantenido vigente catapultando a dirigentes universitarios a través de la fuerza moral de los votos. La democracia universitaria representativa ha estado presente, pero falta consolidar la democracia participativa para que quienes resulten elegidos no crean que por una votación ya tienen un cheque en blanco, sino que tengan que consultar constantemente con las bases para asumir un conjunto de medidas que sean en beneficio de toda la institución y los tres estamentos que la integran.

— Pero, ¿y el intento de inhabilitarlo y la prebenda dentro de la universidad?

— Hay que reconocer que no falta gente que quiere trasplantar a la universidad los viejos vicios de la política boliviana para hacer fraude o guerra sucia, es decir llevar a cabo una práctica democrática distorsionada. Esas mañas hay que extinguirlas. Hay que perfeccionar la democracia, transparentarla y desplazar a esas minorías muy concretas que piensan que este mundo es de los vivos y que todo hay que hacerlo por la vía irregular sobornando o haciendo guerra sucia; pero esos son los menos, representan una cantidad insignificante, sólo que se apoltronan en cargos estratégicos y desde donde están, perjudican el desarrollo y la evolución de la democracia universitaria.

— ¿Cómo evalúa la autonomía universitaria? Hay quien la cuestiona...

— La autonomía es una conquista histórica. Es la identidad de nuestra universidad y se la tiene que mantener, los militares la violaban con la fuerza de las armas y las botas y cerraban la universidad. En democracia hay una forma disimulada de vulnerarla, “con vaselina”, intentando introducir y dictar normas que violan incluso la CPE, pero eso depende también de las propias autoridades y representaciones universitarias para que en todo momento actúen en defensa de la autonomía.

— ¿Hay que redefinir la autonomía universitaria? A su nombre se han realizado los actos de prebenda que mencionaba...

— La autonomía tampoco tiene que entenderse en el sentido de que la universidad sea una especie de republiqueta que no tenga la obligación de ser fiscalizada o de demostrar la transparencia del uso de sus recursos. Por tanto, al entender el verdadero sentido de la autonomía, nosotros tenemos que generar los mecanismos y demostrar al país que se puede expulsar la prebenda, las camarillas y estos grupos lejos del manejo de nuestros recursos, que son también del pueblo.

— Entonces, ¿cuál es el reto?

— La universidad no puede estar ausente en la contribución del desarrollo regional y nacional, por eso se va a tratar de hacer lo posible para mantener una interacción con todos los gobiernos subnacionales y con el nacional, porque se tienen objetivos comunes.

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