Animal Político

Unidad y alternativa democrática

Primarias de la oposición

La Razón / Óscar Ortiz Antelo

00:00 / 18 de marzo de 2012

Desde la realización de las exitosas primarias de la oposición venezolana se ha suscitado un amplio debate sobre la factibilidad de replicarlas en Bolivia como opción para que las fuerzas contrarias al Movimiento Al Socialismo (MAS) puedan competir con éxito en las elecciones presidenciales de   2014. En mi opinión, las primarias son el elemento de un proceso mucho más rico y complejo: la construcción de un consenso entre los grupos democráticos para gestar una alternativa que pueda conquistar el apoyo mayoritario de la población, ganar las elecciones, posibilitar una transición pacífica y garantizar la gobernabilidad de un nuevo oficialismo.

Por ello, creo que el elemento central de la experiencia de Venezuela fue el acuerdo logrado en 2008 para establecer la Mesa de Unidad Democrática (MUD).

Desde entonces, la oposición ha obtenido muy buenos resultados en las elecciones para gobernadores y alcaldes, y en las para diputados. En las primeras ganó las gobernaciones de los estados con mayor población e importantes alcaldías, entre ellas la de Caracas. En las segundas, la MUD se convirtió en mayoría electoral, aunque con el 55% de los votos sólo eligió al 40% de los diputados, debido a los cambios arbitrarios que realizó el gobierno de Hugo Chávez en las circunscripciones electorales. Los comicios presidenciales de octubre de 2012 serán la tercera oportunidad en las que la Mesa competirá desde la unidad democrática.

Sin embargo, desde sus inicios la MUD estableció que no se trataba de una alianza electoral, sino que se constituiría en un acuerdo de largo plazo para la construcción de una alternativa democrática que le diera a la población una mejor opción que la que ofrece el actual Gobierno, tanto en materia social como política y económica.

Éste es un componente esencial, pues, ha conseguido que varias organizaciones políticas, con distintos orígenes ideológicos, incluyendo algunas que fueron aliadas de Chávez al inicio de su gobierno, puedan trascender las antiguas barreras de “izquierda y derecha” para coincidir en postulados fundamentales sobre la necesidad de atender las urgencias de una población que sufre la inseguridad y la pobreza. Al mismo tiempo, quiere garantizar el respeto a los derechos humanos, el fortalecimiento de la democracia y el Estado de derecho e impulsar el desarrollo económico y la descentralización.

Para ello, la MUD ha trabajado paralela y simultáneamente en la organización de una estructura política nacional y en la organización de comisiones de trabajo que han desarrollado un programa de gobierno con propuestas de políticas públicas para el conjunto de las áreas de la gestión y así enfrentar los desafíos electorales.

De esta manera, se ha conseguido posicionar, en la mayoría de la opinión pública, una alternativa capaz de gobernar el país y la idea de que un gobierno distinto al actual no será un salto al vacío, temor que agita permanentemente el régimen bolivariano.

En todo este proceso, es importante destacar que la unidad se basa en organizaciones políticas que han decidido trabajar democráticamente desde las condiciones y normas actuales, a pesar de estar convencidas de que no son iguales para todos ni garantizan imparcialidad. Se asume que la única forma de recuperar la democracia es trabajar desde ella hasta conseguir un nivel de apoyo ciudadano que sea un triunfo para la oposición y que haga imposible de ser desconocido por el régimen.

Queda, de esta forma, descartada cualquier postura abstencionista o cualquier salida fuera de la institucionalidad democrática. Igualmente, se supera la posición de la simple denuncia o la queja permanente sobre los abusos del Gobierno gracias al trabajo en conjunto y organizado para la consolidación de un proyecto de país que ofrezca la esperanza que hoy buscan quienes desde el centro político, en algún momento, le dieron la mayoría a Chávez para ganar la primera elección y posteriormente mantenerse en el poder con un importante apoyo popular.

Mi objetivo con todas estas referencias es enriquecer el debate suscitado en Bolivia para evitar que el mismo se limite a la factibilidad de simplemente trasplantar la experiencia de las primarias.

El desafío es mucho más grande si queremos no sólo ganar las siguientes elecciones, sino al mismo tiempo encaminar a Bolivia hacia un futuro con unidad, cohesión social, libertad, Estado de derecho, oportunidades, prosperidad y bienestar social para el conjunto de la sociedad, especialmente para quienes continúan sufriendo la pobreza y han perdido la esperanza que en algún momento les despertó el presidente Evo Morales y el Movimiento Al Socialismo (MAS).

Para ello, es importante comenzar a concertar los principios alrededor de los cuales se construya la unidad democrática. En esto no debiera haber mayores problemas si entendemos que los conceptos de democracia, lucha contra la pobreza y respeto a los derechos humanos son bases fundamentales que nos deben unir y trascender los diferentes orígenes ideológicos. Este consenso debiera reflejarse en un programa de gobierno y en una propuesta que dé la certeza a la población de que existe la opción real de un mejor gobierno y la confianza de que no se busca volver al pasado, sino construir un futuro.

Al mismo tiempo, hay que entender que la unidad democrática se logra mediante un trabajo permanente de estructuración política en el conjunto del territorio nacional y del tejido social. No se puede seguir apostando a candidaturas especulativas que aparecen tres meses antes de las elecciones a confeccionar listas de candidatos a diputados y senadores  y que piensan que sólo con propaganda se ganan las elecciones.

Una verdadera alternativa demanda mucho trabajo y dedicación; por ello sólo tendrán éxito quienes encaren con seriedad esta estructuración y cuyo horizonte no termine en las elecciones presidenciales de 2014, sino tengan una visión de desarrollo nacional para las próximas décadas.

Las primarias pueden ser el medio para resolver el desacuerdo sobre quién debe ser el candidato de la unidad. El fin debe ser la construcción de una alternativa democrática.

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