Animal Político

Zavaleta, algo más de su legado

El orureño también está consciente de que las masas no siempre representan tendencias progresistas o democráticas, esto incluso en el instante de su autodeterminación, un momento que considera en sí mismo democrático.

La Razón (Edición Impresa) / Javier Baldiviezo Guzmán

00:04 / 28 de diciembre de 2014

Diciembre de 2014, 30 años han pasado desde que la muerte, esa extraña fuerza que parece haberse ensañado con lo más granado de la intelectualidad que esta patria ha podido parir, cortara en seco la que tal vez haya constituido la obra más importante de las ciencias sociales bolivianas. Pero con el trabajo heredado, renace recurrentemente la memoria de René Zavaleta Mercado, que emerge como una vibrante ráfaga de aire fresco, empapada de copajira y rebeldía.

Ésta, la obra, como toda aquella que merece ser leída y releída, está poblada de nudos problemáticos, como problemática es la sociedad a cuyo estudio está consagrada.  En este escrito se pretende abordar uno de esos nudos, la relación entre la autodeterminación de las masas como súmmum de la democracia y la necesidad de su consagración legal-institucional.

En ese sentido, Zavaleta considera que la democracia entendida como autodeterminación de las masas es el desiderátum del discurso; la democracia entendida no para convalidar la dominación desde el Estado —dice él— sino la democracia entendida para sí misma, pues “la historia de las masas es siempre una historia que se hace contra el Estado de suerte que aquí hablamos de estructuras de rebelión y no de formas de pertenecimiento” (Las masas en noviembre,  1983), pues además cree, con su característica riqueza expresiva, que “la autodeterminación de la masa […] es el principio de la historia del mundo” (Las masas...).

Para comprender mejor esta tensión entre el logos estatal y la autodeterminación de las masas, recuérdese que para Zavaleta, “la función de la política entendida como Estado es la reproducción (…). Por consiguiente, la superestructura es siempre conservadora porque se refiere al momento de su constitución y no al momento actual” (La reforma del Estado en la Bolivia postdictatorial),  siendo el sustrato arcano del Estado precisamente esta su tendencia a la conservación.

Por esto, resulta ser la autodeterminación democrática la única que permite erigir aquello que llama ‘forma primordial’, o sea, el marco de autodeterminación que tiene cada formación económico-social (La reforma del Estado...). Así, la adquisición que las masas bolivianas realizan de la democracia representativa a fines de la década de los 70 resulta ser un logro no menor, porque permite creer en una construcción verificable del poder a través del voto, lo que equivale a una lucha por la hegemonía entendida como opinión pública (Forma clase y forma multitud en el proletariado minero en Bolivia).

El acaecimiento de esta transformación supone otras dos modificaciones conexas en las clases nacional-populares bolivianas, a saber: el incremento de su capacidad de realizar alianzas de carácter democrático, y el reconocimiento de que la democracia representativa no era necesariamente contradictoria con la autodeterminación, sino un espacio para la lucha por ella (Bolivia: algunos problemas acerca de la democracia, el movimiento popular y la crisis revolucionaria).

Sin embargo, el orureño también está consciente de que las masas no siempre representan tendencias progresistas o democráticas, esto incluso en el instante de su autodeterminación, un momento que considera en sí mismo democrático.

En virtud de esto, llega a afirmar que “un programa de masas que no es viable, es decir nacional o colectivo hasta su último término, es la convocatoria inevitable a una resurrección reaccionaria” (Lo nacional-popular en Bolivia), o que “convocar a los hombres a ser libres y a interactuar entre ellos sin mediarlos es un acto de autoeliminación” (Lo nacional-popular...), para terminar sentenciando que “la sistematización legal de la autodeterminación de las masas tanto en el sistema político como en la formulación regional del poder, adquiere así el valor de un auténtico principio” (El problema de la participación con relación al Plan de Rehabilitación y Desarrollo),  y es que “toda sociedad, incluso la menos vertebrada, detesta el desorden; si el sector revolucionario no es capaz de proponer, imponer y construir un orden, asumirá la tarea el sector conservador del poder” (50 años de historia: consideraciones generales sobre la historia de Bolivia (1932-1971)).

Y es que Zavaleta también creía que “el Estado puede, en rigor, tener una determinación más nacional-popular o si se quiere más societaria, enfrentando a sectores menos democráticos de la sociedad (…) y (…) puede encarnar lo nacional contra sectores antinacionales de la sociedad” (Lo nacional-popular...).

Ahora bien, la fundamentación de esta serie de razonamientos se encuentra en la relación entre el eje estatal y su configuración óptima. Para aclarar esto, por eje estatal Zavaleta entiende “el tipo de relación que hay entre la sociedad civil, las estructuras de mediación y el Estado político” (Problemas de la determinación dependiente y la forma primordial); produciéndose el óptimo social cuando se da una relación de conformidad o reciprocidad entre Estado y sociedad civil, cuando el sistema social implica la mayor capacidad de la sociedad civil de constituir sus términos en materia estatal (El Estado en América Latina), cuando las mediaciones dejan de constituirse en actos unilaterales para el conocimiento/dominación de la sociedad desde el Estado para constituirse en mediaciones de carácter democrático, tanto contra las tendencias conservadoras emitidas desde la sociedad como desde el Estado.

Resulta, pues, que aunque en la obra de Zavaleta la democracia se entiende como el despliegue de la participación política de las masas, esto no necesariamente está reñido con su sistematización legal-institucional, sino que en ocasiones ésta puede resultar como una instancia democratizadora contra prácticas conservadoras de ciertos segmentos de la sociedad civil.

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