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Estados Unidos y nuestras materias primas

Si la contracción de la economía china puso el primer clavo en el ataúd del súper ciclo de las materias primas, la Reserva Federal (FED) le viene asestando el martillazo final.

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Paredes Zárate

00:00 / 14 de marzo de 2016

La decisión de subir las tasas de interés, a mediados de diciembre de 2015, que adoptó la FED (Banco Central de Estados Unidos) después de casi una década de inalterabilidad, ha estado bajo la lupa de algunos operadores del mercado, quienes manifestaron que esa medida fue un error y que la presidenta de ese organismo, Janet Yellen, tendría que dar marcha atrás. Ante tales criterios, la mayoría de los especialistas en ese país opinaron lo contrario, porque la mejora de los datos de inflación y la fortaleza subyacente en esa economía alentarían a que la Reserva Federal mantenga su predisposición de aumentar gradualmente ese indicador monetario, pese a que circunstancialmente el dólar está débil.

Ahora bien, ¿por qué nuestra atención en este tema?, sencillamente porque si el valor del billete verde se incrementa esto da lugar: i) a que las personas naturales, jurídicas y gobiernos paguen más por los créditos obtenidos; ii) al encarecimiento de tomar deuda para el comercio; iii) a mayor rentabilidad de los bonos; iv) a que algunos países experimenten fuga de capitales; v) a que la mayoría de los países latinoamericanos tendrían que seguir a la FED o sufrir presiones cambiarias; y, vi) a que las materias primas cuesten menos.

CAÍDAS. Detengámonos en el último punto, recordando que desde 2011 el mercado viene recorriendo un camino demasiado pedregoso, al extremo de que a partir de ese año hasta 2014 la cotización de los metales y de la energía (petróleo, gas y carbón) cayó cerca de 50%, en tanto los alimentos disminuyeron en 30%, y que en 2015 el oro negro sufrió un derrumbe de 45%, los metales, 21%, y los bienes agrícolas, 10% (Banco Mundial, BM).

Consecuentemente, ese escenario es poco probable que cambie drásticamente durante 2016, por los siguientes fundamentos:

i) Lento crecimiento mundial, que según el BM alcanzará un tímido 2,9% frente al 2,6% del año anterior.ii) Ralentización de las naciones emergentes y concretamente de China, cuyo Producto Interno Bruto en esta gestión alcanzará a 6,7% (inferior de 6,9% de 2015) y muy por debajo de comportamientos precedentes. No obstante esa cifra, el gigante asiático continuará como una de las principales locomotoras del mundo, un protagonista de primer orden del comercio internacional y un voraz consumidor de recursos extraídos del suelo y subsuelo; sin embargo, con una menor demanda. iii) Apreciación del dólar estadounidense, a partir del incremento del 50% de las tasas de interés (16 de diciembre de 2015) y alzas que se soltarían en los siguientes meses.

Quedémonos en el tercer soporte, toda vez que, como se señaló, incide en el mercado primario por dos motivos: a) su rol de numerario, lo que quiere decir que esos bienes se valorizan internacionalmente en dólares, por lo tanto, una apreciación tiende a bajar el precio nominal o viceversa; y, b) porque los flujos de capital se trasladan hacia los bonos estadounidenses por ser más atractivos en términos de rendimiento, lo que conlleva a disminuir la compra de materias primas (especialmente oro y plata) en su actuación de reserva de valor.

Si a esos dos mecanismos añadimos un elemento específico como el exceso de producción de bienes no renovables que se dio tiempo atrás, por decisiones de inversión asumidas bajo circunstancias muy favorables, entonces el panorama no se ve alentador.

Evidentemente, ante un récord en el consumo de commodities durante la primera década de este siglo, empresas de talla internacional invirtieron miles de millones de dólares en proyectos de capital a largo plazo, lo que dejó al mundo inundado de petróleo, gas natural y minerales —justo cuando China contraía su crecimiento— dando lugar a una sobreoferta que, con el alza de las tasas de interés en Estados Unidos y el fortalecimiento de su moneda, obstaculiza su absorción en el mediano plazo. 

Como muestra se tiene la caída abrupta del petróleo. Por más que en el mes de febrero haya bordeado los 33 dólares el barril, aún se halla en niveles inferiores frente a otros periodos; no obstante esos leves síntomas, se espera para esta gestión una baja adicional del 27% (Banco Mundial).

MINERALES. En cuanto a los minerales, si bien en las tres semanas anteriores —con relación a similar ciclo—, las cotizaciones crecieron en promedio 8,57% el estaño, 2,56% el plomo, 6,76% el zinc, 4,99% la plata y 7,93% el oro, ello no denota que sea la tendencia, porque en términos de $us/libra fina y $us/onza troy todavía se encuentran por debajo de lo sucedido en 2015 (especialmente entre enero y febrero). 

¿Por qué escalaron?  Las razones son, por un lado, la caída del valor del dólar, que se viene dando desde hace días, situación que puede revertirse toda vez que la mayoría de los indicadores de la economía de Estados Unidos dejaron de figurar sistemáticamente por debajo de las expectativas del mercado, lo que implica reacciones positivas y, por otro, la decisión del Gobierno chino de llevar adelante medidas de estímulo para intentar impulsar su actividad productiva.

A pesar de esa elevación, todavía no existen cambios sustanciales en los factores esenciales mencionados, lo que significaría que esa  conducta es un alivio coyuntural, por tal razón hay que ser cautos antes de adjudicarse lecturas exageradamente optimistas.

Y todo esto, ¿cómo nos afecta o favorece? Hay que advertir que la matriz exportadora del país está conformada por hidrocarburos, en el orden de 52%, (especialmente gas y que se halla indexado al petróleo) y alrededor del 31% por las ventas transfronterizas de minerales; ambos sectores se posesionan, en cuanto a valor, con 83% de las transacciones externas, el 17% restante compete a otros bienes transables; consiguientemente, a través de esa pieza se transmiten las consecuencias negativas, por ejemplo, el recorte en la entrada de divisas, la baja en el importe de la renta petrolera por IDH, regalías, participación de YPFB, patentes e impuestos (recordemos que el presupuesto 2016 de Bolivia tiene como base de ingresos 45,16 $us/barril) y en los tributos mineros; por tanto, estos aspectos comprometen los ingresos fiscales.

A nivel micro, las empresas que hoy operan en el sector primario, a diferencia del año pasado, sentirán con mayor fuerza este deterioro. En el campo minero ya se tienen los primeros indicios: por ejemplo, Huanuni el año pasado reportó un déficit de aproximadamente 26 millones de dólares; probablemente los actores mineros medianos, chicos y cooperativas también en 2015 sintieron decaer sus beneficios o sufrir pérdidas; ahora les espera un lapso más oscuro, lo que les obligaría a tomar medidas contundentes para seguir de pie.

Ante esta realidad, que no puede ser rehuida y menos ignorada, es urgente, por el carácter del modelo económico plural, construir conjuntamente un partenariado minero y así crear espacios de encuentro entre actores estratégicos y el Estado para la búsqueda de soluciones objetivas y aplicables, que luego puedan traducirse en políticas públicas de emergencia con el propósito de salvar a la minería boliviana.  Si la contracción de la economía china puso el primer clavo en el ataúd del súper ciclo de las materias primas, la Reserva Federal (FED) le viene asestando el martillazo final.

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