Animal Político

Urge debatir sobre los medios, pero no ahora

Frente al encuentro de Cochabamba

La Razón / Baldwin Montero Plaza / La Paz

05:00 / 04 de diciembre de 2011

Una vez más, el oficialismo ha puesto en la mesa del debate público el tema de la labor de los periodistas y de los medios de comunicación, con la diferencia de que esta vez el asunto forma parte de la agenda oficial del Primer Encuentro Plurinacional para Profundizar el Cambio, cuyas decisiones marcarán la senda que debe seguir el tramo II de la revolución democrática y cultural que proyectó el Movimiento Al Socialismo (MAS).

El justificativo para la inclusión de este punto en un encuentro que en principio se anunció como una cumbre para definir la nueva política económica del país, es que los sectores sociales se encuentran preocupados por las “tergiversaciones” y “mentiras” que se difunden en los medios de comunicación. 

Al menos ése es el argumento expuesto por el presidente Evo Morales, quien no hace poco reiteró sus críticas al trabajo de la prensa por el tratamiento que algunos medios dieron a la cobertura de la marcha por el TIPNIS. Una vez más, los “sectores sociales” aparecieron para hacer eco a las preocupaciones presidenciales.

Ocurrió lo mismo durante la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado, durante la pulseta con los líderes de la llamada “media luna” y, recientemente, en el conflicto que desató el proyecto de construcción de una carretera por el TIPNIS. 

Ese capítulo de la ríspida relación entre Morales y los periodistas y medios de comunicación dejó huellas: desde expresiones presidenciales poco afortunadas (“vuvucelas”, “pollos de granja”) hasta agresiones inaceptables, como la que se produjo en diciembre de 2008, cuando en un acto público el Jefe del Estado recriminó a un periodista por una noticia que publicó el matutino en el que trabajaba. El periodista no había escrito la cuestionada nota.

Sobre el acompañamiento de los sectores sociales a la preocupación presidencial por el trabajo de los medios, queda el penoso recuerdo del llamado Comité Cívico Popular, que además de agredir a periodistas en varias oportunidades protagonizó protestas en contra de medios de comunicación que había identificado como opositores. Otros sectores sociales afines al MAS también protagonizaron actos de agresión contra medios y periodistas.

Según el informe 2010 de la Fundación UNIR sobre agresiones a periodistas en Bolivia, del total de casos registrados (59) ese año, el 20,6% corresponde a agresiones físicas perpetradas por sectores sociales movilizados y el 15% a funcionarios del gobierno de Morales. En el informe relativo al año 2009 se registró que hubo 82 casos de agresión contra los periodistas.

Vale decir que en este momento los sectores sociales no son los actores más ecuánimes para evaluar el trabajo de los periodistas y los medios de comunicación, ni tampoco el Presidente, quien públicamente ha señalado que "el único opositor que tenemos en Bolivia son algunos medios de comunicación".

Quisiéramos creer que el debate propuesto no oculta ninguna intencionalidad política, pero los antecedentes dicen otra cosa. Por ello no parece lo más conveniente tratar este tema en el encuentro que se realizará este 12, 13 y 14 en Cochabamba, lo que no quiere decir que no haya necesidad de discutir a fondo  sobre la labor de los periodistas y de los medios de comunicación.

Por el contrario, urge enfrentar esta discusión, pero en un escenario distinto y con actores más técnicos que políticos. Si existen las condiciones de neutralidad necesarias, no habría motivos para rehuir el debate.

La realidad nos muestra que muy pocos medios contribuyen a la promoción de valores éticos, morales y cívicos, tal como lo dispone el artículo 107 de la Constitución. Por el contrario, son cada vez más los que apuestan al sensacionalismo. Otros pisotean a diario el artículo 21 de la Carta Magna, que dispone que los bolivianos y bolivianas tenemos derecho “a la privacidad, intimidad, honra, honor, propia imagen y dignidad” y no todos aclaran públicamente los errores que cometen.

Por supuesto que es necesario abrir el debate y hacer ajustes a la legislación boliviana, y no solamente para encarar temas como los antes señalados, sino además para adecuarla a estos tiempos de periodismo digital.

En el oficialismo existe preocupación porque algunos medios hacen cobertura encaminada a proteger los intereses políticos y económicos de sus propietarios. “Hay algunos medios privados que asumen el rol de un partido político y de opinadores políticos. En vez de generar información construyen opinión política mediática”, ha dicho el viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales, César Navarro.

Lo que no dijo es que los medios del Estado también hacen esta labor. No sólo transmiten horas de horas los actos a los que asiste el Jefe del Estado, también construyen opinión política favorable al Gobierno en programas como Noticias del Estado Plurinacional o El Pueblo es Noticia, que son plataformas de promoción de la gestión gubernamental. Claro, la diferencia está en que a unos les paga el dueño del medio y a otros todos los bolivianos.

Sin embargo, ésta no es una novedad, la población sabe perfectamente cuál es la inclinación del medio que elige, como los periodistas sabemos que no hay medios sin inclinaciones. 

Por eso, entretanto no existan las condiciones para un debate serio y sin apasionamientos, dejemos que la población continúe discriminando. Por lo demás, si un medio miente en un titular la mayor sanción que recibirá no es la clausura, sino la pérdida de credibilidad. Y un medio que no es creíble es como futbolista con piernas amputadas. Lo propio en el caso de los periodistas, si mienten y tergiversan con objetivos políticos habrán sepultado su carrera, aunque sean muy populares en los círculos por los cuales mienten.

Si un medio miente en un titular, la mayor sanción que recibirá no es la clausura, sino la pérdida de credibilidad. Y un medio que no es creíble es como futbolista con piernas amputadas. Lo propio en el caso de los periodistas, si mienten y tergiversan con objetivos, políticos habrán sepultado su carrera.

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