Animal Político

La agenda de Bolivia en la OEA

Las oportunidades que pueden perderse 

La Razón / Mauricio Quiroz

00:03 / 13 de mayo de 2012

Los adoquines de piedra, sembrados en el barrio de Sopocachi (por entonces residencial), eran parte del paisaje de esa ciudad que acababa de estrenar un hotel para recibir a los cancilleres de las naciones del hemisferio. Pasaron 32 años para que a Bolivia le vuelva a tocar el papel anfitrión. En enero, la Cancillería abrió una oficina en Cochabamba para organizar el evento, previsto para dentro de tres semanas, en el municipio de Tiquipaya, donde se cultivan flores y casi no se ven piedras.

En 1979, el clima estaba enrarecido por la inestabilidad política y, aún así, nació el documento que declaró de “interés hemisférico permanente” la demanda marítima de Bolivia. La Resolución 426 tuvo 25 votos a favor, ninguno en contra; Chile y Paraguay se abstuvieron por abandono.

Esta declaración fue capaz de influir en toda una generación de diplomáticos bolivianos que la exhiben, cual trofeo de torneo internacional, en los sobrios salones de la Cancillería. La presea brilla aún a pesar del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), que, siendo adicto al poder y fragmentado por sus caudillos, empujó a los militares a un vergonzoso golpe de Estado —¿hay alguno que no lo fuese?— tan sólo unas horas después de la victoria diplomática en la Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA), el día de Todos Santos.

“Aunque el presidente Wálter Guevara (1912-1996) no tuvo tiempo para mucho (gobernó sólo tres meses), consagró sus energías para la realización de la Asamblea General de la OEA, a realizarse en La Paz al finalizar octubre, a fin de lograr apoyo de la comunidad hemisférica al centenario reclamo por una salida de Bolivia al mar”. (Ricardo Sanjinés Ávila: La democracia bajo fuego [1979–2005], pág. 49)

Desde 1979, mucha agua ha corrido debajo del puente, aunque no precisamente salada. Han sido 11 resoluciones hasta 1989, porque desde 1990 Bolivia sólo presenta informes sobre el estado del reclamo a Chile. En 32 años, 17 presidentes y 25 cancilleres fueron los responsables de promover la discusión del tema en el escenario hemisférico. ¿Qué hemos ganado? Pues, que este problema sea multilateral, sostiene el diplomático boliviano Gustavo Aliaga. En todo caso, se trata de El largo conflicto, según la visión de los exministros Luis Maira (Chile) y Javier Murillo de la Rocha (Bolivia) en un trabajo conjunto —no necesariamente compartido— publicado en 2004.

  En el año 2012, la nueva Constitución boliviana, que declara “irrenunciable” el derecho de un acceso soberano al mar, dicta en su disposición novena transitoria denunciar los tratados internacionales contrarios a su mandato hasta el 7 de febrero de 2013, una acción que, en este caso, ya fue anticipada hace un año por el propio presidente Evo Morales respecto al Tratado de 1904, el documento que sacó a Bolivia de las costas del Pacífico. No obstante, el Tribunal Constitucional aún no se ha pronunciado sobre este tema ni por los otros 17 tratados, especialmente de inversión, que no irían acorde al texto constitucional vigente desde 2009.

    ¿Qué se puede esperar entonces de la cita de Tiquipaya? La diplomacia boliviana ha dicho que se quiere reeditar el rito del “informe” respecto a la situación del enclaustramiento de Bolivia, aunque la posibilidad de iniciar un acercamiento práctico no sólo con Chile, sino también con Perú, puede significar una salida alternativa al anunciado juicio internacional, considerando que a fines de marzo de 2013, se inicia la etapa del debate oral en el proceso planteado por Perú a Chile en La Haya sobre una delimitación de un área de mar territorial que atrajo la atención de Bolivia porque en los años 70 (“abrazo de Charaña”) se negoció una salida/franja al mar, precisamente por esa zona disputada, ubicada al norte de la ciudad chilena de Arica.

  El periodista y diplomático chileno José Rodríguez Elizondo, que estuvo en Bolivia hace siete meses, opinó entonces que un escenario hipotético debería partir “primero” de un acuerdo entre Chile (que se declara abierto al diálogo) y Perú (que asegura que no será un obstáculo) respecto a una solución a favor de Bolivia y la consiguiente atención al reclamo diplomático más prolongado de América Latina. En marzo sumaron 133 años.

    Por su lado, Bolivia ha logrado acuerdos con Perú para que pueda administrar una zona portuaria, ubicada en Ilo, al sur de Lima, donde además se edifique una escuela de la Fuerza Naval boliviana, dedicada a la instrucción y la investigación científica, aunque esta última concesión aún no tiene aprobación del Congreso peruano. La opción tripartita puede atender el mandato constitucional, pero eso implicaría una estrategia diplomática audaz. ¿Estará esto en los planes?

   En 1979, Chile era una nación administrada por la dictadura de Augusto Pinochet. Eso pudo influir en el clima de la OEA, que nació inspirada en la Carta Interamericana Democrática, para que dé a luz la Resolución 426. Han pasado más de 30 años y el escenario es distinto. ¿El mar estará en la agenda del hemisferio? ¿Cuánto importa Bolivia a la región?

   El canciller David Choquehuanca oficializó hace tan sólo dos meses en Washington que la temática de la Asamblea será la “soberanía alimentaria”, aunque tan sólo 30 días después, los mandatarios del hemisferio, reunidos en Cartagena de Indias, aprobaron el mandato de “revisar” la estrategia antidrogas en la región. Una decisión, aprobada incluso por Barack Obama, que se cristalizará el 25 de junio, cuando se efectúe, en la capital peruana de Lima, una conferencia internacional que debata este tema. ¿Por qué no se llevó esa discusión a Cochabamba?

  El evento de Perú, según se dice en los pasillos de la diplomacia boliviana, representa —de todos modos— una inmejorable oportunidad para que Bolivia pueda defender su modelo de lucha antidroga con respeto a los derechos humanos y consiga adhesiones para reincorporarse a la Convención Naciones Unidas de 1961 sobre Estupefacientes, con la “reserva” sobre la prohibición del acullico o masticado de coca que se prohíbe a partir de esa instancia internacional. El vicecanciller Juan Carlos Alurralde calificó la estrategia de audaz, inédita en el ámbito de la diplomacia internacional.

De flores y piedras, así son las opciones que aparecen ya pronto para una diplomacia signada por Oportunidades perdidas (Wálter Montenegro: 1987). Los resultados de las acciones audaces se verán después.

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