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Urge un debate nacional para definir el diseño y alcance del próximo censo

Escaños, recursos, las identidades; no sólo un tema técnico

Infografía escaños

Infografía escaños

La Razón / Iván Bustillos Zamorano

01:30 / 08 de enero de 2012

Si bien el diseño de la boleta censal en primer lugar es una labor técnica, de metodología, por el efecto que tendrá la información generada en este primer censo del Estado Plurinacional, desde distintos sectores políticos se demanda un debate nacional para definir de manera consensuada el diseño básico y el alcance que tendrá este peculiar relevamiento de datos, el más completo que se debe hacer cada diez años.

La distribución de escaños en la Asamblea Legislativa Plurinacional, la asignación de recursos para cada autonomía, la autoidentificación étnica del nuevo país plurinacional y las condiciones de vida (acceso a la salud, educación, vivienda y empleo)  son algunas cuestiones que el próximo censo ayudará a resolver.

Si bien la responsabilidad operativa del sondeo en primer lugar está en manos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el ajuste de la boleta debería ser objeto de por lo menos un foro en el que participen mínimo los cuatro órganos del Estado, el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial y el Electoral, insiste el senador del Movimiento Al Socialismo (MAS) por Potosí, Eduardo Maldonado Iporre.

Al respecto, su colega de Convergencia Nacional (CN) por Santa Cruz, Germán Antelo, informa de que la oposición ya planteó el debate de la convocatoria al censo en septiembre de 2010. La idea del proyecto de ley, en primer lugar, era determinar la fecha del evento, propuesta inicialmente para diciembre de 2011.

En segundo lugar, el objetivo era dejar establecidas las bases según las cuales se distribuirán los escaños de diputados en la Asamblea Legislativa Plurinacional y consolidar la representación política según el nuevo panorama poblacional. Si bien existen diversas fórmulas de asignación parlamentaria, aquí el principio debe ser  que “lo que se ve se anota”, apunta el asambleísta. Una vez que por el flujo migratorio interno, Santa Cruz, al parecer, es uno de los departamentos más beneficiados con inmigrantes, mucha de esta población hoy no se encuentra representada políticamente, insiste Antelo.

Se trata de entre cuatro y siete nuevos asambleístas para el departamento de Santa Cruz. “Habrá departamentos que se puedan resistir (a perder parlamentarios), pero, en justicia, la representación política corresponde allí donde está la gente”, y es que en Santa Cruz, por ejemplo, no se trata de favorecer a “lo cruceño”, sino sólo de reconocer política y económicamente a las nuevas comunidades paceña, orureña, potosina..., entre muchas otras. 

La tercera cuestión que se busca consolidar con el censo, según dice, es la distribución de recursos entre las autonomías departamentales, regionales, municipales e indígenas. Aquí, el principio es asegurar la capacidad de los niveles subnacionales de atender a la población que alberga en su territorio. Sobre todo para los departamentos y municipios que tuvieron un acelerado incremento poblacional, como Santa Cruz de la Sierra y El Alto, hoy existe un déficit, una población subatendida: el migrante que demanda servicios. Sólo para la capital oriental se estima una “población nueva” (desde el Censo de 2001) de un millón de personas, asegura Antelo.

El punto es poner en orden las cuentas: que el ‘nuevo cruceño’ (como el nuevo alteño, entre muchos otros) viva en este departamento con los recursos que le corresponde.

Desfavorecidos. Debido al elevado índice de emigrantes que tiene el departamento de Potosí, es previsible que con el censo pierda tanto escaños parlamentarios como recursos económicos. Esto también debe empezar a debatirse antes del conteo nacional, sugiere Maldonado. Y es que, en vista del desarrollo solidario, como país en su conjunto, es cuestionable, por ejemplo, dice Maldonado, la llamada distribución per cápita, por persona: tienen más recursos las regiones más pobladas, en desmedro de las de menor gente.

Pero como se trata de gente que se fue de un lado a otro, de Potosí a Santa Cruz, por ejemplo, ante la “individualista” distribución per cápita, por qué no pensar, digamos, en que el migrante en la capital oriental decida “coparticipar su coparticipación”, aceptar que se divida en dos todo recurso que le corresponda, un tanto para su municipio de origen, otro tanto para el que hoy le acoge, plantea el senador Maldonado.

Otro tema que se debe encarar antes —dice— es evitar la clásica “pelea por la población” entre municipios. Menciona el caso de municipios rurales potosinos que para el censo obligan, hasta con amenazas, a retornar a sus migrantes, a fin de registrar una mayor población. “Las grandes ciudades hasta se vacían, y esto sesga enormemente la información; por lo menos esto pasó en Potosí en el último censo”, según cuenta Maldonado.

En el caso de la previsible redistribución de los escaños parlamentarios por departamentos, cuando unos ganarán curules a costa de otros, y en la medida en que esto generará conflictos, el senador potosino plantea la posibilidad de distribuir los escaños aumentando el número de asambleístas, sin tocar la actual estructura legislativa, “para no perjudicar a los departamentos que pierden escaños”.

Un tema de cuidado en relación al censo —en criterio de Maldonado— es el de los límites territoriales entre municipios y departamentos. Si bien el relevamiento determinará la población de cada autonomía, el tema de los límites sobre todo es técnico y de consenso entre las partes encontradas; el censo por sí solo, antes que ayudar a solucionar el conflicto, puede alentarlo.

Postergación. Para el senador de Tarija Marcelo Antezana (CN), en la oposición hay una desconfianza generalizada acerca de si el censo se realizará en 2012, tanto por el temor del Gobierno de no revelar la nueva distribución poblacional con un mayor peso hacia el oriente, como por la presión regional de los departamentos del occidente (La Paz, Oruro y Potosí), que ven una previsible disminución de sus recursos ante la evidencia de una relativa disminución de su población.

Hay que recordar que será en base a los resultados del Censo de 2012 que se efectuarán las elecciones nacionales de 2014. Para que esto (las elecciones en un nuevo escenario) sea posible —apunta Antezana— los resultados oficiales del censo máximo deben estar listos hasta fines de 2013. He ahí la urgencia que el censo de todos modos sea este año. Para el senador del MAS por La Paz, Eugenio Rojas, en cambio, no hay que perder de vista que el Censo de 2012 tendrá lugar en el proceso de construcción del Estado Plurinacional.

Específicamente, por ejemplo, para muchos sectores sociales está el desafío de establecer las condiciones de construcción de las diversas formas de autonomía indígena. Por otro lado, si bien admite la posibilidad de que, por ejemplo, La Paz pierda escaños parlamentarios por el fenómeno migratorio, de todos modos “este censo hay que estudiarlo muy bien para que no sea un problema; más bien que nos oriente a solucionarlos”.

En relación a la fecha, Rojas rexcuerda que existe la propuesta de realizarlo en junio, pero que personalmente él ve un problema: “en junio, sobre todo en el área rural, la gente emigra, una vez que ha concluido su cosecha, y en septiembre retorna para la siembra; estos temas también hay que verlos, porque (esos hechos) nos pueden engañar”.  El asambleísta paceño admite que a la fecha en la Asamblea Legislativa Plurinacional todavía no se conoce la boleta censal, al punto de que sea objeto de alguna observación o debate parlamentario.

La boleta censal, el instrumento de conocimiento

Los asambleístas entrevistados coinciden en que el censo es un medio privilegiado para conocer al país en cuanto a la distribución de su población y las condiciones de vida, a más de 10 años del último, efectuado en 2001. El censo de 2012 será el décimo primero que tiene lugar en el país. La boleta está dividida en siete capítulos y 62 preguntas. Los primeros seis capítulos se refieren a las características e identificación de la vivienda y el hogar, además de la conformación del mismo, la mortalidad y la emigración poblacional.

En la boleta se registran datos referidos a la migración interna y externa, la discapacidad física, además de las características y la ubicación de la vivienda, los servicios básicos con que cuenta, la cantidad de habitaciones, entre otros datos.

Un hecho que no deja de llamar la atención es el referido a la preferencia religiosa de la población, pues, por primera vez, cuando se pregunta “¿cuál es su religión o creencia espiritual?”, entre las opciones están, por un lado, la categoría “pachamamistas” y, por otro, la alternativa “espiritualidades ancestrales indígena-originarias”. En el último capítulo se trata los principales rasgos de las personas, entre los que se encuentran el idioma que habla la gente y la pertenencia a alguna nación o pueblo indígena.

En lo indígena, hay 55 nacionalidades o pueblos a las que uno se puede adscribir. Esto se explica, señala Idón Chivi, en que se trata de diferenciar, por ejemplo al aymara de Jach’a Karangas del aymara de Jach’a Pakajaqi, o al mojeño ignaciano del javeriano, del loretano y del trinitario.

Migración interna, si el río suena...

Todos lo saben de alguna manera: si hay algo que revelará el próximo censo de población y vivienda es la evolución que tuvo en los últimos 10 años la denominada ‘migración interna’, entre departamentos, regiones y municipios: cuáles han perdido más gente de la que ha llegado (que son “expulsoras” de población) y cuáles son los lugares más “receptores”.

Este dato clave para luego hablar de escaños parlamentarios o distribución de recursos no se conoce sino con el relevamiento, para el caso, el realizado en 2001. Pese a la lejanía de los datos, a través de ellos se puede percibir las tendencias que se dan en la movilidad social.

Así, para el periodo 1996-2001, se determinó que el 68,5% de los municipios del país tenía “saldo migratorio negativo” (que haciendo cuentas entre la gente que llegaba y la que se iba, más eran los que partían). Saldo negativo en cinco de los nueve departamentos (Chuquisaca, La Paz, Cochabamba, Oruro y Potosí), esto es, que más bien eran departamentos expulsores de población; los otros cuatro (Tarija, Santa Cruz, Beni y Pando), se entiende, eran los “receptores”, los directos beneficiarios de la migración.

Entre los departamentos expulsores de población, por lo menos hace 10 años, el caso más dramático era Potosí, de cuyos municipios prácticamente el 95% tenía un “saldo migratorio negativo”; le seguía Chuquisaca, con el 93% de sus municipios; La Paz, con el 85%; Oruro, con el 73%; y Cochabamba, con el 70%. (Ver cuadro adjunto)

En el lado de los departamentos receptores de población, el primero de lejos era Pando, de cuyos municipios el 93% tenía un “saldo migratorio positivo” (que recibía más gente de la que se iba); le sigue en importancia, Santa Cruz, del cual el 64% de sus municipalidades era receptora de migrantes; siempre en este sentido positivo, mientras Tarija ocupa el tercer lugar, con el 54% de sus municipios beneficiarios con migrantes, el cuarto lugar es para Beni, con el 53%.

Hace 10 años, la tendencia era que buena parte de la población del occidente se iba hacia el oriente. De cómo ha evolucionado esto, precisamente dará cuenta el próximo censo de población y vivienda. Una vez que en 2001 la población migrante era de poco más de 732 mil personas, un dato llamativo es que el 49% de éstas había migrado dentro de su propio departamento, en tanto que el restante 51% lo había hecho de un departamento a otro.

En el país existen 15 municipios que concentran la mayor parte de los inmigrantes. En conjunto, dichas municipalidades recibieron al 61% del total de inmigrantes. En estas secciones de provincia se encuentran las capitales de departamento, excepto Cobija, además de ciudades intermedias como Sacaba, Quillacollo, El Alto, Montero, entre otras.

Por lo menos en base al censo de 2001, Santa Cruz de la Sierra es el principal municipio que atrae a la migración originada en el resto de los municipios del país, ya que recibe alrededor del 16,4% de la totalidad de inmigrantes nacionales.

Internacional. Una de las migraciones menos documentadas en el país, es la internacional, la de bolivianos que se van al exterior, destaca el director del Instituto de Investigaciones Sociológicas (IDIS) de la UMSA, René Pereira Morató. No hay evidencia empírica de las cifras que se manejan, destaca.

Así, señala que debería ser una prioridad incluir la pregunta sobre este tema en la boleta censal del próximo censo. La pregunta debería ser, afirma el sociólogo: “Durante los últimos cinco años, esto es, el año 2007 a la fecha, ¿alguna persona que vive o vivía con ustedes (en este hogar) se fue a vivir a otro país? ¿Cuántas, de qué sexo y cuál es el actual país de residencia?”.

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