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Urge replantear la historia enfocada solo en derrotas

La historia nacional se centra en las derrotas del Pacífico, del Acre y del Chaco, ni siquiera se sabe que se ganó una guerra a la Argentina, a Perú o que se hizo escapar al Brasil, que pretendía invadir Chiquitos.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont

00:00 / 02 de marzo de 2014

La manera en que se enfoca la enseñanza de la historia boliviana en la educación primaria y secundaria se concentra en las derrotas bélicas de Bolivia. El famoso “mapa del luto” territorial siempre está colgado en cada establecimiento educativo mostrando cómo es hoy Bolivia y supuestamente cómo era en su fundación. Se concluye con esa imagen que el país habría perdido la mitad de su superficie y por tanto que en su fundación era el doble de extenso. Este mapa es engañoso, pues muchos de los territorios que se atribuye a Bolivia aún no se habían definido y estaban en disputa. En todo caso, el mapa muestra la historia boliviana como una seguidilla de derrotas.

Al respecto, el expresidente Carlos Mesa señala que es necesaria una relectura. “No se trata de decir que todo sean victorias, pero hay que hacer una historia que recupere los éxitos de la construcción nacional”.

El politólogo Jorge Abastoflor afirma que la enseñanza de la historia es el mecanismo ideológico central para la construcción de la identidad nacional. “En todos los países uno se encuentra con hazañas, héroes y cosas grandiosas, aún cuando no sean del todo ciertas; en Bolivia sucede lo contrario, parece diseñada para evitar la formación de la identidad nacional”.

Por su parte, Mesa —además de sugerir que ese “mapa del luto” territorial debería desaparecer— cuestiona la cultura del fracaso y del sentimiento de culpa que inculca la versión carnavalesca sobre Hilarión Daza (que ocultó la noticia de la invasión de Antofagasta por proseguir con el festejo del carnaval).

En el caso del “mapa del luto”, señala “que es parte de nuestro complejo nacional”, aunque hay diferencias importantes de análisis sobre los territorios perdidos o las circunstancias en que se los habría cedido. En algunos casos es engañoso y se trataba de territorios que no se habían definido y estaban aún en disputa con algún vecino.

La matriz más o menos universal de la enseñanza de la historia se enfoca en lo bélico, resalta Abastoflor. “Nosotros solo tomamos los aspectos negativos de nuestra historia bélica”, lamenta.

En el sentido común del boliviano solo existen tres guerras: del Pacífico, del Acre y del Chaco, precisamente las que se perdieron.

Para comenzar, en los colegios hasta hoy se enseña la versión chilena de que el presidente Hilarión Daza habría ocultado la noticia de la invasión chilena para que los festejos del carnaval no se detengan. El historiador Luis Antezana en su libro Daza no ocultó la noticia de la invasión (1982) desmiente esa posibilidad; sin embargo, en los colegios se insiste en seguir divulgando la versión carnavalesca chilena.

Acerca del caso Daza, Mesa señala que “es una cuestión que responde a una lógica boliviana de la autoflagelación y de suponer siempre que nuestra irresponsabilidad es la que promueve los desastres que han sucedido al país”.

Ya comenzando a subrayar los éxitos, Abastoflor destaca la Guerra de la Independencia. Por la forma en que se la enseña “se quita todo el crédito a los bolivianos” pues los libertadores vienen de fuera (el ejército de Colombia y el ejército auxiliar de Argentina). “Sin embargo, llegaron cuando los guerrilleros locales y pequeñas fuerzas regulares habían derrotado por su cuenta a un poderoso ejército español. Con excepción de Bolivia, no existe un país en el mundo que adjudique su guerra de la independencia a extranjeros”, problematiza Abastoflor.

Por ejemplo, Chile niega a San Martín, que venía de Argentina, pero que fue fundamental para su independencia.

También señala que se debería tomar en cuenta el casus belli de Brasil que quiso invadir Chiquitos en 1925. “Las tropas brasileñas se retiran solo al saber que los bolivianos iban a su encuentro”, relata.

Mesa reclama que no se recupera la campaña de la Confederación Perú-Boliviana comandada por el Mariscal Andrés de Santa Cruz entre el 1835 y 1839. “Esta fue una sucesión permanente de victorias”.

Siguiendo, Abastoflor no puede entender por qué no se rescata la Guerra de Pacificación del Perú comandada por Santa Cruz entre 1935 y 1836. Tampoco que Tarija era un departamento que podía haberse quedado con Argentina —complementa Mesa— y por decisión de sus pobladores se anexó a Bolivia.

“La guerra con Argentina, que fue un triunfo bajo las armas de Santa Cruz y el Almirante (Miguel) Grau, consolidó a Tarija como parte de Bolivia. A pesar de la pretensión del presidente argentino (Juan Manuel de) Rosas, que fue derrotado militarmente”, añade el expresidente.

Tampoco se resalta la guerra en que se detuvo la invasión del peruano Agustín Gamarra. La batalla final de esta campaña fue la victoria de Ingavi en 1841, en la que según Mesa “se consolida la independencia nacional”.

Si bien en el Chaco se puede hablar de derrota, la defensa de Villamontes es un éxito militar que garantiza la protección de las reservas de hidrocarburos que son hoy explotadas, concluye.

Lo cierto es que muchos bolivianos ni siquiera saben que existió una guerra contra Argentina y que se la ganó, tampoco que hubo otros conflictos bélicos más allá de los del Pacífico, Acre y Chacho.

“Siempre se toma en consideración lo que perdimos y no lo que ganamos”, dice el exmandatario y concluye diciendo que en el replanteamiento de la historia nacional y su enseñanza hay que destacar como grandes “éxitos en el periodo de la construcción nacional” los vividos durante los gobiernos de Sucre, Santa Cruz y Ballivián, los elementos de heroicidad de la Guerra del Pacífico, la batalla de Boquerón, la guerra contra Argentina y la defensa de Villamontes, entre otros hechos.

Además sugiere un reevaluación de los territorios que se asumen como perdidos, cuando en realidad muchos de ellos eran límites que aún no se habían definido con los países vecinos. Es decir que habrá que combinar éxitos históricos, geopolíticos, militares y diplomáticos.

Es periodista de La Razón

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