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Vigencia y futuro de la CAN: Crisis de la Comunidad Andina

La CAN deberá reinventarse y ajustarse al contexto mundial. La reingeniería de la CAN deberá contestar a la pregunta: ¿qué integración andina le sirve a cuatro países con enfoques diferentes de inserción en la economía global?

La Razón (Edición Impresa) / Rodrigo Fernández

12:15 / 22 de febrero de 2016

Si hubiera que definir el estado actual de la integración latinoamericana habría que decir que atraviesa una fase crítica. A medio siglo de los primeros esfuerzos de integración los resultados concretos aún son mínimos.

Es llamativa la aparición de nuevas siglas de integración —CELAC, Unasur, Alianza del Pacífico y alba—, que en los últimos tiempos se han sumado a los esquemas más tradicionales y consolidados — OEA, Mercosur, CAN y SICA—. Pero todas estas siglas comparten el mismo pasado: tras unos comienzos habitualmente brillantes, acaban estancados y paralizados por rencillas y desacuerdos entre los países que los componen.

El proceso de integración más antiguo de Sudamérica es el Pacto Andino, que se inició con la suscripción del Acuerdo de Cartagena el 26 de mayo de 1969. Integrado por Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Perú y Venezuela, tenía como propósito establecer una unión aduanera en un plazo de diez años. Fue reformulado en 1997, a partir del Protocolo de Trujillo y el Protocolo de Sucre, dando origen a la Comunidad Andina (CAN).

El bloque atravesó por varias crisis: la salida de Chile en 1976, la falta de cumplimiento de los planes industriales en los 70, el efecto de la crisis de la deuda que afectó el programa de liberalización del comercio intrarregional en los 80, el abandono temporal del Perú en 1992, entre otros.

El gran logro de la CAN ha sido la creación de una zona de libre comercio que se completó en el 2006. En 2004, se firmó un Acuerdo de Libre Comercio CAN-Mercosur. Los países del Mercosur y Chile son miembros asociados a la CAN.

La actual crisis tiene sus orígenes en la firma de Tratados de Libre Comercio de Colombia y Perú con los Estados Unidos (2006) y la Unión Europea (2013), que precipitó la salida de Venezuela del Sistema Andino de Integración y evidenció divergencias en cuanto a los modelos económicos, identificándose dos líneas generales: por un lado, Bolivia y Ecuador, con una visión de crecimiento y desarrollo económico vía el fortalecimiento del mercado interno y, por otro, Perú y Colombia, que privilegian un modelo de des arrollo hacia los mercados externos.

Por otra parte, todo el poder de iniciativa en materia de integración ha sido transferido a los actores nacionales —jefes de Estado o cancilleres— (diplomacia presidencial), lo que redujo considerablemente el papel de las Secretarías. El resultado: agendas regionales muy dependientes de la participación de los presidentes —y, por lo tanto, de la agenda electoral. Se creyó que una mayor sintonía política e ideológica no solo facilitaría la integración, sino también la aceleraría, pero más bien generó la ideologización de la agenda regional y la creciente brecha entre los compromisos asumidos en las declaraciones presidenciales y la implementación de los mismos.

Entre los factores institucionales del debilitamiento de la CAN está: la concentración de poder en los órganos intergubernamentales del Sistema Andino de Integración y las reducidas funciones y autonomía de los órganos de carácter comunitario; el excesivo número de Consejos y Comités Consultivos; la ausencia de colaboración entre los órganos comunitarios andinos, entre otros. Recientemente, los Estados miembros han resuelto disolver el Parlamento Andino, que existía desde 1984.

Además está la ausencia de liderazgo, el exceso de nacionalismo, el resurgir de tendencias proteccionistas, la falta de identidad regional y las asimetrías estructurales entre los países.

La parálisis de la CAN y la crisis que afronta el Mercosur ha hecho propicio el surgimiento de otros esfuerzos integracionistas como la Alianza del Pacífico, que ha despertado gran interés en varios países dentro y fuera de la región en los últimos años.

En ese contexto, el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores impulsó la reingeniería del Sistema Andino de Integración para adecuar el marco institucional y concentrar las actividades en torno a determinadas líneas de trabajo: integración comercial intracomunitaria, interconexión eléctrica, conectividad intrarregional del transporte, Pymes, identidad y ciudadanía andina, pero dejó por fuera el decisivo desarrollo e integración de las fronteras.

Durante muchos años, la CAN fue ejemplo de un verdadero ejercicio e intención de integración regional. Su solidez institucional, construida a lo largo del tiempo, es su seguro de vida ante el declive que vive, pero deberá reinventarse y ajustarse al contexto mundial.

La reingeniería de la CAN  deberá contestar a la pregunta: ¿qué integración andina le sirve a cuatro países con enfoques diferentes de inserción en la economía global? La respuesta pasa por promover, por ejemplo, cadenas de valor andinas, capaces de generar valor agregado subregional. Esto requiere reducir los costos de logística y de transacción que existen en los flujos de bienes entre nuestros países. Para ello, temas como transporte fluido, sistemas de información, interconexión y normas técnicas comunes sobre bienes y servicios son fundamentales.

Los países andinos no pueden eludir el hecho de que el núcleo esencial de cualquier proceso de integración es económico y que en el mundo actual negocian las regiones: el  Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión (TTIP) entre Estados Unidos y la Unión Europea (UE), el acuerdo de libre comercio de la UE y Japón, el Acuerdo de Asociación Trans-Pacífico (TPP), entre otros.

La integración regional y subregional es un imperativo en la geopolítica actual. Una región dividida en sus objetivos sería un actor débil en un tablero mundial en el que predomina cada vez más el desorden y la fragmentación. Urge la reanudación de la integración con menos retórica y más pragmatismo.

(*) Rodrigo Fernández Ortiz es investigador del Instituto PRISMA.

 

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