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Wim Dierckxsens: Afuera hay mucha confianza depositada en Bolivia

Es bueno saber cómo se mira a Bolivia desde la academia de fuera del país. Wim Dierckxsens, doctor en Ciencias Sociales holandés, pero radicado en Costa Rica, llama, por ejemplo, a que el país valore mejor su propia experiencia y la ubique adecuadamente en el contexto latinoamericano.

Wim Dierckxsens.

Wim Dierckxsens. Foto: Ángel Illánes.

La Razón (Edición Impresa)

00:03 / 29 de marzo de 2015

Este doctor en Ciencias Sociales, holandés de nacimiento y radicado en Costa Rica hace muchos años, llegó a Bolivia invitado por la Vicepresidencia del Estado, para participar en el Seminario Internacional “La crisis de la economía mundial y los desafíos para América Latina” que tuvo lugar en La Paz durante la primera semana de marzo. Coordinador del equipo de investigadores del Observatorio Internacional de la Crisis, grupo que es parte del Foro Mundial de Alternativas, Dierckxsens comparte sus preocupaciones sobre la situación de la crisis y su lugar en ésta de Latinoamérica y Bolivia. Algo diferente ve en el país, que lo hace hasta más resistente ante la inclemencia: su contenido indígena. 

— ¿Cómo ve a la región en cuanto a su integración? ¿Somos unidos?

— Somos un territorio en disputa, también, al final de cuentas. Tenemos la Alianza del Pacífico, que quiere ser el apéndice de la zona del dólar, digamos Estados Unidos y Canadá. Con los tratados de libre comercio se trata de ‘anexar’ a estos países. Pero también Estados Unidos procura tener Tratado Transatlántico con Europa, con 30 años de información clasificada, o sea con arreglos y acuerdos secretos.

— Por ahí va la reconstitución de la zona del dólar, frente a China o Rusia, entre otros.

— Ellos (Estados Unidos) procuran mantener esas zonas aseguradas para que funcione el dólar, ése es el punto; y no solamente está la Alianza del Pacífico, sino la ‘Transpacífico’, que incluye a Australia, Nueva Zelanda, Vietnam y otros. Los dos (el otro es la unión de China y Rusia) están procurando tener su zona de influencia y a partir de ahí pelear la hegemonía; eso pinta más la posibilidad de un mundo bipolar que un mundo unipolar.

— ¿Pero qué significa todo esto para Latinoamérica? Hoy día hay una fuerte presencia china, se dice que el gigante asiático nos ha ‘reprimarizado’, nos ha vuelto, otra vez, en productores de materias primas, en sus proveedores...

— Creo que la integración latinoamericana es fundamental. Si no-sotros queremos negociar con China, país por país, llevamos la carta perdedora. Y necesariamente tenemos que negociar con China, en ese sentido es muy bueno que haya empezado (una negociación) desde el nivel de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños). Los chinos tenían un relativo monopolio o por lo menos una fuerte presencia en relación a sus recursos naturales, y negociaron con Estados Unidos y Europa: ‘miren, si ustedes quieren tener estos recursos, muy bien, vengan acá con sus fabriquitas, pero exigimos transferencia tecnológica’. Lo que China hizo y hace con Occidente, América Latina también lo puede hacer con China; pero eso solo ocurrirá cuando nos integremos. 

— Ahora, ¿hoy día se trata de, digamos así, lucha entre bloques de países, región contra región?

— Podemos tener una política gubernamental diferente ante Estados Unidos o ante Europa, pero, al final de cuentas esos no son los reales poderes; los reales poderes son las transnacionales y el capital financiero, y si éstos imponen las reglas, no es tan fácil hacerles frente. El problema en este momento en América Latina, por ejemplo, es que los movimientos y los gobiernos están enfrentados, porque los gobiernos están con políticas extractivistas, porque esto da divisas, y los movimientos sociales justo lo contrario.

— Aparte de la integración política, que puede ser muy ‘formal’, ¿no es posible una mayor comunidad económica latinoamericana?

— Yo creo que hay una tendencia hacia esto. Tenemos Celac, que es la plataforma más general; es bueno sin la presencia del Norte; esto permite la unificación de todo un continente, el sueño de Bolívar. Tenemos Unasur (Unión de Naciones Suramericanas), que tiene posibles acuerdos. Y está el Alba (Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América). Creo que el proceso de integración se está dando.

— ¿Es mucho soñar arancel común, efectivo funcionamiento de bancos regionales?

— El Banco del Sur tiene siete años, pero los brasileños no aportan mucho hacia esto; están más mirando hacia China y su propio Banco de desarrollo; o sea, no hay mucha inclinación de Brasil a tener un rol protagónico en esta integración latinoamericana. Tenía que venir un país chico, Ecuador, para plantear el tema de la integración; porque además no hay otra para un país chico que pensar en la integración. En Europa era igual, primero era el Benelux, que era Bélgica, Luxemburgo y Holanda, pequeños. Creo que no es raro que los países chicos tengan más voluntad de integrarse que un país grande, que al final lo que quiere es dominar, y eso hace Brasil aquí también; las transnacionales brasileñas son igual de simpáticas que las chinas u otras; es la lógica del capital.

— Usted ha propuesto como alternativa a la economía neoliberal la denominada ‘desconexión’, que es como salirse del circuito del capital. ¿Es posible esto?

— Políticamente, hay voluntad de desconectarse del neoliberalismo, pero en la práctica es sumamente difícil quitarse de las transnacionales de encima, e invertir los papeles. Con una crisis, en los años 30, tuvimos que volcarnos hacia adentro y con la crisis que se está avecinando, menos ingresos para poder importar, menos para exportar también, automáticamente la economía se deberá volcar  hacia adentro, hacia la soberanía, hacia la integración. Veo que la crisis que se está presentando nos va a dar más oportunidad, por decirlo así, de desconectarnos, porque tenemos que desconectarnos, no hay de otra.

— Usted participa de varios foros internacionales sociales. En verdad, ¿qué utilidad tienen estos encuentros de la ‘sociedad civil’?

— Creo que América Latina tuvo su momento oportuno, comenzó en 2001, en Porto Alegre (Brasil); hubo uno antes, el Foro Mundial de Alternativas; pero el Partido de los Trabajadores de Brasil tenía razón: eso tenemos que hacerlo en otro lugar, no donde está la élite, hay que hacerlo en el sur, ahí nació Porto Alegre. Fue la buena época para los gobiernos que después vinieron: Lula, Correa, Chávez. Pero fue un acierto, que no le gustó mucho a Fidel Castro: que el Foro se haya ido para otro continente; en este momento está más concentrado en África. Yo creo que sí, lo que benefició a América Latina, cumplió su papel; ahora yo creo que ojalá cumplirá su papel en África.

— ¿Pero qué alcance tienen los foros? ¿Es solo un foro para debatir? ¿Algunos gobiernos asumen y ponen en práctica sus resoluciones?

— Es importante, por ejemplo, la Vía Campesina y sus organizaciones, que han logrado mundializarse bien a través de los foros; no quiero decir que solo por esto, pero son un buen escenario; ahí se juntaban y se hacían redes; la internacionalización de las redes ha sido una posibilidad real a partir de los foros; pero tienen sus limitaciones: ¿Cuál es la incidencia, por ejemplo, del Foro Económico Mundial? Este año pasó desapercibido; yo entiendo que lo querían callar, y lo callaron; la razón era que China se aliara con Estados Unidos, para dejar a Rusia afuera. Y los chinos no cayeron en la trampa.

— Bolivia, ¿cómo la ha encontrado, cómo la ubica?

— En primer lugar, ¿cómo se ve Bolivia afuera? Vivo en Costa Rica y usted sabe que ésta no es precisamente la vanguardia en los procesos de cambio en América Latina; está en la cola, en la retaguardia diría yo. Estuvo Evo en la Celac y en la Universidad de Costa Rica, dio una conferencia y el auditorio estaba lleno hasta el techo, y recibió una ovación que en Costa Rica no se ha presenciado antes. O sea, afuera hay mucha esperanza depositada en Bolivia, muchísimo más que en Venezuela o que incluso en Ecuador; y es que no tienen la misma simpatía que tiene un Evo Morales, indígena: ¡caramba! representa a los excluidos del mundo.

— Aunque la crisis golpea de modo diferente a Venezuela, Bolivia o Brasil...

— Ustedes todavía no han sentido la crisis como Venezuela, el bajón del petróleo, porque ellos tienen una economía de renta del petróleo terrible, son dependientes totalmente del petróleo; pero ustedes tienen un amortiguador muchísimo más grande: la población indígena no es consumista, al menos como es en otras partes. Entonces, el impacto siempre va a ser muchísimo más suave aquí. Aunque sería una pérdida muy grande si Venezuela se perdiese, sería un bajón; Brasil fue por un pelito. Bolivia en cierto sentido tiene, por decirlo así, la filosofía del legado histórico indígena, del cuidado de la Pachamama, el tener una economía más comunitaria y no tanto individualista. Para el capital es interesante lo individualista, no lo colectivo, porque no rinde igual.

— Como país o economía ‘pequeña’, Bolivia tiene su lugar, pero puede servir de experiencia para otros.

— Es una luz, una estrella que da luz y que da ánimo, porque también es importante mantener el ánimo. Recuerdo el principio de los años 90, después de la caída del Muro (de Berlín), cómo era de pesimista la cosa; y si estas luces (Bolivia, Venezuela, Ecuador...) caen, el movimiento internacional también se resentirá, se sentirá afectado; esto no es garantía para que el proceso aquí se mantenga, porque requiere un poco más que simpatía externa; pero vale la pena tener la simpatía de los demás.

Perfil

Nombre: Wim Dierckxsens

Nació: 15 de marzo de 1946

Profesión: Cientista Social

Cargo: Coordinador del Observatorio Internacional de la Crisis.

Libros

En la labor de difusión de conocimiento, Dierckxsens tiene una peculiar serie de libros por edades: “Tengo tres novelas: una se llama Susy y las maravillas del mundo y el dinero, para niños; el segundo es Lucía y el mundo soñado, un libro de historia para colegiales de 14-15 años; y el tercero, dedicado a mi nieto, Marcelo ante un mundo de guerreros y banqueros, que ya es para gente muy al final de la secundaria, para entender un poco la geopolítica”.

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