Animal Político

Vivo o muerto. Mabel Franco Ortega

La Razón / La Paz

00:00 / 03 de marzo de 2013

Al final y por muchos pataleos que se den en la vida, la cosa se reduce a estar vivo o muerto. Aunque, bien visto, en medio algunas personas pueden hacer mucho. Y, mal visto, mucho daño. A ver:

— Un aeropuerto internacional en Oruro era pura aspiración hasta hace poco. A la hora de concretarse tal obra, se pensó que “Juan Mendoza”, nombre de un aviador orureño que realizó hazañas en vida, era un buen apelativo. Como está muerto, ya no hay nada malo que esperar de ese ciudadano ilustre, así que el homenaje no parecía que iba a dividir a los orureños. Lo malo es que, aunque se revuelque en su tumba, el héroe no puede defenderse ahora que un vivo lo ha desplazado. Ese vivo, pregonan sus “homenajeantes”, ha hecho, en su rol de Presidente, que el aeropuerto exista, de manera que contra un decreto vigente —incluido el del sentido común y el decoro— en vida recibe los honores. Hay protestas, claro, pero el vivo, como si nada. No dice “esta boca es mía”, como si estuviese muerto.

— El ya no papa, Benedicto XVI, no quiso esperar a estar muerto para dejar de ser la cabeza de la Iglesia Católica. Pateó siete siglos de historia y se ha garantizado un lugar en ella. Vivo como está, ha mostrado que el poder no lo es todo. Que se puede, y se debe, renunciar a él para alertar sobre el peligro de muerte de una institución. ¡Y pensar que hay otros, aquí cerquita, en la cuna de Bolívar, que se aferran a ese poder aún desde la muerte! Y otros, más cerca aún, que creen no necesitar de nada ni de nadie a la hora de conservar ese poder. Total, la oposición no estará muerta, pero viva no es.

— El teniente Clavijo será encontrado “vivo o muerto”, dicen la Policía y otras autoridades de mayor jerarquía. Ya. Pero por qué ahora que está más muerto que vivo y no antes, cuando la esposa pedía ayuda a gritos para seguir viviendo.

— Los tres soldados, como todo ha ido bien hasta el cierre de la presente edición, están de vuelta en Bolivia. Quién les hubiera dicho a esos jóvenes conscriptos que de la noche a la mañana iban a pasar de ser tratados como “sarnas” a la posteridad como “héroes del mar”. Al menos están vivos, porque en las lides del contrabando, esos chicos sin experiencia alguna ni para orientarse en las pampas altiplánicas, podrían estar muertos.

— En fin, ya lo dice el Himno Nacional de Bolivia: “Morir antes que esclavos vivir”.

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