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Vuelo FAB 001, Aeroparque

En 2009, en el aeropuerto de El Alto, cuando el avión presidencial levantaba vuelo y “carreteando” a mitad de pista sufrió el apagón de uno de sus motores. En 2010 fueron dos veces las que el antiguo avión sufrió percances, en los aeropuertos de El Alto y de Santa Cruz.

La Razón (Edición Impresa) / Mario Espinoza

00:04 / 29 de junio de 2014

Agosto de 2008. El diálogo entre el piloto y el copiloto de la aeronave era  casi de rutina, pero con la meticulosidad que exige un vuelo. Este vuelo, cualquier vuelo. Cuando el piloto obtuvo la señal de tierra que todo estaba en orden, comenzó el diálogo con el copiloto.

Piloto: Freno de estacionamiento...

Copiloto: Sin seguro...

— Acelerador: ralentí...

— Elevador trim: ...ajustado para despegue...

— Flaps: ...5...

— Instrumentos de vuelo: ...comprobados...

— Instrumentos del motor: ...comprobados...

— Datos de despegue: ...comprobados...

— Luces: ...encendidas.

Concluido este check list la voz del piloto esta vez se dirigió a la torre de control. “Torre La Paz este es el presidencial 001, estamos listos para el despegue”. La torre respondió de inmediato: “Copiado 001, temperatura 10 grados, CAVOC, notifique en el aire”.

Luego, la voz del piloto se escuchó dentro del avión: “Señor Presidente estamos listos”. Los motores del Sabrelinner, adquirido en 1976 durante el gobierno dictatorial de Hugo Banzer comenzaron a rugir. A pesar de los 32 años (en ese momento) del avión, la Fuerza Aérea se encargó de mantenerlo en perfectas condiciones y salvo algunos incidentes, el avión se mantuvo al servicio de varios presidentes, con la vieja máxima de aviación de que no hay aviones viejos si se hace un buen mantenimiento.

De esos incidentes se destaca el percance sufrido por Carlos Mesa cuando volvía de Monterrey cuando una ventana de la cabina de mando se rajó, por lo que el avión aterrizó de emergencia en Panamá y Mesa tuvo que volver en un avión que puso a su disposición la presidenta Mireya Farfán. Posteriormente en 2007, en un vuelo  de Cochabamba a La Paz, en medio de una pequeña tormenta, un rayo impactó al avión lo que ocasionó el apagón de luces y motores. Sin embargo, los expertos aseguran que eso no es grave; la estructura de caja metálica del avión hace que la descarga de un rayo sobre él no sea peligrosa: posee unos descargadores de electricidad estática por los que sale el rayo, sin dañar su estructura.

En 2009 en el aeropuerto de El Alto, cuando el avión levantaba vuelo y “carreteando” a mitad de pista, sufrió el apagón de uno de sus motores. En 2010 fueron dos veces las que el antiguo avión presidencial sufrió percances, en los aeropuertos de El Alto y de Santa Cruz, cuando los pilotos tuvieron que agotar el combustible en vuelo debido a que no salían los trenes de aterrizaje. Falsa alarma.

Pero ese agosto de 2008 iba a ser distinto. Dentro del avión Evo Morales, David Choquehuanca y otro ministro y la seguridad volaban a Argentina para asistir a una reunión en Buenos Aires con el presidente Néstor Kirchner. Pasados los 10.000 pies, se supone que el avión debía presurizar la cabina porque durante un viaje en avión, la presión del aire dentro la aeronave desciende y los pasajeros se exponen a niveles de oxígeno inferiores a los normales. Pero, algo pasó o alguien se olvidó del encendido de un pequeño interruptor en el tablero del piloto que permite esa operación en forma automática. Las consecuencias fueron inmediatas.

Puede ser de muy mal gusto relacionar incidentes con muertes, pero no está de más recordar que en la historia 12 presidentes en ejercicio perdieron la vida en accidentes aéreos.

Desde el primero, aquel agosto de 1940 cuando el presidente José Félix Estigarribia del Paraguay murió en un accidente aéreo, hasta el último, cuando en abril de 2010 Lech Kaczynski, presidente de Polonia, murió al estrellarse su avión, pasando obviamente por ese abril de 1969 cuando el presidente boliviano René Barrientos Ortuño murió cuando su helicóptero se estrelló en Arque, Cochabamba. Es trágico recordar también que en abril de 1994 los presidentes de Ruanda y de Burundi murieron cuando el avión que los transportaba fue derribado, lo que dio comienzo a uno de los peores genocidios de la historia con 800.000 muertos.

Pero la lista es importante: Ramón Magsaysay, presidente de Filipinas; Abdul Salam Arif, presidente de Iraq; Jaime Roldós Aguilera, presidente de Ecuador; Ómar Torrijos, presidente de Panamá; Samora Machel, presidente de Mozambique; Muhammad Zia-ul-Haq, presidente de Pakistán; Boris Trajkovski, presidente de Macedonia. Podría estar en la lista, pero no como presidente Dag Hammarskjöld, que murió en un accidente de aviación siendo el secretario general de Naciones Unidas. 

En todos o casi todos los casos ha surgido la teoría de la conspiración, es decir, presidentes que fueron víctimas de un acto terrorista y donde nunca faltaron argumentos para sustentarla, aunque en la mayoría de estos casos, con excepciones claro, las investigaciones condujeron a fallas mecánicas o fallas humanas, a excepción del avión Falcon de los presidentes de Ruanda y Burundi donde se informó de un atentado con misiles en el aeropuerto de Kigali en Ruanda.

Lo que pasó al avión presidencial boliviano durante muchos años fue más parte del anecdotario que efectivo. El Sabre no tenía buena prensa. Su  autonomía de vuelo apenas llega a tres horas y dos horas y media cuando se trata de VIP (personajes importantes en la jerga). Pequeño, sin baño, pero eficaz en su momento, el expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada durante su primer mandato optó por alquilar su propia aeronave aduciendo  medidas de seguridad y falta de confianza en el avión presidencial. 

Pero, volviendo a agosto de 2008, el primero en sentir algo de somnolencia  fue el canciller Choquehuanca. Testigos del hecho aseguran que tanto el presidente Morales como el canciller y la delegación perdieron el conocimiento. Alguna alarma debió activarse dentro de la cabina de los pilotos porque ellos usaron las máscaras de oxígeno de forma inmediata y lograron retornar a El Alto sin mayor consecuencia, mientras los pasajeros recobraban el conocimiento. El informe posterior de lo que sucedió dice que hubo una despresurización de la cabina de los pasajeros lo que generalmente provoca mareos, dolor en el oído en la parte frontal de la cara o en los senos nasales, por la diferencia que hay entre la presión del interior y el exterior del oído, pero que en este caso hizo desmayar a los ocupantes del FAB 001.

El 2 de julio de 2010 arribó al aeropuerto El Alto de La Paz, Bolivia, el nuevo Falcon 900 EX reemplazando al antiguo Rockwell Sabreliner. Este avión francés ya tiene su historia. El Gobierno boliviano consideró que Evo Morales fue “secuestrado” en Europa. El Presidente fue retenido en Viena después de que el avión presidencial fuera obligado a aterrizar, ya que Francia, Italia y Portugal habían impedido que la nave sobrevolara su espacio aéreo, porque pensaban que Eduard Snowden viajaba con él.

En todo caso, para tranquilidad de todos, el presidente Morales que viaja mucho, de acuerdo con la estadística, está mucho más seguro en el avión presidencial que estando fuera de él.

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