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Violación

Vamos a ver. Un asambleísta departamental violó a una mujer en pleno recinto legislativo. No importa si es representante del oficialismo o de la oposición: violó. No hace diferencia si nació en Chuquisaca o en otro departamento, si es citadino o del área rural: violó.

La Razón / Exeni / La Paz

00:02 / 20 de enero de 2013

Vamos a ver. Un asambleísta departamental violó a una mujer en pleno recinto legislativo. No importa si es representante del oficialismo o de la oposición: violó. No hace diferencia si nació en Chuquisaca o en otro departamento, si es citadino o del área rural: violó. Y no se trata de un error ni de una oscura conspiración ni, por favor, del “agravio a una persona mayor”: hubo violación, esto es, un delito. No nos vengan con eufemismos.

Vamos a ver. El miserable hecho ocurrió hace un mes, luego de un almuerzo por Navidad convocado por la Asamblea. Pero ese día, y los siguientes, no se supo nada. Quienes cometieron el delito, aquéllos que lo encubrieron e incluso quienes tenían el video mantuvieron el secreto. Tampoco puede esperarse que la víctima, que estaba inconsciente y para colmo fue despedida, “active una investigación”.

Vamos a ver. ¿Qué hubiese pasado si, primero, no habría existido una cámara de seguridad en el recinto y, segundo, no se hubiera filtrado el video a un canal de televisión? Nada. Impunidad absoluta. El responsable seguiría en su curul “legislando” para la región. Como nada ocurre con las muchas violaciones que, sin imágenes, sin escándalo, se producen puertas adentro en casas, iglesias, oficinas…

Vamos a ver. Por donde se mire, no hay atenuante ni matiz, este flagrante delito es condenable y exige pronta sanción penal. Así lo han expresado, con más o menos claridad, diferentes autoridades y organizaciones. Por ello resulta grotesca la sola insinuación de que el hecho “no es casual” y podría ser obra de la oposición (sic). Como grotescas son algunas derivaciones racistas: “indios del MAS violadores”.

Vamos a ver. Los medios de comunicación han sido especialmente cuidadosos, esta vez, al hablar de “presunta” violación, “supuesto” violador. Pero algunos también fueron profusos en la difusión del video que muestra el hecho. Tenían las imágenes. Las repitieron ad nauseam. Pisotearon así la dignidad de la víctima. La re-victimizaron. Sin difusión del video no se hubiera conocido el caso, cierto, pero la libertad de expresión también puede violar el derecho a la intimidad.

Vamos a ver. Vamos a indignarnos, carajo. Vamos a actuar.

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