Animal Político

Vitalismo, alternativa al socialismo y al capitalismo

¿Qué es el Sumakawsay?

La Razón / Atawallpa Oviedo Freire

00:00 / 22 de abril de 2012

Corren vientos nuevos en el mundo entero: la denominada Primavera Árabe, los indignados, los Ocuppy Wall Strett... Irónicamente, los conflictos más agudos a nivel económico, militar y religioso están dándose en aquellos territorios que fueron la cuna de la llamada civilización occidental o paradigma monoteísta-monárquico: La Mesopotamia (Irak-Irán) del patriarca Abraham y el dios único; el Egipto del profeta Mesías y su proclama del dios verdadero; Israel-Palestina-Siria, el epicentro de las tres grandes religiones monoteístas de occidente; Grecia, la “patriz” del pensamiento racionalista con Sócrates, Platón y Aristóteles; Italia, la fuente del derecho romano y la que impondría por la fuerza en toda Europa el sistema civilizatorio semita-helénico, para a su vez los europeos implantarla en todo el planeta.

¿Será una coincidencia o nos están reflejando el fin de una forma de concebir el mundo y de convivir la vida? Todos ellos viven una aguda crisis en todos los órdenes, como de igual manera todos los postulados que surgieron en esos lugares: el patriarcalismo, el antropocentrismo, el eurocentrismo, el mercantilismo, el materialismo, el racionalismo, el  mecanicismo, etc. Todos éstos han sido severamente cuestionados por innumerables voces al interior y exterior de occidente, especialmente por quienes fueron oprimidos y discriminados en estos últimos 2.000 años: las mujeres, los esclavos, las   etnias, la naturaleza, la sexualidad,  la sensitividad, el misticismo... La anciana filosofía o amor a la sabiduría de los antiguos milesios, hoy quedó como simple mercancía que se consume en la bolsa de valores y que como nuevo dios determina el destino de la mayoría de seres humanos (mercadolatría). El esclavismo monárquico y aristocrático sólo se fue revistiendo de nuevos disfraces con modernos métodos hasta llegar al esclavismo postmoderno del claustro virtual de la actual sociedad anoréxica y hikikomori. Las experiencias capitalistas y socialistas surgidas en su seno, y también exportadas al mundo entero bajo diferentes vías, no han resuelto las grandes diferencias sociales. Ni su último invento, el desarrollo de izquierda o de derecha, ha paliado en algo la distancia entre unos y otros sectores.

Ante ello se han levantado científicos, premios nobel, intelectuales, economistas… clamando por un nuevo mundo. Se han soltado varias propuestas generales: unas como una progresión pulida del capitalismo o del socialismo, otras como buscando intermedios entre estos pero dentro del mismo paradigma constitutivo, y otros, afincándose en lo más destacado de estos sistemas para defenderlos a rajatabla. Pero casi nadie se ha atrevido a plantear un camino totalmente diferente desde sus cimientos fundacionales. Es que, ¿existirá algo más? ¿Habrá ya otro camino? ¿Habrá que lanzarse a un nuevo experimento o aventura? Nosotros pensamos que existe una experiencia acumulada de por lo menos 8.000 años de parte de los antiguos pueblos vitalistas del mundo entero.

Las grandes culturas que hubo en toda la Tierra desovillaron un conjunto de elementos que hoy pueden ser muy útiles ante la   desorientación y el desencanto. Ese nuevo-anciano sistema es el vitalismo, el cual recoge lo más profundo  de lo que hoy llamamos ecologismo, holisticidad, espiritualidad, reciprocidad, complementariedad, relativismo, feminismo, etnicismo…, que se perdieron en estos 2.000 años de civilización contranatura. Con el apoyo de la física cuántica y relativista, la neurociencia, la psicología transpersonal, hoy podemos avizorar más conscientemente que el gran y simple misterio para la humanidad está en la capacidad de recrear un mundo que reproduce al cosmos a escala humana. Significa comprender que las leyes y principios que deben dirigir nuestras vidas, no son las leyes nacidas del ego humano (leyes del mercado) o de su mente epifánica (leyes dogmáticas), sino las del cosmos que fueron configuradas en millones de años; para así, con humildad y sencillez, ser capaces de reproducir los modelos sistémicos de la naturaleza, y de esta manera reaprender a convivir junto a ella en sinergia y en simbiosis, y no fuera de ella, como han sido especialmente estos últimos 500 años.

Los abuelos andinos lo entendieron así y recrearon un sistema de vida recíproco a su espacio de vida, al que denominaron sumak kawsay, en quechua, o suma qamaña, en aymara, sistema que hoy ha sido despertado y ya es parte de las constituciones de Bolivia y Ecuador, pero le han hecho nacer escuálido y deforme, y más parece un monstruo de múltiples cabezas. Pero lo más preocupante es que viene siendo envuelto como un flete más, entre los varios que postula el socialismo. Lo han sacado, pero no para que camine por sí mismo, sino para que el socialismo lo cargue a su interés, y de esta manera haciéndole perder toda la posibilidad de ser él mismo y de aportar desde su propia experiencia   y existencia particular.

De ahí la necesidad de marcar distancias y de que el sumak kawsay (vitalismo andino) no sea una nueva aventura de las izquierdas, que últimamente de fidelistas y teologistas de la liberación ahora también se han vuelto indigenistas y pachamamistas. Una nueva maniobra política ante el desgaste de su discurso marxista y de su novelería new age para presentarse como alternativos ante los estruendosos fracasos del socialismo real. Es decir, lo único que han hecho durante todo este proceso de desengaños es irse cambiando de apellidos para que suene como algo diferente, pero que en el fondo es más de lo mismo: socialismo marxista, nacional socialismo, socialismo democrático, socialismo revolucionario, socialismo del sumak kawsay...  A igual que con el desarrollo: de-    sarrollo ilimitado, desarrollo sustentable, desarrollo con identidad, de-sarrollo comunitario…

Ante todo ello, nos hemos propuesto marcar quiebres y rupturas, yendo a la raíz epistemológica, hermenéutica y ontológica del paradigma civilizatorio capitalista-socialista como del vitalismo mundial-sumakawsay andino para establecer bien las exclusiones y las disonancias, y no nos hagamos nuevos enredos que nos conduzcan a más de lo mismo. De esta manera, aspiramos dar luces más claras para que la humanidad, y en particular los pueblos andinos, tengan un sistema concreto y diferente en donde afincarse. No estamos proponiendo regresar al pasado, sino retomar ciertos postulados, principios, conceptos, normas de vida, que hoy podemos reutilizarlos y aplicarlos a estos tiempos y a estas nuevas condiciones. De eso se trata el libro Qué es el sumakawsay, en el que se hace un intento básico por configurar y estructurar al anciano sistema andino y al de todos los pueblos de tradición de la Gran Matria, y de cómo aplicarlo a las situaciones y tecnologías actuales.

En este sentido, presentamos al mundo entero para que sea repensado y resentido como la posibilidad de generar un verdadero cambio en todos los planos de la vida humana, y no sólo a nivel económico o político, y a partir de ellos. Simplemente, lo que estamos intentando aplicar y vivir es de acuerdo con las enseñanzas de los abuelos sabios de todas las culturas del mundo, quienes decían: si no sabes a dónde vas, regresa a ver de dónde vienes y así puedas redirigir tu camino.

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