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En 50 años, el G77 ‘marcó el paso’ cuatro veces a la ONU

Las declaraciones de la ONU sobre el Nuevo Orden Económico Internacional (1974) y sobre el derecho al desa- rrollo (1983); además del posicionamiento de tres principios sobre cambio climático; y un tratamiento especial en el comercio para los países en desa- rrollo, son algunos de los logros del G77.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:06 / 01 de junio de 2014

Al agrupar a 135 países, el G77+China es el bloque de negociación más numeroso de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). A semanas de su 50 aniversario, que será conmemorado en la cumbre de Santa Cruz el 14 y 15 de junio, es útil ver cuál ha sido la incidencia efectiva del grupo en la política internacional en el contexto de su actuación en la ONU. A continuación, se identifican cuatro hitos en que el G77, en sus cinco décadas de existencia, marcó la agenda de Naciones Unidas en temas relacionados directamente con la cohesión del bloque: el desarrollo mediante la cooperación sur-sur.

Las declaraciones de la ONU sobre el Nuevo Orden Económico Internacional en los años 70, y sobre el Derecho al Desarrollo de 1983; el posicionamiento de los tres principios fundamentales sobre cambio climático (responsabilidad común y diferenciada, responsabilidad histórica y equidad); y el tratamiento especial en el comercio para los países en desarrollo por parte de los países desarrollados son algunos de los mayores logros de la actuación política del G77, según el recuento efectuado por el jefe de la delegación boliviana en las conferencias sobre cambio climático y desarrollo sostenible, René Orellana.

Esas declaraciones y posicionamientos de principios se han dado “por la acción política consistente del G77+China, porque compartimos la misma agenda: la de la pobreza, del desempleo, del hambre, de la desnutrición, de las enfermedades asociadas a la pobreza. Ésa es la razón de la urgencia de demandar apoyo para el desarrollo sostenible”, dice Orellana.

No obstante, Lydia Swart y Jakob Lund, en su libro The Group of the 77 Perspectives on its role in the UN General Assembly (2010), expresan cierto escepticismo: “Que los esfuerzos del G77 para abordar los desequilibrios económicos y financieros hayan sido conducentes a lograr sus metas, no es algo que queda del todo claro” (p.149). Como observadores “neutrales y solidarios”, ambos afirman que no pueden dejar de preguntarse si una mejor mezcla de “idealismo y pragmatismo” podría lograr incluir “implementaciones más efectivas” en la Asamblea General de la ONU.

A este escepticismo se puede sumar el obstáculo de la falta de voluntad de los países desarrollados. En todo caso, no dejan de ser significativos los logros del G77.

ECONOMÍA. El Nuevo Orden Económico Internacional. Éste es, cronológicamente, el primer logro que la presión del G77 hace que se plasme en la “Declaración sobre el establecimiento de un nuevo orden económico internacional, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el sexto periodo extraordinario de sesiones” (Mayo de 1974). A meses de que el G77 cumpla 10 años.

En sus partes más destacables el documento señala: “Proclamamos solemnemente nuestra determinación común de trabajar con urgencia por el establecimiento de un nuevo orden económico internacional basado en la equidad, la igualdad soberana, la interdependencia, el interés común y la cooperación de todos los Estados, cualesquiera sean sus sistemas económicos y sociales, que permita corregir las desigualdades y reparar las injusticias actuales (...)”.

Hay que resaltar en lo citado la parte que habla de respetar el “sistema económico” que cada Estado elija para su desarrollo, lo cual será una de las constantes del G77. Es también notable que la declaración habla de “eliminar las disparidades crecientes entre los países desarrollados y los países en desarrollo” y que el mayor logro de las últimas décadas ha sido la liberación de “gran número” de naciones de la “dominación colonial y extranjera”. Esto último es de importancia, pues la ONU comienza a hablar de colonialismo.

“Este concepto (nuevo orden económico internacional), que es casi un principio, aparece en las siguientes rondas de debate sobre desarrollo y economía de la ONU, en Río 92 y Río+20. La declaración es parte de los documentos de la ONU relacionados con los objetivos del desarrollo”, describe Orellana.

DESARROLLO. Otro hito importante es la declaración de la ONU sobre el Derecho al Desarrollo (1986). Este documento es un hito por ser “rico en términos políticos”. Establece que “el derecho al desarrollo de los países pobres y en vías de desarrollo, junto a los derechos humanos, debe ser central”.

El texto, en sus consideraciones, tiene una alusión a la “descolonización”, que se emite aproximadamente 15 años antes de que esa noción comience a oírse en Bolivia. Así, se hace la declaración “Recordando los acuerdos, convenciones (...) relativos al desarrollo integral del ser humano y al progreso y desarrollo económicos y sociales de todos los pueblos, incluidos los instrumentos relativos a la descolonización (...)”.

Por otro lado, se reconoce “el derecho de los pueblos (...) a determinar libremente su condición política”, lo cual es otro de los cimientos que cohesionan al G77.

Aparecen las nociones referentes al “colonialismo, poscolonialismo y las otras formas de colonialismo” como un “riesgo a la soberanía y desarrollo” de los Estados, nota el jefe de las misiones negociadoras de Bolivia. “Es uno de los más importantes (logros) porque se obtiene un documento muy político que ha marcado todo el debate posterior”.

De hecho, el texto apunta: “Considerando que la eliminación de las violaciones masivas y patentes de los derechos humanos de los pueblos e individuos afectados por situaciones tales como las resultantes del colonialismo, el neocolonialismo, (...) la dominación y la ocupación extranjeras, la agresión y las amenazas contra la soberanía nacional, la unidad nacional y la integridad territorial (...) contribuiría a establecer circunstancias propicias para el desarrollo de gran parte de la humanidad”.

Orellana sigue: la declaración dice que los Estados “deben elegir su propio camino al desarrollo”. Además, hay un énfasis en la gestión de los recursos naturales. Tal vez esto sea la parte de mayor importancia pues se afirma que los países en desarrollo tienen derecho a la soberanía sobre sus todos sus recursos naturales: “Recordando también el derecho de los pueblos a ejercer (...) su soberanía plena y completa sobre todos sus recursos y riquezas naturales”.

“Esto, que es un discurso y propuesta política central del proceso de cambio y que ha sido reiterado por el presidente Evo Morales, aparece en la declaración del Derecho al Desarrollo. Diría que éste es uno de los grandes hitos del G77, pues luego aparece como principio en Río 92 y se ratifica en Río+20 (2012, ambas ocasiones en conferencias internacionales sobre desarrollo), afirma.

EQUIDAD. Los tres principios de responsabilidad común y diferenciada, de responsabilidad histórica y de equidad fueron posicionados por el G77 en diferentes convenciones sobre cambio climático y son para Orellana otro de los logros destacables del grupo.

El principio de responsabilidad común y diferenciada refiere que todos los países son responsables de una crisis climática (por la emisión de gases contaminantes) pero también financiera, aunque de manera diferenciada.

Concretamente, los países en desarrollo logran que se señale a los países desarrollados como los que “tienen más responsabilidad” a causa de su “larga historia de colonialismo en que construyeron su proyecto de desarrollo y por ello tienen ahora la obligación de ayudar a los países en desarrollo a superar su condición de pobreza”, explica.

Este principio hace que la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) —según la cual los países desarrollados tienen la obligación de dar una “ayuda” con connotaciones de “resarcimiento” del 0,7% de su Producto Interno Bruto a los países en desarrollo— no sea considerada un favor sino una obligación. “La AOD, en general no se cumple”, lamenta Orellana, quien además describe que la manera en que la AOD es entendida en los documentos oficiales de la ONU, a instancias del G77, “no es una acción altruista de donantes que solidariamente y emotivamente se comprometen con dar una mano a los países en desarrollo sino como una obligación”.

El principio de la responsabilidad histórica se vincula al anterior y atraviesa tanto a lo ambiental como al atraso de países a causa del colonialismo y neocolonialismo.

Por último, el principio de equidad se relaciona con el desarrollo, según explica el jefe de la delegación boliviana: en la Conferencia XVI de Cambio Climático aparece como continuación “el acceso equitativo al desarrollo sostenible, que quiere decir que los países desarrollados con más capacidades financieras y tecnológicas deben dar la oportunidad a los países en desarrollo” para su crecimiento económico y “no exigirles más allá de sus capacidades”.

Esto ha desembocado luego en el debate sobre la equidad en cuanto a emisiones de gases contaminantes: “¿cómo nos distribuimos equitativamente y con un límite el espacio atmosférico?”.

Los tres principios mencionados luego serán fundamentales para la redacción del histórico Protocolo de Kioto (1995), vigente desde 2005. Un texto que no fue firmado por Estados Unidos (el mayor emisor de gases carbónicos) y Australia.

COMERCIO. Otro tema de relevancia que ha posicionado el Grupo 77 es el vinculado a un tratamiento especial al comercio para productos de países en desarrollo dentro de países desarrollados. En este sentido, el excanciller Armando Loaiza en días pasados dijo a este suplemento que el Sistema Generalizado de Preferencias (SGP), “una iniciativa del grupo”, fue negociado con los países desarrollados. “Éstos abrieron sus mercados a las manufacturas de los países en desarrollo, de lo cual Bolivia se benefició por 20 años”.

A partir de esto, el G77 intenta la eliminación de las “distorsiones unilaterales al comercio introducidas por ejemplo por subsidios agrícolas”, explica Orellana.

“Si algo caracteriza al grupo es su unidad en torno a la crítica de que los países desarrollados subvencionan a su agricultura con 300 billones de dólares anuales”. Entonces, los 135 países demandan que esos subsidios sean eliminados por ser “distorsiones al comercio” y hacen que los países en desarrollo compitan “en condiciones desventajosas”.

Estos subsidios son devastadores, según la siguiente consideración que hace el jefe de misión: gran parte de los países en desarrollo tienen una economía agrícola o agropecuaria predominante; además, hay 1.500 millones de personas que viven de la agricultura en los países en desarrollo, en un mundo de 7.000 millones de habitantes, se habla de un porcentaje significativo...

Estos hitos y otros más chocan, sin embargo, con la falta de voluntad política de parte de los países desarrollados. Un ejemplo de esto último es el que da Orellana. El debate actual en el mundo es sobre la afirmación de los países desarrollados con la que quieren “hacer trizas estos principios”. Las potencias económicas aseguran que estos principios son “ahistóricos”, que son “de los 70”, por lo que ya no se aplican a esta época, “que el mundo ha cambiado y en que todos somos iguales”.

“Nosotros decimos: no. El mundo ha cambiado pero no todos somos iguales, hay 1.300 millones de pobres, 1.000 millones de subnutridos y malnutridos en nuestros países, 1.300 millones de personas sin acceso a electricidad, 800 millones sin acceso al agua, 2.600 millones sin acceso a servicios mejorados de saneamiento”, detalla y luego cuestiona que el sistema financiero siga controlado por las potencias desarrolladas.

Entonces, ¿cuál es el futuro del G77? Según la réplica de Orellana, el bloque sigue siendo tan necesario como antes. El jefe de las delegaciones bolivianas a las cumbres climáticas y sobre desarrollo dice que ahora el “gran debate” en el grupo es “cómo proyectar en este momento histórico los principios señalados”; es decir el derecho al desarrollo, equidad, responsabilidad histórica y responsabilidad común, aunque diferenciada.

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