Animal Político

El análisis (y debate) político como una necesidad

Se hace un contraste entre el análisis político mistificador y excluyente y el nuevo escenario político que demanda interdisciplinariedad al periodismo de debate, poniéndose en evidencia las falencias del formato de los programas televisivos de este género.

La Razón / Helena Argirakis Jordán

00:00 / 14 de abril de 2013

En estos tiempos de rupturas, deslizamientos y transformaciones se vuelve imprescindible para los seres humanos contar con la capacidad de realizar diversos niveles de “análisis político” para decodificar, descifrar y comprender el impacto o la incidencia de los acontecimientos que nos rodean, como así también vislumbrar algunas de las tendencias en el futuro cercano que se aproximan.

1. La política devuelta a la calle. A pesar de que no siempre ha sido así, esta capacidad de análisis político no está reservada ni es exclusiva de los académicos o de los analistas, “profesionales” ni tampoco para aquéllos que provienen de una formación universitaria. Al contrario, en virtud de los procesos sociales y culturales que hemos vivido en Bolivia durante las últimas décadas, la política ha sido devuelta a la escenografía de la calle, obligando al replanteamiento de las miradas, códigos, procesos de abordaje y encuadres mentales desde donde se observa y se procesa el fenómeno político. Por lo tanto, existe una (re)emergencia de conocimientos y saberes desde los espacios híbridos o heterogéneos desde donde se gestiona política y poder que escapa a la sensibilidad, racionalidad y capacidad de comprensión de un estilo histórico (a partir de la segunda posguerra mundial en adelante) muy particular de análisis político.

2. La transformación de los sentidos de la política. Dicho estilo de análisis declaraba su razón de ser y validez a partir de una retórica hiperfactualista, como también la obsesiva cuantificación del hecho político y social para la declaración de su existencia; además del militante desprecio de todo proceso interpretativo que pudiera dar cuenta de causalidades y motivaciones que no estuvieran contenidos en los parámetros epistemológicos y metodológicos de lo que monopólicamente (o hegemónicamente) se determinaba como “ciencia”. En otras palabras, a partir del inicio del siglo XXI, los sentidos de la política en Bolivia cambiaron, por lo cual las maneras de procesar el fenómeno político también tendrían que evolucionar.

3. La mutación de los formatos de análisis y debate político hacia los nuevos soportes tecnológicos. Las irrupciones como las rebeliones sociopolíticas y culturales de fines del siglo XX e inicios del siglo XXI determinaron la incapacidad y caducidad de dichos modelos de “análisis político” y los sucesivos formatos de periodismo político para abordar la realidad. Sin embargo, muchos de estos esquemas de análisis y sus diversos formatos de debate político en los medios de comunicación en el país han mutado en sus formas y en sus apariencias, oscilando hacia sofisticados soportes a partir de las nuevas tecnologías de comunicación. Esto es especialmente evidente en los formatos televisivos, que en lugar de propiciar el análisis o el debate político con mayor profundidad en las causalidades, diversidad de fuentes, pluralismo en las disciplinas, está más enfocado en el rubro del entretenimiento y tertulia política que en propiciar procesos de esclarecimiento, orientación o formación de criterios entre la opinión pública. En muchos casos, si bien ha habido una importante innovación tecnológica en el procesamiento de la información, no ha variado significativamente la perspectiva, el enfoque y/o la manera de concebir el fenómeno político. Es decir, en muchos casos, el denominado periodismo político es una suerte de confluencia entre este y el entretenimiento ligero, por lo que se sigue mirando y explicando el fenómeno político desde sus efectos, consecuencias y reproducciones, en lugar de sus causas, motivaciones o estructuras. Por lo tanto, sigue siendo una tarea pendiente la progresiva deconstrucción de esta modalidad de periodismo hacia otras modalidades que se centren menos en las agendas preconcebidas, las opiniones de los “todólogos” y el entretenimiento político. (No olvidemos que los medios masivos de comunicación fungen en la actualidad como operadores de intereses y posiciones políticas).

4. El humano es un ser político, pero no por “default”, sino por decisión. En el siglo V a.C., Aristóteles planteó una verdad que trasciende el tiempo y el espacio: el hombre es un animal político o un zoon politikon. Es decir, el ser humano, por poseer razón y discernimiento entre el bien y el mal, por su capacidad de ubicación contextual e histórica, por su condición dialógica y por su voluntad de cambio y transformación, es en esencia un ser político; pero dicha esencia debe ser ejercida por una decisión, por lo que no es un mecanismo por “default”. (En este sentido, el humano ejerce su politicidad como acto consciente o no). El ejercicio de la esencia política deberá ser acompañado de una decisión consciente, comprometida e informada respecto al contexto y momento histórico en que el sujeto se encuentra. (Muchos autores hacen referencia a que éste es el momento de descubrimiento del ser humano de su lugar en el mundo…). Durante décadas, cierto tipo de análisis y debate político —con su correspondiente estilo de periodismo político— conspiró contra el ejercicio de esta esencia de los seres humanos, ya que dicho tipo de análisis estaba vinculado a una agenda elitista, positivista, excluyente, esnobista y discriminativa, donde la política resultaba en un proceso de captura y pertenencia a unos cuantos.

5. El Animal Político como producto de la nueva etapa emergente del periodismo de debate político. En el pasado y aún en el presente, muchos de los formatos de las propuestas de debate en lugar de esclarecer y brindar información, insumos, sendas explicativas y miradas diversas sobre los fenómenos políticos interculturales e intercivilizatorios presentes en el país, estaban destinados a justificar y fundamentar un pensamiento único. Por las resistencias y rebeliones, luchas y procesos emancipativos de grandes sectores de la sociedad boliviana (y mundial), dichas perspectivas y encuadres de “análisis político” han sido rotas, posibilitando la jubilación de los “gurus” o “dinosaurios” de dicha etapa, propiciando el saludable recambio no sólo de miradas, perspectivas y procesos de abordajes de la política —y del análisis político— sino también para el acceso a otros repertorios de información necesarios para el procesamiento de la realidad. Un buen “análisis político” en la actualidad no puede prescindir no sólo de opiniones interdisciplinares, sino también de conocimientos y saberes de otros. A todo esto contribuye el suplemento de los domingos Animal Político de La Razón.

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