Animal Político

La ambigüedad y la legitimidad de lo plurinacional

El texto constitucional aprobado en 2009 fundó el Estado Plurinacional, un Estado al que le corresponde una nación que agrupa a varias naciones, que reconoce la existencia de pluralidad de naciones y, por lo tanto, de costumbres, valores, idiomas, etc.

La Razón (Edición Impresa) / Mariana Zeballos I.

00:03 / 26 de enero de 2014

Más o menos por estas épocas, hace ya casi cinco años, fue aprobada —con una importante mayoría y no sin conflictos previos— la nueva Constitución Política del Estado, que fundó el Estado Plurinacional, un nuevo modelo, una nueva condición de estatalidad con un horizonte prometedor y a la vez complejo y ambicioso.

Es un proyecto, como el mismo preámbulo del texto constitucional lo señala, basado en una realidad indiscutible del “pueblo boliviano, de composición plural” en el que la esencia de lo plurinacional es la diversidad de los pueblos indígenas y su libre determinación.

Pero, ¿cómo surgió esta idea de lo plurinacional? No cabe duda, podríamos enumerar varias vertientes, sin embargo, nos remitimos a aquellas más contundentes. Encontramos una serie de acontecimientos históricos y propuestas ideológicas en Bolivia, como el indianismo y el katarismo, que surgieron en respuesta a la intención homogeneizadora del mestizaje de la Revolución del 52, con reivindicaciones culturales e identitarias. Además, varias movilizaciones sociales de sectores indígenas y campesinos, tanto de tierras altas como de tierras bajas, que entre muchas otras cosas demandaron dignidad, autonomías y reconocimiento de sus territorios.

Dichos acontecimientos e ideas se fueron construyendo a lo largo de los años y en la Asamblea Constituyente se cristalizaron como una propuesta sólida de un nuevo modelo de Estado presentado por el Pacto de Unidad. El documento de este bloque nació de la concertación y del consenso de diferentes agrupaciones y movimientos sociales indígenas y campesinos, que luego de los sucesos de 2003 se unirían para presentar una propuesta para la Asamblea Constituyente. Por lo tanto, el Pacto de Unidad surgió de la necesidad de las organizaciones sociales campesinas e indígenas de obtener nuevas formas de participación política a través de cambios estructurales en el Estado. En dicho documento tomó cuerpo la plurinacionalidad del Estado.

Si bien hubo muchos aportes de estas organizaciones a la Constitución, los principales cambios propuestos en el documento se basaron en el carácter incluyente y plurinacional que tiene que tener el Estado, y fue alrededor de estas premisas que giraron las propuestas más innovadoras para la Constitución.

Finalmente, el texto constitucional aprobado en 2009 fundó el Estado Plurinacional, éste entendido como un Estado al que le corresponde una nación que agrupa a varias naciones, que reconoce la existencia de pluralidad de naciones y, por lo tanto, de costumbres, valores, idiomas, etc. Pero, sobre todo, donde se hace explícita la participación de dicha sociedad plural, dejando de lado la idea de un Estado-nación moderno, aquél que señala que a cada Estado debe corresponderle una sola nación homogénea.

Para lo que es muy importante, la institucionalización de la libre determinación de las naciones y pueblos indígena originario campesinos dentro del marco del Estado, mediante la autonomía, el autogobierno, el reconocimiento de sus instituciones y entidades territoriales; la oficialización de todos los idiomas indígena originarios —además del castellano— y la promoción del respeto y garantía de libertad de religión y creencias espirituales. Son elementos reconocidos a partir de dicha Constitución.

Asimismo, existen otras características importantes e innovadoras del Estado Plurinacional y que son señaladas en el texto constitucional, como las tres formas reconocidas de democracia: la directa y participativa, la representativa y la comunitaria. Lo intercultural que abre paso a un nuevo entendimiento y relacionamiento entre las diversas culturas, entendido como una condición de igualdad en la diferencia, en el que se practique la libertad cultural, y una real convivencia. Lo autonómico, que está sustentado por una comunidad humana viva, asentada en un territorio determinado que tiene la voluntad y reclama el derecho de autogobernarse dentro del Estado —yendo más allá de la descentralización, entendida ésta como transferencia de competencias— y que, a partir de esta Constitución, busca afianzar la responsabilidad y el derecho de promover y gestionar el desarrollo de sus territorios en el marco de la unidad del Estado. Finalmente, el reconocimiento del pluralismo en diversos ámbitos; se reconoce el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, pluralismos que van más allá de reconocer la existencia de las diferentes etnias, reconociendo lo vivo de éstas, sus costumbres, instituciones, sus formas de organización política, jurídica, económica, sus idiomas y sobre todo hacerlas partícipes activas y constantes del Estado.

Sin embargo, ahora, a meses de una nueva elección presidencial y cinco años después de la aprobación de la Constitución y de la fundación del Estado Plurinacional, el panorama es distinto. Varias de las organizaciones sociales que habían sido protagonistas tanto de movilizaciones que demandaban cambios en el Estado como del Pacto de Unidad se encuentran divididas, entre aquellas que apoyan y cuentan con el apoyo del Gobierno y aquellas que critican y se muestran contrarias a éste, afirmando que no es un gobierno indígena, que les ha dado la espalda—con un punto álgido en el conflicto del TIPNIS— y que está lejos del planteamiento inicial inclusivo y participativo de un Estado Plurinacional.

Paralelamente, y en estos años que han pasado desde la aprobación de la Constitución, son muchos los que se han alejado de las filas del Movimiento Al Socialismo (MAS) con el argumento de éste se ha desviado del proceso de cambio. Las críticas versan en diferentes y varios ámbitos. Hay quienes, por ejemplo, critican al partido de gobierno por haberse enfrentado y haber vulnerado los derechos indígenas, por haber optado por el camino del neodesarrollismo y del extractivismo cercano al neoliberalismo, es decir, un modelo exportador que plantea el potenciamiento interno, pero busca una industrialización selectiva, aprovechando las ventajas comparativas y la especialización para competir en los mercados globales, en desmedro del medio ambiente y la situación de los pueblos indígenas. Esto, sin duda, podría ir en contra de lo plurinacional y el respeto a la libre determinación de los pueblos indígenas.  

No obstante, a pesar de todos estos hechos, de las críticas nuevas y antiguas, la buena noticia es que lo plurinacional sigue legítimo, vigente, latente, y que en este año electoral en los discursos, tanto de la oposición como del oficialismo está presente. Quizá desde diferentes ópticas, ya sea como un Estado Plurinacional todavía en construcción, prometedor, pero con un largo camino por recorrer; o como una República Plurinacional, autonómica y productiva, planteada por el Movimiento Sin Miedo (MSM); o inclusive como un Estado autonómico e indígena, planteado por el Movimiento Demócrata Social (MDS).

Pero, ahora con miras a las elecciones de este año, las preguntas que continúan en el aire son: ¿Qué es lo que entienden por plurinacional? Y a partir de ello, ¿qué es lo que nos plantean? ¿Será realmente que alguna de estas propuestas, incluida la del oficialismo, enmarcan lo que inicialmente se concibió como un Estado Plurinacional y se acuñó en la Constitución? O es que el Estado Plurinacional continúa siendo un significante vacío, en construcción, capaz de aguantar múltiples significados y, por ende, tanto como puede abrirse y continuar el proceso de construcción también puede estancarse y cerrarse en cualquier momento.

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