Animal Político

41 años del Manifiesto de Tiwanaku de 1973

Hace 41 años, el Manifiesto sostenía que las Fuerzas Armadas “son fundamentalmente campesinas por su composición” y se exigía que también debieran serlo en su cultura y concepciones. ¿Cuánto han cambiado las Fuerzas Armadas a la luz del Manifiesto?

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona Alejo

00:02 / 13 de julio de 2014

El 30 de julio de 1973 ante una masiva concentración de aymaras y quechuas congregada en el centro arqueológico de Tiwanaku se leyó el Primer Manifiesto de Tiwanaku, documento firmado por integrantes del Centro de Coordinación y Promoción Campesina Mink’a, el Centro Campesino Túpac Katari, la Asociación de Estudiantes Campesinos de Bolivia y la Asociación Nacional de Profesores Campesinos, todos jóvenes crecidos con la Revolución de 1952, que iniciaron una lectura crítica de los logros parciales de la revolución. Este manifiesto es más que una plataforma política, es el inicio del despertar de la conciencia anticolonial de los pueblos aymara y quechua contemporáneos, organizados en el movimiento social katarista-indianista.

Es importante mencionar que tres años antes del Primer Manifiesto, uno de los principales ideólogos del indianismo, Fausto Reinaga, había publicado el Manifiesto del Partido Indio de Bolivia en 1970 y la Tesis india en 1971. Es innegable la profunda influencia de las tesis de Reinaga en el documento de Tiwanaku de 1973. ¿Por qué se difundió más el Manifiesto de Tiwanaku que las tesis de Reinaga, aunque las nociones de éste se presentaron a varios congresos campesinos entre 1970 y 1971? El Primer Manifiesto de Tiwanaku ha tenido gran difusión nacional e internacional, aunque algunos investigadores políticos segregacionistas aún dudan de que los “campesinos” de la revolución del 52 hayan escrito el documento y atribuyen su elaboración a algunos curas de la iglesia progresista, acompañados de algunos jóvenes intelectuales del movimiento katarista indianista.

Lo más importante del primer Manifiesto de Tiwanaku, producido en plena dictadura de Hugo Banzer, es la interpelación histórica de los pueblos aymaras y quechuas a la continuidad colonial del Estado y la sociedad boliviana. La introducción empieza con una frase del inca Yupanqui a las cortes españolas: “Un pueblo que oprime a otro pueblo, no puede ser libre”.

CONCIENCIA. El despertar de la nueva conciencia “campesina” se manifiesta abiertamente con frases como “somos extranjeros en nuestro propio país” o estamos considerados como “ciudadanos de segunda clase”, a pesar de que con la revolución se había logrado el derecho al voto y reconocidos como ciudadanos. El Manifiesto resalta que la opresión colonial de los indios no es solo económica y política, sino fundamentalmente cultural e ideológica. Hay un cuestionamiento esencial al quehacer político ideológico del país, cuando se afirma que lo único que han hecho los políticos q’aras y mistis (criollos y mestizos), sean de tendencias derechistas e izquierdistas, es imitar los modelos políticos europeos y yanquis, denominados como “falso desarrollismo”, el cual en realidad es un burdo remedo servil del modelo de sociedad europeo y estadounidense. Se apuesta por la revalorización histórica de los pueblos indios, se hace una relectura de la historia de los colonizados, que permite visibilizar a líderes anticoloniales como Julián Apaza o Túpac Katari y Bartolina Sisa (1781) o a los cabecillas de la época republicana de fines del siglo XIX como Pablo Zárate Willka. El movimiento indianista y katarista plantea una reinterpretación de la historia boliviana del presente.

En el plano político se apuesta por la revalorización del sistema del ayllu y la comunidad (con sus respectivas autoridades ancestrales como mallkus, jilaqatas, jilankus y otros), pues se considera que ese sistema societal es más democrático y colectivo que el régimen liberal capitalista que apuesta absolutamente por el individualismo. Esta generación está convencida de que la liberación de los pueblos oprimidos (aymara, quechua y otros) no podrá cristalizarse sino es liberándose de los partidos tradicionales (de izquierda y de derecha) y creando un instrumento político propio y conformando su propio partido político, pues su diagnóstico de la época es que “la revolución en el campo no está hecha; hay que hacerla”, que supone hacer su propia liberación.

En tiempos de gran difusión masiva del sindicalismo campesino se planteó un sindicalismo comunal, un sindicalismo autónomo, para que se convierta en pilar vital. Algunos años más tarde ésta será la base de la formación de la CSUTCB (Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia) fundada en junio de 1979, bajo la consigna de la autonomía organizativa frente al pacto militar campesino o resabios del mismo, manejados mediante alianzas políticas prebendales con los partidos de turno.

UNIDAD. El movimiento katarista e indianista tuvo la capacidad de leer el momento, bajo la consigna de unidad con los sectores obreros, como los mineros, los fabriles, la clase media empobrecida, a quienes consideran en el documento como sus propios hermanos y que también son víctimas bajo otras formas de explotación y dominación colonial, pero que todos juntos tienen que construir una nueva “grandeza de patria”. El primer Manifiesto no idealiza el accionar del indio, más bien tiene una lectura crítica sobre la actuación de algunos dirigentes. Al evaluar el impacto de la educación en el mundo rural, se denuncia el gran fracaso, catalogándola de “catástrofe nacional”, pues pese a que la Revolución del 52 había masificado la escuela, esa política no partió de los valores propios y su resultado fue la desindianización y el “lavado de cerebro” paulatino de los aymaras y quechuas, que cada vez sentían vergüenza de su identidad cultural. También se denuncia cómo la politiquería corrupta, instaurada por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), corrompió a los dirigentes del sindicalismo campesino y cómo estos traidores comenzaban a abrazar políticas progobierno y se convertían en verdugos de sus propios hermanos.

Hace 41 años, el Manifiesto sostenía que las Fuerzas Armadas “son fundamentalmente campesinas por su composición” y se exigía que también debieran serlo en su cultura y concepciones.

¿Cuánto han cambiado las Fuerzas Armadas a la luz del Manifiesto? En el fondo el Primer Manifiesto de Tiwanaku de 1973 fue el inicio de las primeras ideas y acciones para descolonizar el Estado y la sociedad boliviana contemporánea. Una relectura nos lleva a varias preguntas como, ¿cuánto hemos avanzado en el proceso de descolonización? Gracias a esa generación katarista e indianista vivimos el escenario de cambio. El documento continúa invitándonos a seguir soñando por una sociedad y Estado interculturales y descolonizados.

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