Animal Político

Wilmar Stelzer Jiménez: ‘Solo me faltó ser alcalde’

Wilmar Stelzer fue dirigente estudiantil y universitario; titulado en la universidad  estatal orureña, luego ejerció como congresista nacional, concejal municipal, autoridad departamental y dirigente cívico y cooperativista.

Wilmar Stelzer Jiménez

Wilmar Stelzer Jiménez Foto: Marco Curi

La Razón (Edición Impresa) / Marco Curi es periodista

00:00 / 21 de mayo de 2017

Jovial, activo y, se puede decir, visionario, es Wilmar Stelzer, cruceño de  diversos cargos institucionales y políticos, locales y nacionales. “Lo que me faltó fue ser alcalde”, dijo en amena entrevista con Animal Político.

Desde muy joven fue dirigente de la Federación de Estudiantes de Secundaria (FES) y aún en colegio fue nombrado secretario de Organización de la Federación Universitaria Local (FUL) de Santa Cruz. Luego estudió Ingeniería Civil en la Universidad Técnica de Oruro (UTO), de la que tiene gratos recuerdos.

En Santa Cruz trabajó en el Comité de Obras Públicas, que luego pasó a ser la Corporación de Desarrollo de Santa Cruz (Cordecruz); en el sistema cooperativo ocupó la presidencia de las cooperativas Jesús Nazareno, de Teléfonos de Santa Cruz (Cotas), y de la Federación Nacional de Cooperativas (Fenacre). También fue titular de la Federación de Profesionales de Santa Cruz, en la que impulsó la construcción de su edificio.

Fue presidente del Comité Cívico Pro Santa Cruz; en su gestión lidió por las regalías petroleras con el primer gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada. Peleó por la descentralización administrativa, logrando un convenio con el Gobierno central; sin embargo, con la nueva Constitución, considera que se anuló todo el avance de la descentralización; hoy es muy crítico de la denominada Autonomía Departamental.

Desde el Comité pro Santa Cruz relata que también se luchó por importantes proyectos para la región, como la Hidroeléctrica Rositas, las carreteras a Camiri y a Puerto Suárez, y el apoyo al sector productivo.

Al pasar los años, fue invitado por Hugo Banzer a ser candidato a diputado por la Circunscripción 51 en representación de Acción Democrática Nacionalista (ADN); ganó con amplio margen. En el Congreso Nacional de entonces fue proyectista de varias leyes, entre las destacadas está la generación de energía eléctrica de la Cooperativa Rural de Electrificación (CRE) en provincias, lo que era prohibido en aquel entonces. También como legislador impulsó la transferencia de los activos de Obras Públicas a la CRE para que se haga cargo de estos servicios. Además de varios proyectos viales, entre ellos la construcción de la carretera a Camiri.

Concluida su gestión de parlamentario, en 2001 fue nombrado prefecto de Santa Cruz por el presidente Jorge Quiroga. Inició un sistema de trabajo de fomento a los proyectos de las alcaldías cruceñas denominado 80-20, que consistía en la entrega de cheques con el 80% de recursos, para que el otro 20% sea la contraparte provincial; las comunas se encargaban de la obra.

Como concejal municipal fue un opositor solitario, luego de que, merced a alianzas políticas, el aún hoy alcalde Percy Fernández consiguiera una aplastante mayoría en el Órgano Legislativo local, con 10 concejales oficialistas. Sin embargo, pese a esta restricción, hizo su labor de fiscalizador de la gestión edil por cinco años.

Actualmente, junto con un hermano, se dedica a la administración de una propiedad heredada de su padre hace 17 años, donde se maneja genética bovina. Esta labor, como él la llama, es la jubilación a su actividad institucional y política, de la cual siente que cumplió con el departamento de Santa Cruz y el país.

Perfil

Nombre: Wilmar Stelzer Jiménez

Nació: 18 de julio de 1949

Profesión: Ingeniero civil

Familia

Wilmar Stelzer nació en San Ignacio de Velasco, hacia el este del departamento de Santa Cruz. Tiene tres hijos, dos mujeres de 32 y 24 años y un varón de 22.

El silencio ‘inocente’ de las palabras  y las plumas

Rubén Ariñez Villegas, es periodista

En el ínterin de las celebraciones por el Día del Periodista que se recordó el 10 de mayo, algunos colegas que son claramente afines al Gobierno sacaron a relucir uno de los tantos “beneficios” que la administración del presidente Evo Morales le entregó al sector.

Su despacho, el 20 mayo de 2009, repuso mediante Decreto Supremo 0136 la columna sindical, un espacio que los reporteros y cualquier otro trabajador de un medio de comunicación tienen la posibilidad de usar para expresar, sin censura alguna (al menos así lo fija la teoría académica) y en franca libertad, su pensamiento.

Tras la disposición gubernamental, el gremio se dispuso a retomar la tinta de la denuncia, esbozaba los carteles para hacerse oír más allá de la normalidad de la divulgación de las noticias. Los planes eran muchos en medio del alarde del Ejecutivo que ostentaba su osadía de retornar al espacio que los “viles” gobiernos neoliberales habían hurtado sin razón.

Empero, nada de esa quimera se concretó. Solo algunos medios escritos (no hay datos oficiales del asunto) habían acatado la ley y de forma parcial. El resto se atrevió, sin descaro, a desoír la norma y pisotear los derechos de un gremio menoscabado por la presión patronal, la crisis y el desempleo.

Presión, sí. Porque más allá de garantizar un espacio para el reclamo y la denuncia, la columna sindical se convirtió en la prolongación de las páginas informativas.

Se usan para tocar asuntos de sintaxis, de la ciudad y de los avatares de la vida. Todo, menos la interpelación al poder. Crisis, también, porque los trabajadores de la prensa permiten, en algunos casos, callar impunemente ante su autocensura o, mejor aún, ni siquiera reclamar por el derecho a reclamar. Lo del desempleo es otra historia; a la fecha muchos han renunciado, en silencio, a su convicción frente a la vida por llevar el pan a la casa.

Nos hemos devaluado. Hemos aceptado la mordaza que tanto rechazamos. Defendemos la libertad de expresión pero somos los primeros en entregarnos al silencio de palabras y las plumas. La cláusula de conciencia fija claramente que “ningún periodista está obligado a expresarse en contra de su conciencia y sus convicciones”, empero las columnas sindicales son una serie de verdades banales que ni el viento lleva. ¡Ay Dios tata!

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