Animal Político

Los acomodos dentro del poder

La socialdemocracia boliviana, a la que pertenece el MSM, ha estado en la lucha armada, en el neoliberalismo, en el proceso de privatización, en el de nacionalización, en el de descolonización, etc. Por eso no se ruboriza de aliarse con quien sea.

La Razón / César Navarro Miranda

00:01 / 10 de marzo de 2013

La socialdemocracia en nuestro país políticamente se presentó y se presenta a través del MIR, MIR-Masas, MBL, MSM y también UN, que es una subdivisión del MIR. En los diferentes momentos políticos de nuestra historia, nunca logró constituirse en partido líder; al contrario, demostró la habilidad permanente de acomodarse dentro los esquemas hegemónicos y/o de poder que se construyeron históricamente.

Desde su postulación a la lucha armada, a finales de la década del 60, aquéllos fueron parte de la Asamblea Popular de 1971;  conjuntamente a los partidos políticos de izquierda y organizaciones sindicales organizaron la resistencia a las dictaduras militares; junto al MNR-I y al PCB dirigieron la UDP y simultáneamente eran oposición al gobierno; en el Congreso de 1985 apoyaron al MNR y a Víctor Paz Estenssoro, en 1989 se aliaron y cogobernaron con ADN de Hugo Banzer; en 1993 postularon a Banzer a la Presidencia de la República, entre 1993 y 2002 cogobernaron con el MNR de Gonzalo Sánchez de Lozada e impulsaron el neoliberalismo. Hoy reivindican lo plurinacional y el proceso de cambio.

No tienen una línea ideológica explícita; por lo tanto, no tienen un norte histórico, sino un “discurso” que representa o justifica su posicionamiento político de coyuntura. Es decir, sin rubor alguno pueden hablar sobre la lucha armada, la privatización, la nacionalización, la descolonización, etc.

Esa “habilidad” u oportunismo político como una constante les ha permitido subsistir en la actividad política de manera permanente, por ello están condenados de facto a ser el comodín de la política boliviana.

De defensores del presidente Evo Morales, de la Asamblea Constituyente y el Estado Plurinacional, hoy pasaron a la vereda política de derecha y se constituyen no sólo en los opositores, sino también en detractores de todo el proceso; para ello acuñan el eslogan “reconducir el proceso de cambio”.

Este proceso tiene un liderazgo estatal, un programa de Estado y una estructura político-orgánica, que hace sostenible en el tiempo al Gobierno de izquierda, indígena originario campesino y popular. Al frente hay grupos de políticos que han sustituido la ideología con el discurso de eslogan, al programa con consignas y al partido con agrupaciones efímeras del momento electoral. El Movimiento Sin Miedo (MSM) ha entrado en ese círculo político de la oposición, pero sin definición ideológica propia. En Sucre y Beni no quiso ser de la alianza electoral, pero comparte la línea discursiva de oposición; intentó forzar una imagen de “centro”, que no le permite ni siquiera llegar a la esquina, y ahora cambiará de estrategia política y electoral: buscará alianzas con la derecha o personalidades de la derecha. De lo contrario, naufragará primero electoralmente y luego políticamente.

Tiene que cambiar de estrategia. Su límite electoral está territorializado en una parte del municipio de La Paz; las otras alcaldías que ganó con candidatos prestados hoy ya no están con el MSM. Los miembros de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob) que fueron postulados por el MSM a la Gobernación del Beni ni siquiera ganaron electoralmente en el TIPNIS; perdieron, y su candidato a gobernador hoy es secretario en la Gobernación del Beni que responde a ADN, MNR y UN.

Por eso tiene que cambiar de estrategia, su centrismo político, que aparenta un puritanismo inexistente que contrasta con la realidad política. Su mirada, ineludiblemente, estará puesta en el oriente, donde, para obtener un resultado electoral, tiene que aliarse con la derecha, sea partidaria, logiera o empresarial. Si no, no avanzará. El mapa electoral de la ex “media luna” está polarizado: como primera fuerza política está el MAS, luego la unión de partidos, agrupaciones, grupos y otros, que son el resto; no cabe el centrismo.

Su tesis de la “reconducción del proceso” se agota en el discurso mediático, porque el factum político es otro. En el “proceso de cambio” no cabe, en la derecha puede tener un espacio, pero no le permitirán Samuel Doria Medina, Víctor Hugo Cárdenas, Rubén Costas, Ernesto Suárez, Manfred Reyes Villa ser el candidato presidencial, o le otorgarán espacios parlamentarios para que tenga vigencia política, u optará por realizar alianzas con algunas personalidades de la derecha, que tienen imagen mediática y no así liderazgo político para mostrar fuerza electoral nacional.

Es tal el dilema de sobrevivencia electoral, que lo simple será construir su discurso justificativo de esa alianza, como siempre lo hizo, pero convertirse en el articulador de una mescolanza electoral. Será más complejo, aunque no imposible, por su habilidad histórica oportunista y pragmática. ¿Veremos a un Juan del Granado haciendo campaña para Rubén Costas o Doria Medina o esperaremos que Juan sea proclamado por Costas, Branko Marinkovic, Suárez?

Las posibilidades pueden ser ciertas, ya que el ámbito de lo posible se da por la ambición de poder y no por la aspiración legítima de gobernar. Lo que les unirá no será un programa de gobierno, sino su antievismo; ahí caben todos revueltos sin proyecto, sólo con ambiciones grupales. Nuestra democracia hasta para esto tiene que estar preparada.

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