Animal Político

Videocracia

Manipulación en la televisión

La Razón / Mario Espinoza Osorio

00:02 / 06 de mayo de 2012

Videocracia: Es obvio, la palabreja no existe, pero podría. El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua podría aceptar que en muchos casos, la imagen es la clave del poder. Pregúntenle sino a Silvio Berlusconi, que se inventó a partir de sus medios.

La que sí existe es la palabra manipulación, que no es otra cosa que el cambio intencional de un curso normal. Y si a estos dos conceptos sumamos la palabra subliminal, que es un “estímulo que por su debilidad o brevedad no es percibido conscientemente, pero influye en la conducta”, el resultado será tan complejo como polémico.

Los nuevos magos de la publicidad y de la propaganda pueden fácilmente llevar a las masas de pasivos receptores a inclinar su pensamiento, sus emociones y su conducta en direcciones previstas hacia situaciones provocadas artificialmente: es decir, el sombrero de copa del mago es ahora la pantalla de televisión y los conejos que salen se transforman en emociones verdaderas a partir de escenarios ficticios.

A todo esto se llama Teorema de Thomas, que asegura que “si el hombre define situaciones como reales, ellas son reales en sus consecuencias”. Ergo, si la televisión nos muestra un escenario a partir de los deseos de los dueños del medio, es muy probable que las consecuencias de esa puesta en escena sean absolutamente reales.

Desde hace mucho tiempo los noticieros de televisión se han vuelto repetidoras del famoso teorema, en las que, especialmente, las jornadas épicas, de violencia o dramáticas se han vuelto caldo de cultivo para la manipulación y el mensaje subliminal. Y no falla. La música de Batman inicia es el común denominador en la musicalización de las noticias, en un claro afán del periodista de cargar de dramatismo a una nota de por sí dramática.

Lo malo es que es, precisamente, a esto a lo que se refería Thomas en su teorema, y para ir más lejos en la reflexión, es bueno recordar que la manipulación, en este caso, se refiere a cualquier elemento que sea ajeno a la noticia.

Dicen los editores de fotografía de los periódicos que en fotografía no está mal un retoque, siempre y cuando no cambie la esencia de  la imagen. Por ahí incluso podría aceptarse un blanco y negro que podría aumentar dramatismo a la imagen, pero nunca incorporar detalles que no estuvieron en la imagen original. El fotomontaje, si se usa, debe ser explicado al lector siempre y cuando este recurso sirva para una mejor comprensión del tema y no cambie la esencia.

En la televisión debería ocurrir lo mismo, pero en la mayoría de los casos en Bolivia la incorporación de un canal de música, elemento ajeno a la noticia para darle dramatismo, es “normal” y apunta a la manipulación del sentimiento del telespectador.

En el exterior, las cadenas, incluso las más apegadas a la “objetividad”, han aceptado que los titulares del telediario o los adelantos de las noticias, pueden incluir cortinas musicales dramáticas, festivas o de cualquier otra índole, a fin de cumplir la tarea de entretener al televidente y hacer del producto algo más atractivo. Pero no las usan en las noticias.

Bolivia juega sus propias reglas. Por eso no nos extrañe que la IX marcha de los indígenas del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) tenga una carga emotiva más allá de lo dramático que puede ser la movilización en sí misma. El mostrar imágenes de los marchistas, hombres mujeres y niños extenuados, llevándose un mendrugo de pan a la boca o algo de líquido, todo esto acompañado inefablemente de música de alguna película, será el pan de cada día a medida que la marcha se acerque.

El resultado será el espíritu tan profunda como artificialmente conmovido del telespectador, aunque, por supuesto, esto no quiere decir que seamos totalmente ciegos ante la predicción creadora ni que ella se cumpla en el 100% de las situaciones. Por suerte, la manipulación grosera  y en el estilo de la novela 1984, sólo funcionó en la hábil pluma de George Orwell.

Pero, por desgracia, la manipulación suele funcionar. Gracias a este tipo de televisión, todo es terrible. A veces lo es, no hay duda. En la televisión la información suele vestirse de epopeya y encontramos periodistas que hablan agitados aún sentados y que ven al telespectador como un indigente intelectual. La industria mediática, no hay que olvidarlo, exhibe un largo historial, como asegura Pierre Bordieu, en la labor de trasladar al público la idea de que el mundo es un lugar malo, hostil e inseguro.

Tras el objetivo de maximizar audiencias y beneficios, los medios han descubierto que los relatos sobre sucesos, crímenes, linchamientos, enfrentamientos políticos y otras desgracias resultaron especialmente eficaces para captar y retener la atención de la opinión pública. Los comentaristas de las emisoras de televisión y radio suelen pontificar sobre el asunto tocando de oído y, en muchos casos, con una ligereza que encoge el ánimo de cualquier telespectador atento. Ahora bien, no es que el periodista nada menos le esté echando la culpa de lo que ocurre en Bolivia al mensajero, por interpósita persona. (Bordieu) porque simplemente las cosas ocurren con o sin periodistas.

Pd. La crítica al periodismo de la televisión es un mea culpa de mis años en la televisión.

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