Animal Político

Si algo anda mal… voy a decirlo

insulto al presidente en las redes

La Razón / Mario Espinoza Osorio

00:02 / 20 de mayo de 2012

Tengo el privilegio de decir en esta columna del suplemento Animal Político de La Razón lo que pienso. El mismo privilegio que me da la radio Fides en mi franja de nombre Acoso textual y en el semanal de El Pentágono de Cadena A, en la televisión.

Pero hay algo más. Comparto    el mismo privilegio de decir lo que pienso con casi 2.300 millones de personas en internet en el mundo, de las cuales un poco más de un millón son de Bolivia. No es poco y, sino, vean los siguientes números de internet que son escalofriantes:

En datos transmitidos por internet, por ejemplo, estamos hablando de potencias terriblemente grandes, como la 10 a la 12, o, que es los mismo, un petabyte o un zetabytes... imposible de imaginar.

Algunos de estos datos se refieren a “Evo Morales”, así entre comillas, porque el nombre puede dispersarse en la búsqueda separada entre Evo y Morales. No son muchos estos datos. Aproximadamente 21 millones de entradas. ¿Alguien podrá controlar todo esto? Imposible.

El Presidente se ha quejado, con razón, de los insultos que recibe en internet, pero éste es un problema irresoluble, según expertos en el tema. Lo único que vale es la conciencia de cada uno que se encuentra en las redes sociales y que ha asumido aquello de que “si algo anda mal… voy a decirlo” del título de la nota.

En Bolivia, la tecnología camina muchísimo más rápido que la legislación y es poco probable que algún internauta vaya a ser castigado tal y como acontece muy a menudo en China, por ejemplo.

Mier, R., en su Introducción al Análisis de textos, dice que “el acto lingüístico, aún en su magnitud más individual, es un hecho donde se ponen en juego restricciones, reglas, ordenamientos. La ejecución lingüística deja de ser el escaparate donde el sujeto, aparentemente dueño de su lengua, exhibe su libertad incondicional”. Pero, claro, el texto es de 1980, cuando internet no nos había golpeado aún tanto en la vida y estaba restringido a élites tecnológicas y a la ciencia ficción.

Es entendible la posición del mandatario Morales porque pocas personalidades en Bolivia han sido tan vilipendiadas en las redes sociales. Lo malo es que por ahora, y mientras no exista el Gran Hermano, ése de la novela de George Orwel 1984, la censura en internet no sólo no es deseable sino es impracticable porque hoy puede interpretarse como una restricción a la libertad de expresión; no sólo de aquella élite que puede decir algo en los medios, sino a los millones y millones de internautas en el mundo.

Es posible que esa libertad se haya desbocado, pero es la misma que gozan aquéllos que se encargan de defender al presidente Morales con los mismos insultos que éste se queja. Según Anonymous, nuestros líderes piensan en los internautas como criminales. “Tal vez deberíamos pensar en ellos de la misma manera”, dice, y además asegura en sus comunicados que defiende las expresiones de todos en internet.

Por eso el debate que plantea la presidente de la Cámara de Senadores, Gabriela Montaño, es ocioso. La internet no puede autorregularse simplemente porque responde a fenómenos que nadie controla y que tiene que ver con más voces en el mundo, que era uno de los enunciados precisamente de Evo Morales y del Movimiento Al Socialismo (MAS) antes de llegar al poder, para que no sólo se escuchen las mismas voces y que el pueblo tenga la suya. Lo que, sin embargo, el Jefe del Estado debe entender es que hay gente que tiene otro pensamiento y que tiene también el derecho a decir lo que siente. Usar insultos, racismo y otras frases denigrantes es, lamentablemente, el precio que hay que pagar en un mundo que estuvo callado por mucho tiempo y que muchas veces lo ataca duramente, pero en muchas otras lo quiere y lo defiende.

Pero, ojo con las libertades de las que nos ufanamos, porque nada es gratis en internet. Como decía un viejo chiste, no es más gratis de lo que la granja es para el chancho que va a terminar siendo jamón. El chancho vive gratis por una causa, que no es precisamente que al granjero le guste alimentar chanchos.

A Mark Zuckerberg, al ver “su” red social cómo actúa, seguramente le importaría muy poco y es poco probable que le haya importado alguna vez. La internet es una red descentralizada y, por ende, no se puede “controlar” tan fácilmente, por lo menos por ahora, a menos que se ponga un monitoreo en cada uno de los nodos principales.

Hace poco escuché algo de una red de monitoreo estadounidense llamada Spider que utilizan para analizar el tráfico de internet, una onda Skynet, pero tiene algunos problemas: la destrucción masiva de la humanidad. Esta red de monitoreo creada originalmente por la empresa Cyberdyne Systems Corporation es una empresa subcontratada por el ejército de Estados Unidos para su división cibernética.

Por lo que se sabe, Skynet ha logrado tomar conciencia de sí misma en un determinado momento de su activación y seguramente en breve va a comenzar el exterminio de los seres humanos. Esta poderosa computadora considera a los humanos una seria amenaza para su propia supervivencia. (Perdón, ayer estuve viendo la película Terminator 2: el día del juicio final). No quiero nada así.

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