Animal Político

La alegría de una ciudad a la que le dicen maravillosa

Como La Paz no hay dos. Bajar del cielo por la autopista en la noche y ver esa mezcla de estrellas y de luces en las casas de la hoyada, de verdad no tiene precio. O mirar ese Illimani con su copete blanco y las casas colgantes de las laderas.

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega Pérez

00:05 / 12 de octubre de 2014

Amo a la ciudad de La Paz. Pero no por ser maravillosa, precisamente. La amo porque creo que es todo lo contrario. Es caótica y única, entre otros adjetivos. Y sí, eso de ciudad única es un lugar común; pero, en este caso sí pues.

Como La Paz no hay dos. Bajar del cielo por la autopista en la noche y ver esa mezcla de estrellas y de luces en las casas de la hoyada, de verdad no tiene precio. O mirar ese Illimani con su copete blanco y las casas colgantes de las laderas. Es un espectáculo..., ¿pero maravilla? No pues.

Somos creativos y capos para destrozar el idioma y eso se ve y se oye en los minibuses. “Ahicitos me bajo”, “Nadies”, “¿Quién quiere aprovechar?”. Y bueno somos una ciudad de aprovechados. Pero es parte de nuestra paceñidad, ¿no ve?

Somos de otro planeta, quizás porque respiramos a 3.600 metros, y tan aliens somos que hemos creado el quinto pasajero. ¡¡¡Yaaa!!! También poseemos los mejores oídos del sistema solar porque estamos acostumbrados a los bocinazos que los choferes usan para saludar, para decir que están enojados o felices. Y tenemos ojos biónicos para ver (y leer) los letreros pegados en cualquier espacio público disponible.

Los genios mundiales del tetris perderían con nuestros taxistas que son capaces de ocupar cualquier espacio en la calle. Estos choferes se suben a las aceras, van en conta ruta y hacen destrezas, especialmente en los días de marchas, que son muchísimos y por cualquier causa. Eso es caos, anarquía o living la vida loca, pero maravilla, no es.

Acá, no es por la altura precisamente, algunos aman los deportes extremos. Hay beisbolistas que andan con bates jugando con las cabezas de la gente en pleno Sopocachi, de mis sueños juveniles.

Y nuestra Policía paceña es un ejemplo de trabajo en los noticieros matutinos al vivo; pero por las noches la cosa cambia. Otra cosita es con guitarra, pues. Quiero a esta ciudad porque es la urbe donde nació Bolívar; y, bueno, ni modo, el Strongest también. O dicho en palabras clásicas: Es una ciudad para amarla y no para entenderla y porque cuando digo La Paz se me aclara el alma. Me siento vivo acá y únicamente aquí.

No votaré por la ciudad maravillosa. Pero creo que el mundo debe saber que los ch’ukutas vivimos en una tierra que no puede ser encasillada en una palabra mentirosa.

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