Animal Político

‘Verba volant, scripta manent’

‘Las palabras se las lleva el viento...’

La Razón / Mario Espinoza Osorio

00:01 / 02 de septiembre de 2012

A lo largo de la historia los seres humanos han construido ideas a partir de frases. Algunas, al calor de los acontecimientos, pero la mayoría estudiadas y muchas veces más efectistas que efectivas. Esa misma historia recoge centenares de ellas que han sido pronunciadas en encendidos o desesperados discursos o en situaciones dramáticas, pero que las recordamos porque han quedado escritas y que ahora son la base para entender un momento, encontrar una escuela de pensamiento o para justificar una acción.

Por ejemplo, se atribuye a Julio César la frase alea jacta est (la suerte está echada) cuando cruzó el río Rubicón. Hoy se la utiliza cuando se ha hecho algo que implica un punto de no retorno y sin vuelta atrás. También es famosa la frase “no tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”, parte del discurso de Churchill a la Cámara de los Comunes en mayo de 1940, cuando se preparaba la Batalla de Francia, aunque muchos han cuestionado la autoría del concepto de la famosa frase del premier inglés.

Una de las frases más emotivas fue la de Martin Luther King, el 28 de agosto de 1963, delante del monumento a Abraham Lincoln en Washington, durante una histórica manifestación de más de 200 mil personas en pro de los derechos civiles para los negros en Estados Unidos: “Tengo un sueño: que mis cuatro hijos vivirán un día en una nación en la que no serán juzgados por el color de su piel sino por su reputación”.

Benito Juárez, presidente de México, dijo una vez: “el respeto al derecho ajeno es la paz”. Las palabras quedaron inmortalizadas en la profundidad del pensamiento. En la Biblia, en Mateo 27:46, se atribuye a Jesús haber dicho “Elí, Elí, lamá sabactani”, que quiere decir “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, momentos antes de expirar.

En nuestro país, las frases no han quedado al margen. Las han pronunciado generalmente los políticos en grandes discursos. Uno de los más explotados en lo negativo es Mariano Melgarejo, presidente de Bolivia entre 1864 y 1871. Muchos historiadores han coincidido en que se atribuyen frases a Melgarejo más allá de la verdadera historia, aunque tampoco descartan que las célebres frases como “confianza ni en mi camisa, fusilen a mi camisa” o “a Francia por el desecho” hayan sido pronunciadas.

Otra frase que quedó para siempre es la que pronunció Ismael Montes, presidente de la República cuando el ganador de las elecciones de 1909, Fernando Guachalla, murió antes de asumir el cargo. En vez de entregar el mando al presidente del Senado, Montes dijo: “Muerto el árbol, muertas las ramas”, y se prorrogó en el poder.

Una frase siniestra fue la pronunciada por Luis Arce Gómez, ministro del Interior de Luis García Meza: “(...) Con el testamento bajo el brazo”. Muchos lo sufrieron y aún se la usa. A partir de 1982, cuando vuelve la democracia al país, se han pronunciado varias frases, especialmente de presidentes, y que han quedado en la mente de los bolivianos. Éstas son las más recordadas:

“Es posible que en los próximos 100 días la situación económica comenzará a ser revertida”. Fue un plazo que se dio a sí mismo el presidente electo Hernán Siles Zuazo, el 8 de octubre de 1982, ante una concentración en la plaza de San Francisco. El plazo llegó, pero la promesa no se cumplió. Todo lo contrario.

“El hambre no espera”. Fue el eslogan del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) muy bien explotado por ese partido para no esperar y que se convoque al Congreso Nacional de 1980 y posesionar al binomio SilesZuazo-Jaime Paz Zamora, de Unidad Democrática y Popular (UDP). “¿Qué más nos pueden decir?”. Paz Zamora, ante los empresarios en la campaña de 1989, cuando aseguró que la trayectoria del MIR era limpia al margen de una acusación de mal uso de una harina donada.

“En política hay que tragar sapos”. Wálter Guevara Arce, candidato a la vicepresidencia por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) en 1989, refiriéndose a la presencia en ese partido de Guillermo Bedregal, que había sido parte del golpe que derrocó a Guevara en 1979. “Bolivia se nos muere”. Parte del discurso de Paz Estenssoro al anunciar en 1985 el Decreto Supremo 21060. “Cerramos Comibol (Corporación Minera de Bolivia) o cerramos Bolivia”. Gonzalo Sánchez de Lozada, ministro de Planeamiento, cuando en 1985 justificó la relocalización de trabajadores mineros.

“Fueron errores y no delitos”. Paz Zamora, en el discurso de su alejamiento definitivo de la política (que nunca ocurrió) a raíz de los denominados “narcovínculos”. “Mis manos ya no están atados”. Sánchez de Lozada, candidato del MNR para las elecciones de 1989, cuando rompió la alianza con Hugo Banzer Suarez. El MNR se había comprometido a apoyar a Banzer en esa elección.

“Votaré por el que gane las elecciones aunque sea por un voto”. Banzer Suárez, candidato de Acción Democrática Nacionalista (ADN), desafiante y seguro de ganar las elecciones de 1989. No ganó y no cumplió su promesa e hizo presidente a Jaima a Paz Zamora, tercero en la elección.

“Cuán difícil es amar a Bolivia”. Otra vez Paz Zamora aceptando y justificando la alianza con el MNR en 2002, partido que lo persiguió duramente en los años precedentes“Mano justa”. Carlos Mesa, cuando la gente pedía mano dura contra el Congreso y los partidos que lo de-sestabilizaban.

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