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El año crucial rumbo a las elecciones

El año político en 2012  -  SELLO

La Razón / Reymi Ferreira

00:00 / 01 de enero de 2011

El año 2012 tiene importancia estratégica en el aspecto político, tanto para el proyecto gubernamental como para las fuerzas que se oponen al mismo. A la finalización del año se ingresará en un proceso preelectoral cada vez más dinámico, a medida que se acerque el año 2014, cuando se realicen las elecciones para renovar los órganos Ejecutivo y Legislativo.

Los años 2006 y 2007 fueron importantes en la agenda gubernamental, porque en ese periodo se inició el proceso de desmantelamiento del régimen neoliberal, centrándose la lucha en el seno de la Asamblea Constituyente. El año 2008, fue trascendental porque en ese periodo se produjo el desequilibrio entre la oposición y el Gobierno, que tuvo ribetes violentos, especialmente en Santa Cruz, Beni, Pando, Chuquisaca y Tarija. El año 2009 marcó la consolidación del proyecto gubernamental con la aprobación, a través de una votación contundente de la nueva Constitución Política del Estado y la reelección con una ventaja abrumadora del presidente Evo Morales y la consolidación del dominio de la Asamblea Legislativa con más de dos tercios por parte del oficialismo. En el año 2010 se consolidó el proceso de estructuración del Estado Plurinacional, a través de la dictación de leyes orgánicas y la elección de las autoridades subnacionales. Este último año, 2011, se produjo la institucionalización del Órgano Judicial con las elecciones de octubre, cuando quedaron formalmente constituidos los órganos centrales del nuevo Estado.

El año 2012 tiene para el Gobierno un sentido diferente; es un año en el que más que revolución, se debe apuntar a la gestión. La centralidad de la política en la agenda gubernamental, a nuestro criterio, no se justifica, ya que la oposición ha sido prácticamente desmantelada. La denominada “media luna” ha desaparecido vía judicial, política o electoral. En la actualidad, la institucionalidad en dichos departamentos, con la excepción de Santa Cruz, es afín o funcional al Gobierno.

El Gobierno tiene la casi totalidad del poder político e influye de forma sustancial en la economía. El año 2012, un desafío serio es demostrar una gestión más eficiente, luchar por incorporar a la economía formal a grandes sectores de la población boliviana y superar los niveles de la economía que, aunque se ha mantenido estable e inclusive ha tenido niveles de crecimiento, aún no ha sido tan vigorosa como para superar la pobreza extrema de una parte todavía importante de la sociedad.

Lo que se haga a partir de la fecha tendrá incidencia cada vez más decisiva en el proceso electoral del año 2014; errores como el “gasolinazo” o el tratamiento del conflicto suscitado por el Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) podrían dejar efectos irreversibles en el futuro. Si bien el Gobierno ha sufrido el desgaste natural de media década de gestión, y ha tenido un descenso la popularidad del Presidente y su administración, se debe reconocer que el voto firme del Movimiento Al Socialismo (MAS) sigue siendo bastante alto, y para ello basta tomar como referencia a las elecciones municipales celebradas en Quillacollo y Sucre, centros urbanos en los que el MAS obtuvo cerca del 40% del total de votos, mientras que en Pazña superó ampliamente la mayoría absoluta, resultados que demuestran la consistencia política del régimen. Además de la gestión, algo que deberá definir el MAS es la reelección o no del Presidente, situación que deberá dilucidar el Tribunal Constitucional, que directa o indirectamente puede demostrar afinidad al Gobierno debido al craso error cometido por la oposición de jugarse por el voto nulo y blanco. Consideramos difícil que en el MAS pueda surgir una figura que aglutine al conjunto de movimientos y sectores que componen este instrumento y atraiga más votos que el presidente Evo Morales, por lo que se podría dar por sentado que el MAS jugará a la reelección.

De parte de la oposición, el desafío es aún mayor y consiste en lograr una propuesta alternativa al proyecto hegemónico que gobierna el país, y dentro de ese proyecto contar con figuras representativas que tengan alcance nacional. Este reto se hace difícil debido a la fragmentación de la oposición, que tiene una composición variopinta que va desde la izquierda disidente del MAS hasta grupos ultraconservadores de las regiones orientales. La falta de un programa nacional y de liderazgos claros son los obstáculos más álgidos que debe remontar la oposición.

El debilitamiento de la oposición política en los llanos ha permitido superar la polarización entre oriente y occidente, y ahora ese segmento ha entendido que si quiere implementar un proyecto con cierta perspectiva de triunfo debe ser estructurando un frente con fuerte sustento en las regiones occidentales, que a su vez tengan convocatoria en el oriente. Esta situación, sin embargo, no viene tan fácil. Por una parte, los líderes de los departamentos orientales tienen una convocatoria limitada a sus regiones, como, por ejemplo, Rubén Costas, y en el caso del líder del Movimiento Sin Miedo (MAS), Juan del Granado, debido a su actuación “paceñista” cuando fungía de alcalde, ganada a costa de oponerse al traslado de la sede de gobierno y a su cuestionamiento a las élites cruceñas, tiene resistencia en ciudades como Sucre o Santa Cruz, lo que sumado a las diferencias ideológicas que lo separa de la oposición derechista, hace prever que será muy difícil lograr un bloque de unidad de las fuerzas contrarias al Gobierno en las próximas elecciones.

El año 2012, a diferencia del pasado, el MAS tendrá que centrar su cuidado, más que en las fuerzas conservadoras del oriente, en los sectores y bloques sociales disidentes, que de un inicial apoyo han pasado abiertamente a la oposición, como la Central Obrera Boliviana (COB), la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente (CIDOB), el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq), entre otras. Sea como fuera, gran parte de lo que ocurra en 2014 dependerá de lo que hagan o dejen de hacer los actores políticos en el año que se inicia. No es despreciable la influencia de factores externos, especialmente en materia económica, pero todos los indicadores hacen prever que el contexto económico internacional seguirá siendo favorable para el país.

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